martes, 3 de enero de 2012

ORIGEN Y ACCIONAR DE LA TRIPLE A


Llevamos 28 años de democracia ininterrumpida y todavía hay muchas cosas por develar. ¿Dónde termina el accionar paralelo de la Triple A y cuándo comienzan a operar integradas abiertamente a las Fuerzas Armadas? ¿Cómo nacieron los escuadrones de la muerte y quién los dirigía? Muchas preguntas para escasas respuestas. Con el auspicio de la organización de derechos humanos Memoria Fértil, se dio inició a una investigación sobre la Triple A. Algunos adelantos fueron difundidos en el CD Albores del golpe, realizado por Camilo Cagni y quien escribe, trabajo editado por Miradas al Sur.
Por Gonzalo Leónidas Chaves. Investigador. A su padre y su hermano los asesinó la Triple A.
Estas son algunas de las hipótesis que se manejan
:1.Todo indica que la Triple A no era una organización estructurada nacionalmente con un jefe en la cúspide. Había, sí, una doctrina represiva nacional única, que orientaba y definía el accionar de los escuadrones de la muerte, conducida por los comandantes en jefe de las tres armas. El mando operativo se ejecutaba a través de la inteligencia de las Fuerzas Armadas, que aportaba logística, coordinación territorial con las policías, tanto provinciales como la Federal, y todos los datos necesarios para la ejecución de la víctima. En la provincia de Buenos Aires y Capital Federal se llamaba Triple A y estaban integrados centralmente por personal retirado y/o exonerado de las policías Federal y Bonaerense, de las FF.AA. y civiles reclutados en agrupaciones de ultra derecha. En Córdoba se llamaba Comando Libertadores de América y la particularidad de su conformación fue que estaban integrados centralmente por miembros de las Fuerzas Armadas en actividad, a los que se sumaban militares retirados, policías y civiles. Las denuncias presentadas ante la Justicia señalan al capitán del Ejército, retirado, Héctor Pedro Vergez, alias Vergas, como jefe operativo del Comando Libertadores de América. No existen constancias de que los grupos de la represión ilegal de Córdoba reportaran a López Rega. En Tucumán, la Triple A se dio a conocer como Comando Restaurador del Norte, a partir del Operativo Independencia. Inició sus acciones en la madrugada del 9 de febrero de 1975, y luego pasó a formar parte orgánica del dispositivo militar bajo el mando del general Acdel Vilas.
2. No está probado que López Rega fuera el jefe máximo de la Triple A, ni tampoco que fuera su fundador. El entonces ministro de Bienestar Social de la Nación era un asesino serial, responsable directo de muchos crímenes perpetrados por los escuadrones de la muerte. Tenía poder de decisión y actuó con amplias responsabilidades en la cara más visible de la Triple A. Fue una pieza clave, desde el punto de vista político e institucional, de un dispositivo represivo con mando, inteligencia y doctrina militar. El gobernador de la provincia de Salta, Miguel Ragone, fue detenido y desaparecido el 11 de marzo de 1976, pocos días antes de que se consume el golpe de Estado del 24 de marzo. No fue la única víctima en ese mes de otoño. ¿Quienes fueron los que detuvieron y desaparecieron a Ragone? López Rega, señalado por la prensa como jefe máximo de la Triple A, ya no estaba en el país. El 28 de julio de 1975 partía hacia España como embajador plenipotenciario. Lo acompañaban el comisario inspector Juan Ramón Morales, el subcomisario Rodolfo Eduardo Almirón y Miguel Angel Rovira, todos miembros de la Federal. Hacía ocho meses que la supuesta plana mayor de la Triple A se encontraba en el exterior, pero los asesinatos, con su metodología, seguían cobrando víctimas en el país. La causa judicial por la desaparición de Ragone se reabrió en 2004. De la investigación se desprende que habría existido una orden superior para realizar el operativo, avalada por el general Luciano Benjamín Menéndez, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, y Antonio Domingo Bussi, el jefe del Operativo Independencia en la provincia de Tucumán.
3. La doctrina represiva de la Triple A formaba parte del manual de lucha antisubversiva que elaboraron los militares argentinos junto con los oficiales del Ejército francés, expertos en los métodos de Contrainsurgencia, que estuvieron asesorando por más de veinte años a las fuerzas armadas y de seguridad. Los primeros oficiales galos llegaron al país en 1957 durante el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu. Se trataba de los tenientes coroneles Patrice de Naurois y Pierre Badie, hombres con amplia experiencia en la represión de los movimientos de liberación de Vietnam y Argelia. Los militares fueron reclutados directamente por el Estado Mayor argentino con el sostén de la embajada francesa en Buenos Aires. Realizaron en el país un trabajo de preparación ideológica difundiendo la doctrina de “guerra contrarrevolucionaria” en la formación de las Fuerzas Armadas. Contaron con la estrecha colaboración de oficiales argentinos formados, como López Aufranc, en la Escuela Superior de Guerra de París. En 1959, durante el gobierno de Arturo Frondizi, los ejércitos de Francia y Argentina firman un acuerdo que preveía la creación de una misión militar francesa permanente, cuyos asesores se instalan en Buenos Aires, en la sede del Estado Mayor. Todos eran veteranos de la guerra colonial en Argelia.
4. Los cursos realizados en las Fuerzas Armadas aportaron una sistematización y un cuerpo de doctrina al accionar represivo, ya que la represión y la tortura se practicaron en el país desde muchos años antes. “Los franceses proveyeron la matriz”, dice el general Martín Balza, y esta se “enriqueció”, si se puede decir, “a raíz del contacto con la Doctrina de Seguridad Nacional, de la que el general Juan Carlos Onganía fue uno de los promotores, porque se correspondía perfectamente al modelo político y militar que había desarrollado previamente.” En agosto de 1964, Onganía, comandante del Ejército, viajó a los Estados Unidos de Norteamérica para tomar parte en la V Conferencia de Estados Americanos, que se realizó en la Academia Militar de West Point. Durante la conferencia, el día seis, el general Onganía pronunció un discurso donde expuso sobre el rol político de las Fuerzas Armadas. Esta exposición, donde se incorpora la variante argentina de la Seguridad Nacional, se la conoce como la “Doctrina Onganía”. Algunos meses antes, el gobierno de facto había firmado un tratado militar con el país del norte, por 18 mil dólares.
5. La inteligencia militar que organizó la Triple A trabajó por líneas interiores al peronismo. No era la primera vez, ya lo había practicado durante la represión del Plan Conintes, a fines de los cincuenta. Se montó sobre la lucha interna, incorporando en su accionar a matones a sueldo, guardaespaldas de sindicatos, grupos de ultraderecha, como el grupo de la CNU en La Plata, y otros.
6. Da que pensar que en la lista de muertos por la Triple A no haya jefes guerrilleros. Esa no era su misión. Para esa tarea estaban otros grupos de tareas que ya actuaban antes del golpe. Tampoco buscaban información, directamente ejecutaban. Apuntaron sobre los dirigentes políticos y sociales representativos. Golpearon en el gozne, en la articulación entre las conducciones y la fuerza organizada. Rompieron los puentes entre la vieja generación de luchadores y los jóvenes. Metieron miedo, crearon el terror y prepararon las condiciones para el golpe. La Triple A accionó sobre un amplio espectro político y social, que abarcó el peronismo, la izquierda y otras fuerzas democráticas. En un reportaje realizado por la periodista Marie-Monique Robin, dijo el coronel del Ejército francés, Charles Lacheroy: “Llegué a Indochina y enseguida leí de punta a punta el Libro Rojo de Mao Tse Tung. Fue el primero que me hizo comprender que lo que llamaban retaguardia es más importante que la tropa y que antes de la tropa hay que ocuparse de la retaguardia”. Tomando aquello de que “el guerrillero se mueve como pez en el agua”, los manuales de contrainsurgencia dicen: la misión de la represión esta dirigida a “sacarle el agua al pez”.
7. Tanto la Triple A como el Comando Libertadores de América y el Comando Restaurador del Norte estaban constituidos en su gran mayoría por empleados de organismos del Estado Nacional y provincial. Los gastos de funcionamiento y sueldos mensuales salían de las arcas del Estado. Se movieron ocultando su dependencia oficial hasta el 24 de marzo de 1976. A partir de ese momento se integraron oficialmente al accionar de las Fuerzas Armadas.

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