jueves, 12 de enero de 2012

"SOMOS DINOSAURIOS GERONTOROCKS"


Gillespi y Willy Crook por primera vez se juntan para tocar. Recuerdos de los ochenta y humor ácido. Y el encuentro desaforado con James Brown.
Por Tomás Eliaschev
Se conocieron en una de las épocas con más carga mitológica en la historia del rock argentino: los ’80, aquella década donde surgieron algunas de las bandas fundantes del género, que terminó rebasando todas las fronteras. Sus tiempos no son los del mercado. Pero todo llega y luego de años de dilatar una presentación conjunta, Marcelo Rodríguez –mejor conocido como “Gillespi”– y Guillermo Eduardo “Willy” Crook decidieron aunar esfuerzos y sus respectivas bandas, para tocar este viernes 8 de abril en el histórico Teatro de la Cova de Martínez. A Gillespi, trompetista, los desembarcos bizarros en los medios le granjearon un lugar, sobre todo con el éxito de su programa Falso impostor, en la Rock and Pop. Crook, que toca el saxo, la guitarra y canta, se coloca en clave humorística no bien llega su amigo una hora tarde, a la entrevista desde su natal Monte Grande.–¿Cuándo se conocieron?Gillespi: –Me acuerdo de Willy de Cemento, de ese tipo de lugares, de los camarines de Sumo, él venía con su saxofón a tocar.Crook: –Yo supongo que también, pero de esa época no me acuerdo nada, por contrato.–¿Habían encarado algún proyecto artístico conjunto?G.: –Hicimos radio juntos en varios lados. Willy empezó como cronista del Borda, no podía cubrir otro lugar. Éramos jóvenes, hicimos cosas en el verano, en la costa, apariciones en el programa de Roberto Pettinato, que recién empezaba a laburar en la televisión. Nos llevaba como una especie de escenografía viviente, colaborábamos con él.C.: –Hacía de pájaro, con un traje de goma espuma, la temperatura era de 40 grados a la sombra. Cuando me sacaban la cabeza del traje, estaba rodeado de chicas hermosas y de bon vivants. Yo era “eso” todo chivado. Les decía “estoy pagando mis estudios”. G.: –Era un personaje que se le ocurrió a un productor, que era un loro gigante. Yo lo hice en enero y Willy en febrero. Fue una de las grandes cosas artísticas que compartimos. Meternos dentro de un pajarraco verde y hablar boludeces.–¿Y a nivel musical?G.: –Participé en los discos de él y él en los míos. Tenemos una especie de colaboración mutua. Pero nunca habíamos hecho un show juntos. Podría haber pasado en los ’90 y no se dio. No tenemos los tiempos del mercado, precisamente. Tardamos un montón en ponernos de acuerdo.–¿Se consideran sobrevivientes de una era?G.: –Esa pregunta es un bombazo de Al Qaeda al cimiento emotivo.C.: –Sí, eso es porque me han intentado asesinar por cosas que dije en reportajes (risas). No somos sobrevivientes, fuimos felices protagonistas de una época en la que había bolichones abyectos en los que una cabra se negaría a echarse, que tenían una programación de gran crocancia: Sumo, Virus, Soda Stereo, los Redondos... Había un par de grupitos que tenían algo que decir. Pero ya pasó. Y ahora somos simples dinosaurios gerontorocks.G.: –Ahora nos dedicamos al jazz.–¿Hacen jazz con público de rock?G.: –No hay una frontera definida. La hay para los que no saben nada. No hay una gran diferencia entre José Larralde y Pappo. Todos hablamos de lo mismo.C.: –Sí, pero unos ganan más y otros menos regalías con el negocio...G.: –El rock, el blues y el jazz forman todos un mazacote.C.: –Toda cosa de negros. De cierta época en la que estaba prohibido ser negro.G.: –Respecto de lo del público, es cierto lo que decís, quizá nos viene a ver más gente del rock que del jazz. Es que la gente del jazz no sale. Los tipos muy fanáticos del jazz están en terapia intensiva. No tengo un puto disco de Louis Armstrong, pero tengo todos los de Los Beatles o los del rock argentino. La trompeta te lleva a hacer una música más parecida al jazz por una sonoridad, pero la data que tengo yo es mucho más rockera que de jazz. Sacás la trompeta y ya dicen “jazz”. El de al lado saca un charango y ya le dicen que toca música andina. Pero por ahí toca heavy metal.–¿Gillespi, cómo es ser a la vez conductor radial y músico?G.: –Es lo mismo. Yo trabajo de mí mismo. No estudié nada. Ni trompeta, ni conducción, ni periodismo, ni nada. ¿No se nota? A mí me pagan por ir a los lugares. Después, me gusta tocar. Me invitan a conducir eventos. Si me invitan a la lotería de Catamarca, voy. La impronta que tengo yo, va para cualquier lado. Si lo hago bien o mal, es la pregunta –Crook, cuéntenos su encuentro con James Brown.C.: –Fue una cosa odontológica... Había una cosa blanca que brillaba a mi alrededor en las bambalinas del Gran Rex. Era la sonrisa de James Brown. Al tercer día que tocamos de soporte de él, escuché que alguien me gritaba desaforado, como si estuviera en la primera fila de los Redondos en la Esquina del Sol. No le entendía nada, igual que con el público de los Redondos. Después me llamó al camarín. Teníamos el mismo color de traje. A lo mejor eso fue lo único que le pareció digno de mí. Le pregunté por ese pequeño inconveniente que tuvo cuando fue preso por perseguir a su mujer en calzoncillos, en la nieve, con una bolsa de equis producto en una mano y una pistola en la otra. Me dijo “bah, preocúpate de que tu nombre esté bien escrito, nada más”. Una máxima del espectáculo. Fue enriquecedora la anécdota, pero te aseguro que al otro día comprobé que no tocaba mejor. Me pidió como telonero para la otra vuelta que vino. Sobre todo porque le entreteníamos mucho a los músicos: nos comían las cosas, nos miraban a las chicas y se interiorizaban en los productos autóctonos, en infusiones, les llamaba la atención la botánica. La verdad, una cojonuda experiencia.

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