jueves, 14 de marzo de 2013

"EL MESTIZAJE CULTURAL ARGENTINO ES FABULOSO"

Entrevista a Lelio Mármora. Especialista en migraciones. Consultor internacional en la materia, explica por qué la política de integración de los extranjeros favorece la economía del país.
 
       
Lelio Mármora sabe de lo que habla: la piel de su memoria está compuesta con los gajos de sus propios exilios. En 1968, cuando sobrevino la lluvia de adoquines durante el Mayo parisino, estudiaba sociología en Nanterre, en el noroeste de la región Île-de-France. Decidió, entonces, bajar al centro para polemizar sobre algunas cuestiones de táctica con Daniel Cohn Bendit, el líder de la revuelta que opuso una Imaginación redentora a la flecha de la Razón moderna. Ese año, perseguido por las autoridades para ser deportado, Mármora cruzó los Pirineos y se encontró con Perón en Puerta de Hierro para, “según una perspectiva peronista, presentarle un análisis de lo que estaba sucediendo en Francia”.
El General debe haber quedado absorto, porque en los ocho meses que duró su tercer mandato, el joven –que en el ’68 no pasaba los 30 pero ya tenía esposa (la doctora en Psicología Diana Couto), tres hijos, y era “veterano” de la Juventud Universitaria Peronista–, condujo en 1974 la Dirección Nacional de Migraciones (DNM). Luego, ese año, debió salir de urgencia porque se había enterado que estaba en los primeros puestos de la lista negra del Brujo López Rega. Vivió un año y medio en Perú, seis en Colombia –donde fue consultor de la Organización Internacional del Trabajo– y un año en Ecuador.
Si hay alguna referencia obligada en el campo de las migraciones internacionales en la Argentina, ese es Lelio Mármora. Director del flamante Instituto de Políticas de Migraciones y Asilo (Ipma) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, fue también director del Indec. El año que viene en esa universidad, se abrirá una maestría en la materia, de la que Mármora será su director. El Ipma por su parte arrancó con hándicap desde el inicio: están asociados a él la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) –de la cual Mármora fue también consultor–, la DNM y próximamente el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Aquí el especialista comenta el libro El Impacto de las Migraciones en Argentina, un estudio compuesto por seis trabajos de diversos autores entre los que se cuentan Roberto Benencia, Roberto Aruj, Marta Monclús Masó y María Bernarda García, que fue iniciado a mediados de 2011 por la Oficina Regional para América del Sur de la OIM, a pedido del Gobierno Nacional. Se concentra en las migraciones de países limítrofes y del Perú entre 2004 y 2010, años en los que se otorgaron 508.737 residencias permanentes a expensas del Plan Patria Grande y la nueva Ley de Migraciones 25.871 que promulgara Néstor Kirchner a inicios del período. Lejos de las esquematizaciones usuales, los textos se centran en el impacto en el mercado de la horticultura en fresco de la inmigración boliviana, la importancia del trabajo de migrantes paraguayos en el terreno de la construcción y derriba mitos sobre criminalidad. Por caso, según el Sistema Nacional de Estadísticas sobre la Ejecución de la Pena de 2008, los detenidos extranjeros representaron el 5,7% de la población carcelaria.
“Es un estudio relevante porque en general la academia argentina se ocupa de otros temas de las migraciones”, opina Mármora. “En general, los trabajos de este tipo están enganchados con las categorías históricas de las ciencias sociales y las usinas intelectuales del Norte. Entonces te venden la ‘etnogénesis’ o la ‘invisibilización’… Son perspectivas teóricas distintas.
–¿En qué se diferencian?
–La estrategia teórica norteamericana apunta a cómo se producen las diferencias, por lo que la cultura deviene en un objeto de museo: tu identidad queda atada a no sé cuántas generaciones precedentes. La otra es investigar cuál es el impacto –sobre todo positivo– que tienen las migraciones en la Argentina... En los países desarrollados más bien se ocupan, dentro del sistema teórico multicultural, de que cada cual se quede con su cada cual. Todos los estudios en Estados Unidos ensalzan una intención diferencialista. Así, tenés una sociedad donde los hispanos están con los hispanos y los negros con los negros.
–Un modelo de integración muy diferente al de Argentina.
–Claro. En Estados Unidos está el ítaloamericano, el judío-americano. Acá en la Argentina, en cambio, yo soy argentino descendiente de italianos, y ello es un accidente de mi vida. Ni siquiera me queda más tradición que comer la pasta asciuta que se hace en mi casa. Eso es la Argentina. Nos miramos y nos reconocemos como argentinos, ni por la religión ni por la etnia. El mestizaje cultural es una cosa fabulosa de nuestro país. Además es una construcción dialéctica de la identidad, y no una cuestión cerrada. Las muchachas peruanas cocinan hoy comida del Perú en las casas donde trabajan. Esto modifica la identidad de esas familias, que empiezan a comer ají de gallina o ceviche cuando antes no comían.
–Uno de los capítulos habla de la inmigración boliviana y la horticultura en fresco. ¿Por qué interesa ese estudio?
–Porque es un ejemplo de lo que implica un proceso migratorio con ascenso económico. Los bolivianos empezaron en los ’90 a ocupar demanda insatisfecha de lo que había sido el trabajo de portugueses e italianos, que eran los quinteros productores de hortalizas en fresco. En el momento de la crisis, algunos bolivianos, que no acostumbraban bancarizar sus ingresos –y por eso, muchas veces los asaltaron– pasaron de ser peones a arrendatarios. Es lo que Benencia llama la “escalera boliviana”. Luego, empezaron a comprar pequeñas porciones de tierras, parcelas. En el momento de la crisis, se dio un fenómeno muy interesante: tenían plata en un país que no había. Tuvieron entonces la opción de comprar tierras o tecnología. Y tomaron la decisión correcta: pusieron invernaderos de última generación y pegaron el gran salto productivo. El precio de los productos hortícolas en la actualidad es menor gracias a la inmigración boliviana. Es decir, que no sólo suplieron una demanda laboral insatisfecha, sino que abarataron el mercado.
–¿Qué volumen de tierras tienen?
–Pequeñas propiedades. En general, son de 2 o 3 hectáreas. Están distribuidos en los alrededores de todas las ciudades. En Buenos Aires están en Escobar, en el kilómetro 40 de la Ruta 2, en todos lados. Surten a las principales conglomerados urbanos de todo el país. Es más, Benencia plantea que hay una economía étnica; seguro están conectados con los comercios de bolivianos.
–La inmigración peruana subió en los años de 2004/10 más del 88% en relación con el período 2001/4. Es una inmigración a veces estigmatizada como narco.
–Ese es otro de los mitos. No se puede identificar a una colectividad con el narcotráfico, que es un fenómeno global. Es cierto que hay muchas mujeres detenidas bolivianas y peruanas acusadas de ser “mulas”, un fenómeno que aparece en este libro. No son los grandes peces.
–A diciembre de 2008, los extranjeros representaban menos del 6% de los detenidos en la Argentina.
–Acá es importante tener en cuenta la variable demográfica. En un cuadro estadístico del libro, aparece la cantidad de extranjeros presos por nacionalidad. De nacionalidad argentina hay 174 presos cada 100 mil habitantes; extranjeros hay 182. Es muy poca la diferencia. Lo más llamativo es que los que aparecen con mayor índice de detención son los uruguayos (367), no los peruanos. El tema es que los uruguayos son más blancos. (Las cifras corresponden a la Dirección Nacional de Política Criminal de 2008, citadas en el texto de Monclús Masó y García. El total de argentinos presos era de 49.306; los peruanos totalizaban 433.)
–¿Los migrantes siguen siendo detenidos por “portación de cara”?
–En otro estudio que hicimos hace 15 años, ya aparecía que entre los detenidos tenías el 50% de extranjeros; entre los procesados, esa cifra bajaba a 20%-25%, y entre los condenados tenías sólo el 4% de inmigrantes.
–Muchas inmigrantes de Ucrania son excelentes enfermeras. En Patagonia, hay escasez de enfermeras. ¿La Argentina no tiene una política de distribución geográfica de la inmigración?
–No. Esa es una de las grandes fallas de política migratoria en la Argentina. Las últimas políticas de población que tuvieron algún tipo de posibilidad de desarrollo fueron las de los primeros gobiernos peronistas. Perón siempre pensó el territorio argentino en términos estratégicos. Este es un país muy vulnerable, con poca población e híper concentrado. Desde el punto de vista de la geopolítica es necesario tener una población distribuida equitativamente.
–¿Qué tipo de necesidades laborales no están satisfechas en las diferentes regiones?
–Bueno, mano de obra no calificada para las cosechas temporales. Hay años en los cuales hay graves problemas en la recolección de la vendimia.
–¿Y cómo se resolvería?
–Con un planeamiento estratégico de las economías regionales y con una distribución permanente de información en términos de mercado de trabajo en los diferentes sectores de la economía y en las distintas regiones del país. Esta es una de las cosas sobre las cuales se ha estado discutiendo en los últimos años, todavía no zanjada. Muchas veces la gente migra a Buenos Aires, y a veces el trabajo que sabe hacer lo podría encontrar en Mendoza.
–En 2001, Canadá ofreció en la Argentina migrar a jóvenes profesionales. En el contexto de la crisis en el Mediterráneo europeo, ¿La Argentina promueve en el exterior políticas migratorias “selectivas”, según la denominación del primer Perón?
–No. Pero es distinto. En el caso de Perón, la Argentina se encontraba en un proceso de industrialización, de plena sustitución de importaciones, por lo que se necesitaban técnicos, mécanicos, los famosos ingenieri italianos (que no lo eran tanto…). Ahora no hay políticas de promoción, aunque la mayor parte del mundo desarrollado promueve la inmigración de recursos humanos calificados. La Tarjeta Azul en Europa es un caso. Hay cerca de un millón de jóvenes norteamericanos profesionales en China.
–La Argentina reconoce el derecho “esencial e inalienable” de la persona a migrar. ¿Es dable pensar un mundo donde las personas vivan donde quieran vivir?
–Ese debería ser uno de los derechos humanos básicos. Sería una utopía pensar que hoy todo el mundo pudiera moverse libremente por todas partes, pero creo que se puede lograr regionalmente. En Europa se consiguió y en el Mercosur todavía más. Por ejemplo, en la UE si a los seis meses usted no tiene trabajo lo pueden echar, como hizo Sarkozy con los gitanos. En el caso del Mercosur, la persona se radica y no importa si tiene o no trabajo, se queda. En la Argentina, la migración no es un objeto de manipulación electoral, algo muy distinto de lo que pasa en Estados Unidos y en la UE. Acá la migración es política de Estado y además nos asumimos como una sociedad de inmigrantes.
 
Fuente: Miradas al Sur

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