martes, 26 de marzo de 2013

MURIO ROBERT CASTEL, EL SOCIOLOGO QUE ALERTO SOBRE LA PRECARIZACION

Sostuvo que el trabajo formal organiza las sociedades y que su pérdida es peligrosa. Tenía 79 años.

Por  Gabriela Cabezón Cámara


La suya no es una obra sencilla ni lineal: arrancó en el 68 francés, con la antipsiquiatría. Y acaba de terminar, ayer, con su muerte a los 79 años. Robert Castel era sociólogo, "yo pienso los procesos", se definía. Y el último proceso que se dedicó a pensar fue el de la cohesión social, articulada alrededor del trabajo: quien ocupe un lugar, quien tenga una función en la división del trabajo, participa de la sociedad y tiene garantizados ciertos derechos que lo convierten en un ciudadano pleno. Eso, decía él, desde los 60. Y hasta hace poco: las últimas décadas de su vida, Castel las dedicó a estudiar "el proceso que atraviesa el conjunto de la sociedad, que es un proceso de precarización de la mayoría de los empleados. Actualmente, personas que estuvieron integradas se encuentran desestabilizadas, pasan a ser vulnerables", como explicó a Clarín en 1997.
El concepto de precarización laboral no necesita aclaración: el fenómeno ha crecido en todo el mundo. En nuestro país, tanto en el ámbito privado como en el público. "Eso ocurrió con la desindustrialización, las transformaciones profundas del mercado de trabajo y de la organización del trabajo en el sentido, justamente, de una precarización de los empleos. Pienso que el desempleo es una cuestión bastante dramática pero al mismo tiempo hay un proceso de precarización del trabajo que hace que cada vez más el trabajo se realice en formas fragmentarias, limitadas en el tiempo –existen los contratos de duración determinada, seis meses y que no suelen ser renovables. O sea que hay una especie de estallido del mercado. Por ejemplo, en Francia se vuelve a hablar de trabajadores pobres, cuando históricamente, la pobreza trabajadora es algo que prácticamente había existido siempre, sólo que al final del capitalismo industrial, es decir en los 60, 70 había habido, un estatuto del empleo que parecía sólido, con protecciones, derechos; se creía haber vencido la pobreza laboriosa", explicó el sociólogo al editor de Ideas de Revista Ñ, Héctor Pavón, en agosto del año pasado.
En síntesis, decía, un asalariado era nada, nadie (alguien muy pobre), prácticamente un ciudadano de segunda: "Hay que recordar la historia del derecho al voto. Durante mucho tiempo, incluso después de la Revolución Francesa y el sufragio universal, los sirvientes no podían votar. ¿Por qué? Porque se decía que no eran autónomos. Detrás de este ejemplo está la idea de que para ser un ciudadano hay que tener un mínimo de independencia, no estar sometido a relaciones de clientelismo, de patronazgo".
Ciudadanos de segunda o directamente excluidos, a los que él denomina "desafiliados", los que están en situación de "no trabajo": los que "jamás trabajarán, porque la tecnología requiere una capacidades que, simplemente, ellos no tienen". De allí, la inseguridad. Las inseguridades, porque Castel hallaba que, si bien se solapaban, la inseguridad es dos: "La que podríamos llamar inseguridad social, es decir, la que surge de las tasas de desocupación, del trabajo precario, de las condiciones de hábitat desfavorables, las tasas de pobreza, la desindustrialización, etcétera. Y es cierto que también son barrios donde hay una tasa de delincuencia que podríamos denominar de inseguridad civil, es decir, la de los problemas de violencia, robos, agresiones, etcétera. Se superponen. Allí hay una tentación de las políticas de seguridad pública de poner el acento en la inseguridad civil, es decir, en la lucha contra la delincuencia y en aplicar la tolerancia cero ." Castel habla de esas personas que viven día a día, de changas, de trabajos sin amparo legal, de trabajos sin garantías ni derechos. Esa es la precarización laboral que todos conocemos, de primera o a lo sumo de segunda mano. Esa desafiliación de muchos rompe el pacto social. Y sobreviene la incertidumbre. Castel se lo dijo así al diario de la Universidad Obrera de Catalunia: "En el fondo, en esas sociedades occidentales, había una mayoría de personas que pensaban « Mañana será mejor que hoy ». Pero ahora esas mismas personas son pesimistas. Temen el paro, temen el empobrecimiento..., incluso, si lo llevamos a un extremo, tienen miedo de encontrarse excluidos de esa sociedad en la que viven. Yo creo que hemos pasado de un mundo estructurado y cohesionado, animado por la confianza en el progreso y que pensaba que mañana cantaría después de la revolución, a este, en el que es la incertidumbre la que predomina." ¿Qué recomendaba Castel para que mejore el mundo? "Que redefinamos el pacto social. Si el capitalismo quiere sobrevivirse a sí mismo, tal vez deba repensar la protección social, pero también está obligado a garantizarla de algún modo. Eso supone pactar con generosidad el empleo, el salario y las formas de contratación".
 
Fuente: Revista Ñ

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