jueves, 14 de marzo de 2013

UN LIBRO DE CRONICAS QUE RECORRE EL CONTINENTE CON LOS OJOS DEL CHE

El libro Por los caminos del Che, que evoca por otros medios los recorridos que emprendió en sus viajes por la América Profunda el joven Guevara Lynch. Se trata de una compilación de crónicas realizadas por periodistas o cronistas que viajaron de manera independiente entre los años 2000 y 2010, y narraron las cotidianidades y realidades de los habitantes de pequeños pueblos o grandes ciudades de la Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba y México.
 
Por Sergio Di Nucci
 
La compilación de las crónicas estuvo a cargo de Tomás Astelarra y el colectivo Sudestada, y fue publicada por la editorial Continente (el volumen viene con fotos, que fueron hechas por la agrupación Sub Coop). Entre los jóvenes cronistas de estas grandes crónicas se cuentan Nicolás García Recoaro, Facundo García, Leandro Albani, el propio Tomás Astelarra, Martín Azcurra, Sebastián Carapezza, Martín Flores, Xuan Pablo González, Ariel Idez, Andrés López, Felipe Montalva Peroni, Débora Ruiz y Pedro Jorge Solans.
Las crónicas son muy variadas: las hay sobre la realidad de Punta del Diablo, en Uruguay, donde los pescadores artesanales luchan contra la industria y el turismo; sobre Itagúa, Paraguay, donde madres hilanderas aún hoy mantienen una tradición centenaria, y todo lo que ella conlleva (de eso escribió Nicolás García Recoaro); sobre los senderos de la cordillera de los Andes para denunciar a un tal Lewis, gringo que se apoderó de un lago entero en El Bolsón; o sobre el viaje en auto por la selva del Chapare junto a un tal Evo Morales. Un viajero, Facundo García, atraviesa el altiplano en medio de un corte de ruta caminando por más de 20 horas junto a un minero que regresa a su pueblo para el cumpleaños de su hija; otro cronista analiza el presente peruano en los ojos de Mariátegui; y otro recorre Lima buscando poetas en tiempos de Sendero Luminoso. Un periodista se mete en el desierto de Atacama detrás del rumor de un pueblo abandonado por el negocio minero y otro, Astelarra, el compilador, que se acerca a La Higuera a certificar los restos del mito revolucionario descansando en remeras y postales de dos pesos.
El compilador Astelarra, que además es economista, periodista, escritor y músico, explicó a Tiempo Argentino cómo surgió la idea de hacer un libro sobre los caminos del Che: “Yo estaba tratando de recopilar en un libro las investigaciones que realicé en Colombia, donde estuve viviendo tres años. Por eso me acerqué a los cumpas de Sudestada, quienes ya venían haciendo libros y van por el nueve o diez. Cuando me junto con ellos, me entero de que Leandro había hecho una propuesta similar. ‘Por qué no hacemos un libro con las dos propuestas’, nos dijeron. Y así fue. Lo primero que hay que decir es que, como dije en el volumen, son crónicas nacidas del deseo infantil: atravesar el continente de la Patagonia a La Guajira, donde las comunidades indígenas luchan por sus derechos. La idea es relacionar ese viaje de cada uno de nosotros, relacionar esa experiencia y esa transformación que genera el viaje, con la vida del Che, y la transformación que a él le produce su viaje por Latinoamérica. De ahí el nombre: Por los caminos del Che. Porque lo esencial era bajarle la imagen tan crística, de volante o pancarta que se le viene atribuyendo al Che todos estos últimos años. Hay crónicas políticas y otras que no lo son. La idea sin embargo es buscarle la humanidad al Che y a los rincones de Latinoamérica por los que anduvo, y por los que anduvimos nosotros. Yo, por ejemplo, no me nutro con las mismas formas que los turistas. Porque así no se conoce un pueblo. El alma del pueblo está reflejada en los enfermos de los hospitales, los asilados en la comisaría o el peatón ansioso con quien se intima. Cualquier experto, como escribí en el prólogo, podría asegurar que el revolucionario Che Guevara quizás nunca hubiese existido sin aquel joven estudiante de medicina, caminante, cronista, viajero que conoce las realidades de estas tierras que los antiguos bautizaron Awya Yala. Quiero decir que es imposible no transformarse transitando sus caminos, conviviendo con sus gentes, degustando las historias que no cuentan las universidades ni los manuales escolares.” «
 
Fuente: Tiempo Argentino

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