martes, 26 de marzo de 2013

UNA DISPUTA CULTURAL ABIERTA

Ley de medios. Tres consultores analizan la percepción de la población sobre el tema. El rechazo de los argentinos a los monopolios. Cómo fue cambiando la visión de la sociedad sobre la postura política del Grupo Clarín.
 
Por Demian Verduga.
        
Durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 2007, Cristina Fernández decía, cada tanto: “Los cambios políticos son esencialmente cambios culturales”. La capacidad oratoria de Cristina, la de comunicar una idea compleja de modo sintético, se lucía en esa frase, que también mostraba hasta qué punto el kirchnerismo tenía presente que la acción político-democrática tiene como límite las creencias de la sociedad. Faltan dos meses para que llegue el 7 de diciembre, fecha emblemática en la búsqueda de aplicar la ley de medios, sancionada hace tres años. La norma ya se disputó en el terreno político, ahora sigue en la arena judicial, y nunca dejó de pelearse en un territorio clave de las creencias. A 60 días del 7/D, un debate sobre el estado de la contienda cultural por la ley de medios.
“Hay una cuestión que es muy clara: la mayoría de las sociedades, la argentina también, ven muy mal que haya monopolios –le explicó el consultor Ricardo Rouvier a Miradas al Sur–. En una de las encuestas que hicimos durante el debate por la ley de medios, más del 60% de los consultados manifestaba que estaba en desacuerdo con que una misma empresa sea dueña de un canal de aire, de varios de cable, de un diario y una radio”. Esta encuesta que rememoró Rouvier muestra un costado del sentido común de la sociedad que en principio favorecería la aplicación efectiva de la ley. La duda que surge, entonces, es si la población percibe al Grupo Clarín como un monopolio. (El Grupo tiene 240 licencias en todo el país, 10 veces más que lo permitido). “El asunto se pone complejo a la hora de analizar eso –remarcó Rouvier–. La población todavía no tiene tan claro lo de la posición dominante. Por eso es importante que el Gobierno explique más, como lo hace ahora con el spot publicitario sobre el 7/D”.
Artemio López es director de la consultora Equis y también habló con este medio. Coincidió parcialmente con Rouvier: “El rechazo a los monopolios no se traslada de modo simétrico en rechazo al Grupo Clarín. Eso es claro”. Sin embargo, Artemio remarcó que hay un sector relativamente amplio de la sociedad para el que la aplicación de la ley de medios es importante. “En lo que podríamos denominar como núcleo duro del electorado kirchnerista, se percibe a Clarín como un monopolio y a la desmonopolización del sistema de medios como una causa importante.” Ese núcleo duro al que se refería López representa alrededor del 30% del electorado argentino, una cifra que cientos de partidos políticos en todo el mundo envidiarían. Según el consultor, es un sector que construyó su identificación política durante el conflicto por la Resolución 125 y se expresó en las elecciones del 2009, cuando el kirchnerismo perdió en distritos importantes, aunque a nivel nacional salió primero con algo más de 30 puntos. “No quiere decir que en ese tercio todos le den la misma importancia a esta norma. Pero les parece que su aplicación es una causa importante. Son personas que por ahí en la calle discuten sobre el tema. Desde su lugar, podría decirse que participan de la pelea cultural por la ley”.
Artemio resaltó también que para el resto de electorado que acompañó a Cristina en octubre del año pasado, un 24% que se sumó al 30 del 2009, “la diversificación del mapa de la comunicación es un tema intrascendente. Son votantes que acompañaron al Gobierno más por la buena situación económica que por otra cosa”.
 
Paradojas del ser opositor. No hace falta repasar las tapas de Clarín durante los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde o el propio Néstor Kirchner, para saber que ningún presidente de 1983 en adelante fue tan atacado como Cristina Fernández. No está de más remarcar que se trata de una mujer, algo que le agrega un heroísmo particular a esta disputa, un condimento que a criterio del cronista la Historia recogerá, ya que se enfrenta esencialmente con hombres. Más allá de esta digresión, la postura ultraopositora del multimedio ha tenido efectos sobre la población, algunos negativos para el Grupo, otros no.
“El imaginario en relación a Clarín ha cambiado a partir del debate de la ley –remarcó Analía del Franco, de Analogías–. La mayoría de la sociedad siempre vio a La Nación como una publicación conservadora, pero la visión sobre Gran Diario Argentino era que se trataba de una publicación más popular, por lo menos en los sectores medios. Es decir: que tenía una ideología difusa, que se acomodaba bastante al humor general. Ahora hay una franja importante de la sociedad que no piensa que en el multimedio están todas las voces, y que se da cuenta de que el diario tiene una línea editorial muy definida, justamente por su falta de matices respecto del Gobierno”.
Esta postura rígida del Grupo también le ha traído algún beneficio, quizá buscado. “El punto en que le sirve su postura oposición acérrima es que lo ayuda para instalar la idea de que la aplicación de la ley no es para combatir los monopolios sino para castigar a Clarín porque piensa distinto– remarcó Del Franco–. También hay amplios sectores que piensan eso.” Rouvier coincidió con Del Franco en este punto: “Es cierto. Su postura política tan definida enturbia el debate sobre la posición dominante. Es parte de la estrategia del Grupo”.
Hay otro aspecto que remarcó Del Franco al que el Gobierno Nacional debería tomar en cuenta desde el punto de vista de la disputa cultural. Es un dato importante a la hora de cuidar ciertos gestos políticos y algunos retrasos en la aplicación de otros aspectos de la Ley. “La población también ve de un modo muy crítico la posibilidad de que la hegemonía de Clarín sea reemplazada por otra”, dijo Del Franco. Lo central de esta reflexión es que muestra otra de las aristas de la estrategia del Grupo, no negar que ellos tienen una posición dominante, sino marcar que el Gobierno quiere instalar otra. Cualquier gesto que aporte elementos a este relato, perjudica el respaldo social a la aplicación de la ley.
 
El panorama político. Hay un dato que tiene la visibilidad de un elefante pero que no se suele recalcar en los análisis. Hubo varias fuerzas políticas que no acompañaron la ley de medios, pero no hay ninguna que hoy haya hecho de su derogación una bandera. Esto no quiere decir que en todas las fuerzas se sueñe con cambiar el mapa comunicacional, pero la inexistencia de esa bandera muestra también que Clarín está muy lejos de ser una corporación apreciada por la mayoría del sistema político. Quizás en casi 25 años de hegemonía mediática creciente, no hayan reparado en la cantidad de operaciones que acumularon y de heridos que dejaron en el camino.
“Hay una historia y una tradición en varios de los partidos que hoy ocupan el espectro opositor que no tiene mucha sintonía con Clarín”, remarcó Artemio. “El radicalismo tiene fresco el recuerdo de aquellas frases de Alfonsín sobre el Grupo. (El discurso fue en 1987, en la Rural, y el ex presidente dijo que el medio quería destruir la moral de los argentinos). “Fue el primer dirigente político durante esos años que se atrevió a cuestionar al diario –agregó Artemio–. Por otra parte, los socialistas, que hoy lideran el FAP, tienen tradicionalmente una retórica antimonopólica, además de que acompañaron la ley. Estas cuestiones tienen un peso específico”. Sobre otras fuerzas, como el PRO, Artemio recalcó: “Es un partido nuevo, sin demasiada tradición. Además su peso parlamentario es muy bajo. Tienen 11 diputados y ningún senador”.
La visión de Rouvier sobre la relación entre el Grupo y las fuerzas opositoras fue muy distinta al de Artemio. “Hay muchos dirigentes de la UCR y de otros partidos que plantean que lo que se juega el 7/D es la libertad de expresión y no la desmonopolización de una empresa. Ése es el argumento de Clarín. Al repetirlo, le van dando legitimidad. Si sólo lo dijera el multimedio sería distinto”.
Respecto de la libertad de expresión, los tres encuestadores remarcaron que es un tema que jamás aparece como preocupación ni problemática en los sondeos. Ni siquiera se lo menciona. Este dato es más que lógico porque en Argentina hay una enorme libertad de expresión, sobre todo para quienes se oponen al Gobierno.
Por último, para buscar algún dato que ilustre la evolución de esta “batalla cultural”, hay que mirar una encuesta del año 2010 de la consultora Analogías, ya que después empezó el año electoral y se dejó de medir este proceso. En abril del 2010, a seis meses de haberse aprobado la ley, un 38% le daba la razón a Clarín en la disputa y un 22 al Gobierno. Unos meses más tarde, en noviembre del mismo año, un 32% le daba la razón al Gobierno y un 25 a Clarín. La tendencia había cambiado, pero la carrera iba cuerpo a cuerpo, y el desconocimiento seguía muy alto, rondaba el 40%. No hay sondeos más recientes sobre esta contienda, pero el lector puede tomar el pulso en su trabajo, su barrio, su club, y sin duda se dará cuenta de que la batalla cultural por la aplicación de la Ley está abierta. Se libra en este instante.
 
Fuente: Miradas al Sur.

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