miércoles, 20 de marzo de 2013

"SI EL PUEBLO ME LO PIDE, EVALUARE VOLVER A SER CANDIDATO"

Dialogo exclusivo con Fernando Lugo. Destituido por un golpe parlamentario, el ex presidente paraguayo habla sobre las razones de su caída, por qué no resistió, el rol de los medios, la traición de su vicepresidente y el nuevo modelo de golpismo en Latinoamérica.
 
Por Natalia Coronel
 
La medianoche del viernes 22 de junio de 2012, Fernando Lugo retornaba a su casa de Santo Domingo de Lambaré en Asunción de donde salió gracias a la mayoría del voto popular de su país y a la cual volvió a causa de un mentado golpe parlamentario disfrazado de juicio político. Ofreció una conferencia de prensa mostrando una llamativa sonrisa, como quien aceptara las artimañas de la, sospechosa, legalidad institucional por sobre la legitimidad de su propio gobierno, apoyado por el pueblo paraguayo y más.
Esa noche, estigmatizado por el golpe, sólo se atrevió a pronunciar un enunciado que refería a las mafias del narcotráfico, pero desvinculado de una denuncia política con peso como la que muchos esperaban oír.

Lugo, el presidente elegido democráticamente pero destituido por un Parlamento de 39 miembros, habló con Veintitrés sobre su derrocamiento, la oligarquía de su país encabezada por el nuevo presidente y su continuidad en la política. “Si consideran una nueva candidatura para mí, sin duda lo pensaré, lo evaluaré y decidiré en función de la ciudadanía”, afirmó.

–Con un pueblo movilizado y con un favorable entorno de mandatarios que gobiernan en la región y que estaban dispuestos a acompañarlo, ¿no pensó en negarse a dejar la presidencia a pesar de la decisión del Parlamento?

–Me considero una persona sumamente pacifista, dentro o fuera de la presidencia, por eso prefería aceptar lo que estaba sucediendo y evitar así el derramamiento de sangre. Pensamos en la posibilidad de aguantar con el poder que nos concedía el pueblo y los mandatarios de la región, pero iba a costar vidas humanas y yo no lo podría soportar. Ya sufrimos la cruenta experiencia del marzo paraguayo de 1999 y después la masacre de Curuguaty donde murieron decenas de campesinos y policías.

–¿La población continúa con manifestaciones pacíficas?

–La gente está en la calle, sólo que los medios de prensa lo reflejan vagamente. En estos días subsiguientes al golpe hubo manifestaciones en 40 sitios diferentes de la república y es un escenario que nunca se dio en la historia de Paraguay. El descontento y la indignación alcanzan a toda la geografía de la ciudad y eso es una cuestión inédita dentro de la población. Las movilizaciones no sólo están a cargo de los movimientos sociales y campesinos, es el despertar de los estudiantes, que no pertenecen a ninguna organización, y los indignados que no creen en los partidos políticos tradicionales. Es la más genuina demostración de la no aceptación del golpe de Estado y del gobierno de facto impuesto.

–¿Cuál es su opinión sobre Federico Franco?

–Es un hipócrita y un cínico. Lastimosamente formé esa dupla con él, porque siempre fue un conspirador y con su falta de lealtad solo demostró esos atributos. No acompañó al gobierno del que era parte y sólo aportó traición. Franco ayudó a llevar al gobierno al fracaso poniendo palos en las ruedas y finalmente aliándose con la oligarquía más reaccionaria para realizar este golpe parlamentario.

–¿Cuál fue el rol de las transnacionales del agronegocio? ¿Cree que desde que asumiera el poder estaban esperando el momento propicio para acabar con su gobierno?

–Sí. Hay indicios bien claros al respecto, sobre todo teniendo en cuenta las primeras medidas tomadas por el gobierno de facto de Franco. Primero es la aceptación del equipo económico para que la multinacional Río Tinto pueda instarle rápidamente en el país gozando de grandes ventajas y pérdidas para el país en términos de energía y capital. En segundo lugar, la ley de importación de la soja, es decir que la patria sojera es la única beneficiada. Y en tercer lugar, la aceptación sin control de las semillas transgénicas en el país. En mi gestión se había pedido que se realice un control y un análisis riguroso para la recuperación de las semillas nativas y de varios productos del campo. Estas medidas económicas no favorecían a los grandes capitales por eso entendemos que están detrás del golpe.

–¿Los medios de comunicación?

–Los medios privados responden a la oligarquía y a los partidos de ultraderecha. Sus dueños nunca pudieron aceptar que un gobierno diferente presida el país, que durante décadas excluyó a los más necesitados.

–¿Considera haberse equivocado en algunas medidas durante su gestión?

–La gran debilidad nuestra siempre fue no hacer acuerdos con los partidos políticos tradicionales. Esos pactos que ellos pedían y que van contra la mayoría de la ciudadanía y que sólo benefician a los políticos que sacan tajadas como acomodamiento en cargos, créditos, sueldos a gente que no trabaja, etc. Nunca accedí a pactar con estos partidos porque el precio lo iba a pagar la ciudadanía decente. Yo no fui un político, ni pertenecí a un partido político, por eso no actúo como tal.

–En su último discurso, sólo se atrevió a pronunciar como enunciado general a mafias y narcotráfico, sin aportar nombres ni datos. ¿A quiénes se refería?

–La narcopolítica está instalada no sólo en Paraguay, sino en varios países de Latinoamérica como Colombia, Perú y México. Lastimosamente en mucho países el narcotráfico financió campañas electorales a políticos que llegaron al poder. En Paraguay hay políticos que manejan grandes negocios ilícitos y tienen cuentas que es imposible que las hayan hecho en este país mediante un negocio legal. Mi hipótesis no escapa a la realidad, sobre todo en Paraguay: es que la narcopolítica pueda tener una misión y una realización sobre el destino de los pueblos de América.

–Latinoamérica sufrió en los últimos tres años la misma cantidad de golpes. En Honduras, un golpe militar y parlamentario derrocó a Manuel Zelaya; dos años más tarde, una asonada castrense casi tumba a Rafael Correa. Ahora, fue el turno de Paraguay. ¿Qué se debe hacer a nivel regional para estar alertas y evitar el avance de estos grupos destituyentes?

–Uno de los motivos de mi destitución fue haber firmado la famosa carta de Ushuaia II. Hay gente a la que no le conviene que haya democracia y están detrás del golpe de Estado para recuperar el poder perdido. El poder ciudadano, sin duda, tiene el gran poder en la región y de nuestra democracia y eso hace que un Parlamento ejecute un golpe de Estado de laboratorio, porque no fue un golpe militar como en Honduras.

–¿Qué opina sobre la decisión que tomó tanto la Unasur como el Mercosur y sobre la posición de la OEA?

–Tanto Mercosur como Unasur se mantienen fieles a Paraguay por considerar que sufrió un golpe de Estado destituyente. Por otro lado en la OEA aún no hubo una resolución clara, lo único que sabemos es que no suspendió a Paraguay. Pero hay cierto consenso entre los tres organismos en no aceptar la presidencia de Franco como un gobierno legítimo. Por eso considero que al informe que realizó el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, le faltaron ciertos elementos que tienen que ver con lo que está sucediendo en Paraguay como la persecución política ideológica y la destitución de los puestos de trabajo de todos los que conformábamos parte del gobierno legítimamente constituido en las elecciones del 20 de abril de 2008.

–¿Piensa retirarse de la política definitivamente o seguirá militando con los movimientos sociales?

–Pensaba retirarme si terminaba mi gobierno el 15 de agosto de 2013, pero hoy más que nunca me siento comprometido con los movimientos sociales y con los partidos políticos progresistas. Estoy en el Frente Guazú, que está conformado por diez partidos políticos y movimientos sociales que sin duda es un espacio político que va a tomar su forma y amplitud dentro del espectro político paraguayo. Espero que mi presencia ayude y si consideran una nueva candidatura sin duda que lo pensaré, lo evaluaré y decidiré en función de la ciudadanía.
 
Fuente: Revista Veintitres.

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