martes, 15 de septiembre de 2009

AL SERVICIO DE POBLACIONES VULNERABLES


La hermana María Delgado Valero dirige, en Formosa, una escuela para adultos y un comedor al que concurren 200 personas.




Con voz dulce y tranquila, la hermana María Delgado Valero cuenta sobre su trabajo. Lo hace con la misma serenidad con la que desde hace más de 46 años colabora con aquellos que más la necesitan.


Delgado Valero nació el 15 de octubre de 1942 en la provincia de Jaen, en Andalucía, España. En su país natal estudió Teología y en 1963 se unió a la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Cinco años más tarde, Valero llegó a Buenos Aires y cuando en 1974 conoció la provincia de Formosa, supo que se quedaría allí para el resto de su vida. No se equivocó.


Fue en Formosa donde la hermana Valero se recibió de maestra y emprendió su camino en la docencia. Y hoy, entre otras cosas, dirige allí el Núcleo de Educación Permanente y Formación Profesional Nº 30, una escuela de adultos que lleva su nombre. Servir al prójimo y, a través de ellos a Dios, es su vocación.


-¿Cómo surgió su vocación docente?
- En 1968, la Orden a la que pertenezco me ofreció la posibilidad de viajar a la provincia argentina de Córdoba y acepté porque mi presencia allí era más necesaria.


En Córdoba vivía en el noviciado y, además de acompañar a la maestra, daba catequesis en la parroquia. Ese fue mi primer contacto con un aula. Me gustaba estar con la gente y formar. Así me di cuenta de que también tenía vocación para enseñar.


Un tiempo más tarde, la congregación me mandó a Formosa. Llegué y me gustó. Por eso, a pesar de que luego me volvieron a ofrecer ir a otros lugares, siempre quise quedarme en esta provincia. Fue aquí donde descubrí más fuertemente mi vocación docente y en 1977 me recibí de profesora para la enseñanza primaria.


-En toda su vida le ha tocado trabajar con varias poblaciones vulnerables. ¿Qué aprendió de cada una de sus experiencias?
Aprendí, gracias a la gente, a ser resistente. Algo que realmente me impactó en todos estos años es que hay muchas más personas que están sufriendo de lo que uno se imagina. Pero sin importar por lo que estén pasando siguen para adelante aferrándose fuerte a los valores que uno les enseña.


-¿Cómo es dirigir una escuela para 700 adultos y administrar un comedor al que concurren 200 personas?
-Mi trabajo es integral. Actualmente administro el comedor, dirijo la escuela para adultos y trabajo en el Centro de Promoción Social Beata Nazaria.


Es mucho trabajo, pero es lo que me gusta. Además, en 2008, luego de haber sido nombrada por el gobierno nacional docente ilustre, el colegio en el que trabajo fue rebautizado con mi nombre. Esto me significó un mayor compromiso y amor para con todo lo que hago.


-¿Se esperaba semejante reconocimiento?
Cuando la ministra me dijo que me habían elegido me tapé la cabeza. No lo podía creer: habiendo tantos maestros importantes no entendía por qué me elegían a mí.


Me dio miedo y alegría. Me sentí orgullosa de poder representar a Formosa. Entonces me propuse dos objetivos: trabajar por la inclusión y por la calidad educativa.


-¿Qué métodos utiliza para alcanzar estos objetivos?
Apuesto a la metodología de trabajo en equipo. Desde 2001 lo hago como directora de la institución.


Pero cuando era docente dividía el aula en grupos y trataba de enseñarles a través del juego, porque también los adultos disfrutan más con estas estrategias.


Recuerdo, por ejemplo, un juego de barajas para aprender los números. Cada uno sacaba una carta y la ponía sobre la mesa. El que sacaba el número más alto se quedaba con todas las cartas que estaban en la mesa y esto le permitía acumular más puntos.


Pero las barajas, en vez de tener números tenían escritas palabras con valores. Así, una carta que decía trabajo y justicia representaba el número dos.


Al terminar el mazo de cartas ganaba el que más puntos tenía. Es decir, el que había acumulado más valores. Entonces, el ganador tenía que explicar qué significaban los valores que le habían tocado. Este era un ejercicio para mejorar la comunicación oral en el que podía participar toda la clase.


-¿Recuerda alguna anécdota que quiera compartir?
-Una vez le dije a la gente de mi comunidad que, por la tarde, en la escuela iba a haber una rifa. Cuando llegaron entusiasmados, les expliqué que se rifaba la posibilidad de crecer y que, para ganar, tenían que inscribirse en el colegio. Al principio se enojaron, pero después varios de ellos se anotaron en la escuela. Ese fue un logro.

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