martes, 15 de septiembre de 2009

RENACER


Por Horacio Fontova



El movimiento In Extremis Deo ha renacido para renovar el rigor de su antiguo propósito, el de poder establecer definitivamente una única forma de dominación, y sus devotos han despertado de un largo sueño, a fuerza de creer pertenecer nuevamente, súbitamente, a una de las temibles, nuevas siete iglesias del Apocalipsis. Le sacaron el polvo a su emblema, aquél crucifijo que obraba de señuelo para atraer a tenebrosos simios que luego serían entrenados para el concepto y la disputa, y sus antiguas metas están siendo puestas al día con todo el poder del Imperio y la cibernética, ya lejos de adiestrar oscuros escuadrones sobrevolados por bandadas de buitres, de hacer soplar fuertes polvaredas para dañar y envenenar sembradíos paganos, de producir con sus campanarios intensidades sonoras con el fin de romper tímpanos y detener sueños, de volver a las sombrías procesiones de carruajes con techos de lienzos negros, de colocar trampas seudo-herejes para cazar rebeldes sin adoctrinar, o de patrullar con naves que enarbolaban banderas piratas para confundir al enemigo. In Extremis Deo, el movimiento que algunos siglos atrás también se atribuyó haber civilizado a gran parte del continente continuando con la gesta cristiana, llegando presuntamente a someter a innumerables pueblos originarios, ha renacido y vuelve al ataque, esta vez para impedir en forma sangrienta y sin piedad el intento de unidad popular en toda la región.Sus devotos, cada vez más numerosos, actuarán como siempre lo hicieron: camuflados, encubiertos. Esta vez tal vez aparentando ser falsos campesinos arruinados o incalculables rebaños de blanco ganado ovino, rebaños supuestamente criados por los acomodados ruralistas de cada lugar, los más fieles colaboradores del movimiento.

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