miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA IGLESIA ARGENTINA ES PARTE DEL PODER


Elogió a Cristina Kirchner por su “preocupación por el tema social” y cuestionó al campo porque le faltó “responsabilidad”. Analiza la tesis “medieval” del Papa y la relación de los obispos con el Gobierno.


El teólogo, ecologista y uno de los mentores de la Teología de la Liberación en Brasil, Leonardo Boff, visitó “este hermoso país”, como celebró él mismo. “A la opción por los pobres, ahora agregamos a la Tierra. La liberación debe ser integral”, arrancó, simple, casi evidente, para justificar su ecologismo, una lucha que –promete– conjuga con su mirada teológica y su praxis política de izquierda. De barba y pelo largo, blanquísimos; anteojotes, poncho crema, bufanda y bastón. Así apareció este filósofo de 70 años, uno de los primeros en unir –en teoría y práctica– la fe cristiana con la indignación ante la pobreza, en el auditorio del Centro Cultural Borges, colmado de jóvenes y viejos militantes.La fundación Avina invitó a este hombre cercano a Lula, al que el Vaticano echó de su actividad religiosa, en 1984. Dos años después lo indultaron; en 1992, directamente renunció a seguir como sacerdote. “El papa Benedicto XVI sigue con la tesis medieval de que sin la mediación de la Iglesia no hay salvación posible”, critica Boff.A Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, la ubica “sin duda” entre los presidentes de vocación progresista. “Le preocupan los pobres”, apuesta.


–¿Qué papel jugó el gobierno argentino en el conflicto agrario? –


Cristina defendió la cuestión social. Trató de no ser funcional a las grandes elites y grupos económicos.


–¿Y las entidades agrarias?–


La postura del campo no contempla la totalidad de la cuestión. Les faltó responsabilidad empresarial. En general, se preocupan por el agro negocio, por garantizar la reproducción de sus capitales. No más.


–El gobierno argentino, ¿tiene una intención genuina de redistribuir la pobreza?


Cristina tiene una preocupación abierta y sincera por el tema social. Su Gobierno insiste con las retenciones para combatir la pobreza, invertir en educación, vivienda, salud, y bajar los precios de la comida.


–¿El Gobierno de Cristina está en línea con otros progresismos de América Latina, como el de Lula da Silva, en Brasil?–


Sí, hay programas comunes en algunas democracias del continente: por ejemplo, Lula con su campaña de “hambre cero”, su agricultura social. Incluso en Venezuela las expropiaciones sirvieron para cuidar el salario popular. Son democracias participativas, de cuño popular, menos elitistas que en los noventa.


–¿Cómo ve el papel de la Iglesia católica argentina y los pronunciamientos críticos hacia el Gobierno?–


El cristianismo como religión oficial –así sucede acá– es un paradigma por superar.


–¿Por qué?–


Porque es parte del poder y tiene las limitaciones propias de ese espacio. A veces, ser aliado del Estado pone a la Iglesia de espaldas al pueblo. La Iglesia argentina debería animarse a debatir sobre libertad religiosa.

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