lunes, 8 de febrero de 2010

HOSPITAL AL BORDE DEL CIERRE


La Justicia ordenó la continuación de la obra, pero el gobierno porteño no avanza. Hay sectores del Hospital infanto juvenil Tobar García, que se caen. Los médicos denuncian que entregan menos insumos que los necesarios.


Parecen dos mundos distintos. En la parte trasera, pasillos con aire acondicionado, juegos de plaza, televisores y hasta un gimnasio (sin uso) con aparatos para hacer pesas. En el frente, colchones sucios y elásticos hospitalarios rotos y apilados entre andamios oxidados por años de exposición a la corrosiva humedad. Sin embargo, ambas geografías pertenecen al mismo establecimiento: el Hospital Infanto Juvenil Tobar García del barrio porteño de Barracas, donde por día son atendidos más de 700 pibes en los consultorios externos y casi 70 están internados. A raíz de las reiteradas denuncias efectuadas por los profesionales del Tobar García en reclamo de “las obras edilicias paralizadas y los nombramientos pendientes en el establecimiento”, ayer a la mañana la legisladora Gabriela Alegre (del bloque Encuentro Popular para la Victoria) y distintos organismos de derechos humanos recorrieron el edificio y se interiorizaron sobre la problemática con el personal médico y administrativo. Sin previo aviso, también el director de Salud Mental PRO, Gregorio Alcaín, en compañía de su mujer, se sumó como visita.


Sobre la calle Ramón Carrillo al 300, a poco metros del neuropsiquiátrico Borda, dos carteles del gobierno macrista publicitan las reformas en el edificio del Tobar García: “Haciendo Buenos Aires” y “Obra: Rehabilitación Integral”. “Los profesionales del hospital entendemos la ‘rehabilitación integral’ como la que intenta mejorar y renovar la infraestructura del conjunto del hospital, pero también actualizar lo que ya existe. Por ejemplo, los consultorios externos, la guardia, el laboratorio y la administración del hospital, hoy están clausurados por el gobierno porteño”, explicó el médico Eduardo Diego Friedman, jefe de la Sección Psiquiatría y Psicofarmacología, poco antes de comenzar el recorrido.


No mucho después de las 10 y mientras la lluvia azotaba la ciudad, la legisladora Alegre se reunió con Jorge Moresi (de Familiares de De-saparecidos y Detenidos por Razones Políticas) y Horacio Pietragala (uno de los nietos recuperados e integrante de Abuelas de Plaza de Mayo) bajo el resguardo de algunas maderas enclenques que ofician de toldo en la pequeña entrada del Tobar García. Después, el médico Friedman y Susana Sosa (directora asistente del hospital infanto juvenil) mostraron a la comitiva de “veedores” las nuevas instalaciones del neurosiquiátrico.


Amplios pasillos, pequeños areneros con juegos para los pibes, un gimnasio y, más allá (pero un poco más acá de los límites con el Borda), “debería estar una canchita de fútbol, aunque por ahora nos tenemos que conformar con que sea una casilla para acumular materiales en desuso de lo que fue la obra en su primera etapa”, explicó a Página/12 Friedman. Dentro de la misma zona refaccionada se encuentran las tres salas de internación de los chicos, con poco más de 20 camas cada una. “Hace más de un año, uno de los chiquitos incendió esta habitación y todavía está tapiada aunque ya elevamos tres notas al Ministerio (de Salud porteño). Así que estamos sin enfermería”, señaló Angélica Sexto, jefa de los Departamentos de Guardia. Segundos después, llegaba una visita inesperada para fiscalizar la visita: el director de Salud Mental (del PRO), Alcaín.


Alcaín aseguró que “voy a informarme sobre la situación. Por el momento, lo único que puedo hacer es tomar nota de los inconvenientes”. La médica Sexto también contó que muchas veces deben duplicarles las dosis a los pacientes, porque no llega el fármaco adecuado para los tratamientos. “¿Qué pasa si tenemos una muerte súbita?”, se preguntó.


Las obras del Tobar García fueron planificadas durante la gestión de Jorge Telerman con el objetivo de ser terminadas en un tiempo no mayor a 18 meses. Después de tres años y medio, el plazo se extendió a más del doble previsto. Tras la presentación de un recurso de amparo por parte de los trabajadores del hospital, en 2009 la jueza porteña Elena Liberatore instó al gobierno PRO a concluir las obras, pero “en la Legislatura ni siquiera se trató como tema del presupuesto para 2010”, contó Friedman.


Areneros desbordados de agua y barro. Rincones con sillas de cemento sin sus respectivas mesas y tablas sin asiento alguno. Ventanas con vidrios astillados y paredes sin rejas de protección. Todo fue un preámbulo para el verdadero cambio de geografía, porque una vez traspasada la puerta de “Administración” los pasillos eran de madera amarronada por la humedad y los andamios oxidados decoraban al edificio de Barracas. Por doquier, los colchones se acumulaban y las oficinas despedían un olor rancio por tanto cuerpo ensimismado sin ventilación. Unicamente la nueva cocina está “terminada de este lado, pero no la podemos usar porque como el gobierno no le pagó a la empresa (Riva S.A.), el lugar está totalmente tapiado”, dijo Friedman.


Informe: Mariana Seghezzo.

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