martes, 16 de febrero de 2010

UNOS ARREGLOS QUE SON PURO MARKETING


La publicidad PRO habla de 923 obras en escuelas porteñas, pero los informes técnicos de la administración macrista lo desmienten y alertan sobre todo tipo de problemas edilicios. En los últimos dos años hubo un ajuste en el área de Infraestructura Escolar.

Por Werner Pertot

“Invertimos más en estos dos años que lo que se invirtió en los últimos ocho”, dice la propaganda de la gestión de Mauricio Macri, en la que destaca que se hicieron 923 obras en las escuelas porteñas. Los propios informes técnicos del gobierno porteño –a los que accedió Página/12– desmienten esa campaña de marketing: alertan desde hace dos años sobre cables pelados, problemas de mamposterías, faltas de salidas de incendio y paredes con humedad en escuelas que reciben capas de pintura y otras atenciones cosméticas. Con un presupuesto mermante y despidos sistemáticos en el área de Infraestructura Escolar, la gestión PRO consolida una campaña publicitaria sobre un cúmulo de refacciones menores –con mucho cartel en las entradas de las escuelas–, al tiempo que posterga las obras que sus propios informes le reclaman.

Al comienzo de la gestión, el PRO consiguió que la Legislatura votara una ley de emergencia escolar para poder hacer contrataciones directas sin licitación. Sin embargo, en los sucesivos presupuestos que elaboró el macrismo avanzó con un ajuste sobre el dinero destinado a infraestructura escolar: pasó en 2008 de 307 millones de pesos a 253 millones en 2009 y para este año están previstos sólo 145 millones. El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, justificó este recorte hace algunas semanas en un reportaje con Página/12: “Lamentablemente, en un período de crisis, donde vos ajustás en educación, no podés ajustar en el salario docente, que es el 80 por ciento del presupuesto. Tenés que ajustar en lo que queda, que es el presupuesto de infraestructura”.

A pesar de esto, el gobierno macrista sostiene en su publicidad que invirtió “más en estos dos años que lo que se invirtió en los últimos ocho” y proporciona en su página web un listado de 923 obras terminadas, 73 obras en ejecución y 544 llamados a licitación. Quien deje atrás el impacto de los números y se interne en el listado podrá ver a simple vista que cuentan como obras la “reparación de sanitarios” (como en la escuela de Arévalo 1408) o de “desagües pluviales, revoques y reparaciones” en el jardín de infantes de Mercedes 1405. Algunas obras tienen un título inespecífico como “reparaciones varias” (es el caso de la escuela de danzas Nº 2), “acondicionamientos” (Escuela Normal Superior 9) e incluso “desobstrucciones” (en la Escuela Técnica 33), un término que no deja en claro si no se trató de una simple destapación de un inodoro. También incluyen en la lista una obra de “retiro de impurezas y lustrado de pisos”, en la primaria de Julián Alvarez al 2849.

Un diez por ciento de las obras promocionadas son la simple instalación de caloventores para paliar el frío y otro cinco por ciento son refacciones provisorias de gas. También abundan las obras que consisten en pintar la escuela. En general, las refacciones de una misma escuela están desglosadas en varias obras separadas en el listado para poder abultar el número total.

Lavado de cara

Novecientas obras suena a un número incontestable, si no se entra en el detalle de lo que se hizo y lo que faltó hacer. Los informes técnicos, elaborados por inspectores del gobierno porteño para que se puedan proyectar las obras de reparación, permiten comparar las obras anunciadas y publicitadas por la gestión de Macri con lo que sus propios arquitectos detallaron que era necesario hacer. Algunos casos:

- Escuela 1, del Distrito Escolar 8, en Eva Perón 1502: según un informe técnico del gobierno porteño del 25 de abril de 2008, esta escuela requería una “colocación de seguridad en el patio de juegos de jardín” para la prevención de incendios, “barrales antipánico en puertas de acceso y cambiar el sentido de apertura de las mismas”, además de “un tanque de incendio”. El informe detalla que son necesarias refacciones de carpintería y herrería, cambios de “artefactos eléctricos en mal estado o sin protección” y luces de emergencia. Además, la escuela requería –según el informe– adecuar los baños para discapacitados, rampas y demoler los muros perimetrales, que están infiltrados por árboles. El presupuesto ascendía a cerca de un millón de pesos. Nada de esto se hizo. En la lista PRO de obras terminadas, aparece una obra de “albañilería, pintura y fachada” por 921 mil pesos, que consistió en pintar el edificio. En la lista de licitaciones, sólo figura otra obra de pintura, por 796 mil.

- Escuela Tomás Santa Coloma, en Santander 1150: también aparece en la lista PRO con un trabajo terminado de “albañilería, pintura y fachadas” y otro de “instalación de gas”. En ejecución, figura la “instalación eléctrica en casa del auxiliar” y, en licitación, otras obras de pintura y de gas. ¿Qué requería esta escuela según un informe de abril de 2008 de la Dirección de Infraestructura del gobierno porteño? El edificio, de 1933, tiene pérdidas en las cañerías sanitarias que provocaron “humedad en las paredes y en los cielorrasos”. Es decir, que se pintó sobre la humedad. “Hay problemas de humedad en la mayoría del establecimiento”, continúa el informe, “lo que produce desprendimiento de revoque y pintura”. “La instalación eléctrica es antigua y está en mal estado, se encontraron cables sueltos e instalaciones a la vista. No posee señalización de medios de salida, ni plan de evacuación, tampoco posee luces de emergencia”, indica el documento, que también alerta sobre la falta de “algunos matafuegos y no posee sistema contra incendio”. También plantea que “no hay rampa de acceso ni baño para discapacitados”. El informe termina recomendando que se reparen “las medianeras, los cielorrasos y los muros, la ejecución de una rampa de acceso y el baño para discapacitados”, la “refacción de los sanitarios con cambios en tramos de las cañerías”, además de “la instalación nueva de electricidad”. Lo que hizo la gestión PRO fue pintar y viene en camino más pintura.

- Escuela Técnica Maestro Quinquela, en Pedro de Mendoza 1777: en el listado PRO, figuran obras de “albañilería, pintura y fachadas” por 1.071.000 pesos y de “instalación eléctrica” por 505 mil pesos. También cuenta como “obra” la “calefacción provisoria por caloventores”, por 10 mil pesos (la instalación de gas está en ejecución, según la gestión PRO). El informe técnico de esta escuela advierte que el edificio carece de condiciones de protección contra incendio y de medios de salida adecuados. Además, señala que no posee ascensor. Indica que “el edificio posee problemas de humedad en la caja de escaleras próxima a la batería principal de sanitarios”. Aquí, una vez más, pintaron sobre la humedad. Los docentes de la escuela técnica, incluso, se acercaron a los albañiles a recomendarles que no lo hicieran, porque la pintura se iba a caer en poco tiempo. El informe también alerta sobre la necesidad de reemplazar barandas y pasamanos en las escaleras. La gestión PRO está licitando otra obra de pintura y más refacciones no especificadas como parte del “sexto grupo del plan integral”, por 1.128.000. Si este plan integral incluyera todas las obras necesarias, ¿por qué empezaron por la pintura?

Para el plan integral –que consiste en licitar obras por grupos de escuelas, en las que parece haberse privilegiado a las más visibles– la gestión PRO volvió a su costumbre de recurrir a las consultorías: gastó un promedio de 120 mil pesos por obra en estudios de arquitectos que completaban los planes de obra que realiza el propio gobierno porteño. A la par de la tercerización, comenzaron a achicar la cantidad de empleados en la Dirección de Infraestructura (ver recuadro). Pese a la prédica de austeridad, la política de despidos le está resultado onerosa a la gestión macrista: un arquitecto que trabaja para el gobierno cobra entre 1600 y 2700 pesos. Los contratistas externos que trajeron reciben un poco más de cuatro mil pesos. A mediados del año pasado, empezaron a discontinuar ese flujo generoso de fondos hacia el sector privado.

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