lunes, 26 de julio de 2010

"PARECE UNA CRUZADA, PARECE EL MEDIOEVO"


Por debajo de “el jerarca”, el cardenal Bergoglio, hay otras opiniones entre los sacerdotes. En esta nota, algunos de ellos explican la postura de los muchos que se oponen a posiciones de autoritarismo.


Por Emilio Ruchansky

Primero fue un cura mendocino, Vicente Reale, que salió por el canal 9 de esa provincia a apoyar la media sanción de la Cámara de Diputados para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Fue el de 11 de mayo y lo justificó utilizando argumentos jurídicos y religiosos. “Quienes poseemos una determinada convicción, sea religiosa o no, podemos defenderla pero no tenemos derecho a condenar o a obligar a otros a que la compartan, mientras no se afecten derechos de terceros”, dijo en su columna semanal de televisión.


Luego fue un grupo de curas tercermundintas cordobeses, que siguieron su ejemplo y sumaron una fuerte crítica a la jerarquía de la Iglesia. Esta semana se sumó un grupo de sacerdotes bonaerenses, encabezados por Eduardo de la Serna, que trabaja en las villas de Quilmes. Representan a la otra Iglesia: la que trabaja a diario con los más desprotegidos y los más discriminados. Ahora, se empieza a pronunciar a favor de la inclusión de las minorías sexuales.


“Me resulta extraño que la Iglesia haga cosas que dice que no hay que hacer. (Antonio) Marino, que es el encargado del seguimiento legislativo, dice que la opinión de la Iglesia no se debe imponer sino sugerir, pero ahora la imponen –señaló De la Serna–. También se decía que la Iglesia no debe hacer lecturas fundamentalistas, como decir que la Biblia sólo menciona a varones y mujeres cuando habla de amor. ¿Y a qué va a decir? ¿Va a hablar de andróginos, hermafroditas, travestis? La Biblia se escribió en un contexto cultural determinado y ese contexto cambia. Dios habla a través de la cultura, su palabra no es una norma dada.”


Esta apreciación llega en momentos en que la jerarquía de la Iglesia Católica organiza marchas a lo largo de país contra el proyecto de ley que permite el matrimonio civil para personas del mismo sexo. “Siempre hablamos de la importancia del diálogo en la Iglesia, pero ahora aparece un jerarca (el cardenal Jorge Bergoglio) hablando de la ‘guerra de Dios’. Parece una cruzada, como en la época de la Inquisición, como si estuviéramos en el Medioevo”, dice De la Serna. Luego reflexiona: “Tiene una actitud tan violenta..., para mí que se equivocaron de siglo”.


Entre las contradicciones que este cura ve en la cúpula eclesiástica está aquel valor, esa norma superior que es la conciencia para los católicos. “Y acá no se respeta la conciencia de los diputados y senadores, la Iglesia los presiona”, señala. En su opinión, la cúpula de la Iglesia estará preocupada porque pierde poder e injerencia. “Estaban acostumbrados a poner y sacar ministros, a instaurar leyes”, dice. El desafío de la Iglesia, agrega, no es imponer su poder, sino buscar un proyecto superador o mejores propuestas de las que se van a debatir en el Senado el próximo miércoles por la mañana.


“Estábamos acostumbrados a no hacer propuestas buenas porque teníamos al público cautivo, que nos debía obediencia de vida”, reconoce el cura, cuya postura de actualizar ciertas nociones y desterrar prejuicios, compartida con quince sacerdotes de Quilmes y otras diócesis, recibió adhesiones de párrocos de varios puntos del conurbano bonaerense. Por ejemplo: San Isidro, Moreno y Lomas de Zamora. Ante la intolerancia vista y oída por estos días por parte de la cúpula de la Iglesia y de varios fieles, este cura acierta a comentar que la gente vive como puede, como siente “y no como le dice el cura”.


“¡Si para la Iglesia el matrimonio civil no es válido! Cualquier católico que esté casado así y no por iglesia es un pecador... entonces, ¿qué les preocupa, si no se está debatiendo legislar sobre el matrimonio religioso para gays y lesbianas?”, razona De la Serna e imagina el caos que sería si otras religiones siguieran el ejemplo de la Iglesia Católica. “Se vuelve teocrático el país”, se responde. Y concluye: “La jerarquía no se resigna a perder el poder de meterse en la cama de la gente. Yo no me hice cura para meterme en la cama de la gente”.


A mediados de junio, se realizó una marcha en Córdoba que convocó a tres mil personas que pe-dían a los senadores nacionales por esa provincia votar en contra del proyecto de matrimonio para personas del mismo sexo. Como respuesta a esta situación, el sacerdote Nicolás Alessio difundió, junto a 11 colegas suyos del Grupo de Sacerdotes Enrique Angelelli, “Aporte al debate sobre la modificación a la ley de matrimonio civil”. Allí se criticaba el “fundamentalismo anacrónico de quienes citan la Biblia para justificar sus propios prejuicios”.


Ya pasó un mes desde entonces y el obispo de Córdoba, Carlos Ñañez, advirtió a cada sacerdote, según cuenta Alessio, y les pidió que se retractaran de sus dichos. “Le dijimos que no íbamos a cambiar de opinión, ni a seguir la sana doctrina de la que hablan. Fue un momento de tensa calma. Nosotros sostuvimos nuestra libertad moral para hablar”, recuerda el sacerdote. Consultado sobre la carta de Bergoglio a las Monjas Carmelitas de Buenos Aires, donde les asegura que en la iniciativa de igualar los derechos de gays y lesbianas “está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios”, Alessio reconoce que siente vergüenza ajena.


“Llaman a un guerra santa con los mismos argumentos medievales que utilizaban para quemar vivas a las brujas. En el fondo, la Iglesia pretende ser la rectora no sólo de la conciencia de la gente, sino de todos los ámbitos: económico, político y social. Desde la conquista española hasta acá, han marcado el bien y el mal, lo que se puede hacer o no. Obviamente no quieren perder poder, quieren ser la única voz autorizada para marcar el camino, pero tarde o temprano la sociedad va a separar a la Iglesia del Estado”, vaticina el sacerdote.


Mientras el clima se “recalienta”, como dice Alessio, “se van cayendo las caretas de la prolijidad con la que se venía tratando el tema”. Ahora la cúpula de la Iglesia hace público lo que piensa. “Y lo dicen con todas letras: que la homosexualidad es una enfermedad, una desviación peligrosa que lleva a la maldad”, dice el sacerdote y advierte: “En estos días puede pasar cualquier cosa, a lo mejor el obispo de Córdoba amenaza con excomulgar a los senadores que voten a favor de ampliar el matrimonio. Lo mismo hicieron cuando se debatía el divorcio, pero al final no excomulgaron a nadie”.


De la Serna, como Alessio, sospechan que en el fondo el tema no les importa tanto a los clérigos locales, más bien podrían tratar de “hacer carrera” con esto. “La línea más dura es la que bajan desde el Vaticano y muchos quieren hacer buena letra, como guardianes de la fe”, señala Alessio. “Sueñan con conseguir un cargo en el Episcopado”, completa De la Serna, que insinúa que lo más preocupante es que los obispos, en este tema, tienen más respuestas que preguntas. Los que no protestan, callan. “Como el obispo (Jorge) Casaretto, que dijo que no ‘es un tema importante’, una actitud muy cobarde, hipócrita”, dice Alessio.


Por otra parte, muchos de los férreos opositores parecen estar en cargos burocráticos, lejos de la calle y también de los fieles. “Yo miro las cosas como la gente las vive y las sufre. Si hacés tu acción pastoral desde el escritorio, esto se vuelve complicado. No tenés idea de lo que le pasa por la cabeza a la gente”, asegura De la Serna.

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