martes, 27 de julio de 2010

REPORTAJE A DIEGO CAPUSOTTO


El actor habla de su rol como humorista y de la televisión actual y niega haberse separado de Fabio Alberti por cuestiones políticas. El 5 de agosto, además, vuelve a la pantalla grande.


Por Mariano Lago.


Desde la pantalla de Canal 7, y sin gran despliegue de producción, Diego Capusotto, artesano del humor, consiguió el reconocimiento de la crítica y el público e impuso entrañables y disparatadas criaturas de ficción como Pomelo, Violencia Rivas, El Emo y Bombita Rodríguez. Junto a Pedro Saborido, su socio creativo, lleva adelante desde 2006 Peter Capusotto y sus videos, el único ciclo humorístico que continúa la enorme tradición de programas de sketches de la televisión argentina, que mañana a las 22.30 comenzará su nueva temporada. La mirada paródica que el actor y el director ofrecen sobre el mundo del rock les valió, además, la admiración de músicos famosos, entre los que se destacan Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati (Peter... “teloneó” los shows de regreso de Soda Stereo). Y gracias al poder de Internet, el ciclo se convirtió en furor virtual: su legión de fanáticos sube, comparte y reproduce los videos del ciclo en YouTube desde mucho antes de que figuras y programas de televisión descubrieran las redes sociales. Todo esto sin superar los 4 puntos de rating, ese bendito nivel de medición tras el cual corren todos los popes del medio y que, en este caso, no sirve para dar cuenta del éxito de Capusotto y su delirante humor.

“Siempre tuvimos 4 puntos y, sin embargo, la gente se ha apropiado de lo que hacemos como si fuera una cierta alianza, que es una palabra que suelo nombrar –empieza a explicar Capusotto–. Es lo que sucede con la gente que ha visto nuestros programas a lo largo del tiempo que hemos estado en televisión; como Cha cha cha, Todo x 2$, Delicatessen o el que estamos haciendo hoy. Se establece algo más genuino y menos compulsivo que lo que sucede con otros programas. En realidad, por eso estamos tan alejados del rating. No porque sea snob, sino porque toda la vida tuvimos el mismo rating. Nunca se modificó y nunca cambió. Y estamos en canales que no tienen grandes pujas por la audiencia. Pero, en definitiva, lo que sucede es que esos programas tienen una pertenencia, nacen a partir de voluntades que se juntan, juegan a hacer algo y tienen alianzas con la gente, que es lo que nos importa. No tiene más pretensiones que ésa”, completa.


Capusotto y Saborido vienen preparando la sexta temporada del ciclo desde principios de año. Su fórmula consiste en llegar a las grabaciones con muchas ideas acumuladas, sobre todo para poder sumar nuevos personajes. Y aunque el ciclo se graba una vez por semana, el trabajo de la dupla es diario. El intérprete de Micky Vainilla y Luis Almirante Brown no se queja. Es más, se jacta de poder trabajar con completa libertad, merced a estar en una emisora que le permite tener “el control de lo que va a salir y cómo”.


–El año pasado hicieron solamente ocho episodios. ¿Ya está definido cuántos serán esta vez?


–Calculo que nos tiraremos a hacer diez programas en vez de ocho. No tiene que ver con algo estético ni nada parecido, pero es la medida justa para que el ciclo no se nos vaya de las manos. No queremos entrar en esa parafernalia industrial en la que después tenés que hacer todo el año un programa y que los últimos tres meses sólo esperamos terminar porque ya tenemos la cabeza quemada. Como ya nos pasó en otros ciclos, queremos evitar que suceda con éste. Tenemos una relación con el canal que permite que salgamos en esta época del año y que sea esta cantidad de programas. Si fuera por el canal, capaz que nos piden doce emisiones, el tema es ver si llegamos bien a eso. En la medida que sintamos que llegamos, lo hacemos. Si no, preferimos hacer ocho y cerrarlo ahí.


–Con esta modalidad de trabajo, ¿creen que Peter Capusotto y sus videos sigue teniendo cosas nuevas para explorar en el futuro?


–Esta temporada hemos encontrado el incentivo de hacerlo y hay personajes que siguen teniendo tela para cortar. Lo que nunca sabemos es si el año próximo vamos a hacerlo o no. Lo sabremos en la medida que tengamos un espacio que nos permita ver si siguen saliendo cosas. Si tuviéramos un contrato que indique que ya en abril tenemos que salir con el programa, y en febrero tenemos que empezar a grabar, probablemente hubiéramos dejado de hacerlo. Mientras sea acotado, empecemos a mediados de año y aparezcan nuevos personajes, el programa siempre se puede seguir haciendo. De todas maneras, no sabemos si vamos a hacerlo, porque tal vez nos volquemos a hacer algo de teatro. Y porque a veces está bien para nosotros darle un descanso de estar un año sin aire. Como nos pasó con el teatro en la época de Todo x 2$, de ver si podemos retomar con más fuerza el mismo proyecto. Esas cosas suelen pasar y suelen dar resultado, porque uno abandona el proyecto un tiempo y después siente que empieza a llamarlo de nuevo.


–¿Qué personajes harán su debut este año?


–En general, intento no adelantar para que el televidente se encuentre con la sorpresa de ver al personaje por primera vez y que ya empiece a formar parte del club. Tanto el año pasado como éste, en el primer programa suele haber más nuevos que clásicos. Pongámosle que de seis sketches, cuatro van a ser nuevos y dos van a ser clásicos; con personajes como Miki, Bombita o Violencia Rivas. Pero habrá personajes nuevos. Algunos ni siquiera los hemos grabado todavía. En realidad, suele pasar que la primera mitad del ciclo hay muchas cosas nuevas y después van cediendo a partir del sexto programa. Hay uno que a mí me divierte mucho que son los Ex Pistols. Hay mucho juego con los “ex”: Ex Pistols, El ex joven. No sabemos si tendrán continuidad o si será una cosa más limitada. Por ahí, si la primera aparición es muy contundente, tienen que quedarse ahí. Además, hay personajes que tienen más para contar que otros.


Capusotto arrancó en televisión en 1992 como parte del mítico De la cabeza. Posteriormente, participó de otros proyectos con espíritu afín, siempre en los márgenes de las corrientes televisivas dominantes, en las que, según él mismo explica, “importa más la efectividad que la calidad de lo que podés hacer”. Y en una televisión en la que el humor aparece casi indefectiblemente ligado a refritar la actualidad televisiva, el cómico es el único dedicado a un humor netamente actoral y con estética y códigos propios. “Se ahorran gastos haciendo programas de humor con archivo y con la posibilidad de que cualquiera pueda convertirse en una especie de personaje que, con dos o tres categorizaciones que el propio medio le hace, se erige en una suerte de personaje cómico. Un periodista que podés ver en TN pasa a ser un pibe gracioso. Digo TN por decir cualquier canal. Por ahí su rol es ser un opinador que empieza a usar un lenguaje humorístico y comienzan a instalarse en el medio como los ‘periodistas simpáticos’, que tienen la posibilidad de relacionarse con algo supuestamente humorístico, e instalan una suerte de personaje. Por otro lado, hay muchos programas de archivo que utilizan el humor, con uno o dos actores y el foco puesto en lo que supuestamente pasa en la realidad. Es más barato y debe funcionar en mucha gente que lo ve. Hacer un programa de humor implica tener ideas, tener elenco y que funcione comercialmente. Eso tiene un gasto mayor que algo que se resuelve con una lata y alguien que conduzca. Me imagino que tiene que ver con eso”, reflexiona.


Y es tajante con propuestas que dicen ser de humor político, como el Gran Cuñado que se emitió por ShowMatch el año pasado. “Son para posicionar candidatos: ése es el subtexto que veo ahí. Siempre se posicionan más o menos los mismos, los candidatos que venden imágenes como electrodomésticos. Cuajan perfecto en programas que no son de humor pero que tienen algo de humor político, como un lugar justo para vender un dentífrico que funciona bárbaro y te deja los dientes hermosos”, manifiesta. Como espectador de televisión, Capusotto dice que no sigue ciclos determinados sino que se “encuentra” con algunas cosas interesantes. Sin embargo, admite que le da más placer mirar una película que dejarse llevar por las opciones que ofrece el medio. “Evidentemente, parte de la televisión está en manos de gente que no tiene nada que ver con uno. No sería programador de televisión, seguramente, ni tendría una oficina con diez televisores atrás ni discutiría proyectos, porque la televisión que a mí me gusta ver probablemente no sea comercial. No es un mundo que me pertenezca. Soy espectador de televisión pero veo lo que se me da la gana”, sostiene con la convicción de quien sabe de qué está hablando.


Estrella de la pantalla estatal en la era Kirchner, de Capusotto se dijo a principios de año que estaba peleado con Fabio Alberti –su ex compañero de Todo x 2$– por diferencias ideológicas respecto del actual gobierno. Algo que el humorista calificó como “un invento de la vulgaridad de los escenarios políticos que hay hoy”. “Piensan que porque estoy en Canal 7 y Fabio no, es como si la confrontación entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo nos atravesara a todos. Yo tomo partido por los escenarios políticos, tengo una mirada social. Soy muchas cosas: a veces soy peronista, a veces anarquista, a veces nihilista. En realidad, ya estaba haciendo el programa mientras hacía teatro con Fabio y él nunca me dijo nada. Evidentemente, la nota sale en revista Noticias con un sentido amarillista. Como una cosa de ‘señora, vea cómo estamos que hasta Alberti y Capusotto se pelean por el kirchnerismo’. Fabio dijo que no trabajaría en el 7, pero no es que dejamos de trabajar juntos por eso. Hemos dejado de actuar por motivos personales de los que si tengo que hablar es con Fabio y no a través de los medios. Porque, además, lo más importante que pasó con él es lo que hemos dejado.”


“Esto forma parte de una cosa vulgar que flota en el aire que me causa mucha gracia, como cuando Sylvina Walger dice que esto es peor que una dictadura –continúa Capusotto–. Lo que ha desatado este conflicto es que los gorilas acérrimos, que con el menemismo les encantaba estar en contra porque tenían su parte progresista lavada, hoy saltan cuando se tocan ciertos intereses y muestran su antiperonismo acérrimo y se colocan en los peores lugares. Venimos de un país con treinta mil desaparecidos o de una Alianza con treinta muertos en la calle, y estos hijos de puta hablan... Pareciera que uno está adentro de ese conflicto por estar trabajando en Canal 7, cuando estamos ahí porque permite que hagamos lo que hacemos como lo hacemos. Por otro lado, prefiero ser señalado por eso y no por haber estado en la época de la Alianza en Canal 7. Muchos de los que hoy ponen el grito en el cielo formaron parte de eso que terminó como terminó, con el corralito y treinta muertos en la calle”, esgrime.


En ese sentido, y aunque sostiene que no se siente oficialista, expresa sin problemas su simpatía por el actual Gobierno. “Estoy corrido y, de hecho, suelo mirar las estructuras de poder con cierta desconfianza. Pero me parece que el kirchnerismo es una construcción interesante, cuando lo que se coloca enfrente como oposición con proyección de poder me resulta una construcción desechable, no algo interesante a discutir. No salgo con una bandera, pero soy kirchnerista con respecto a Elisa Carrió o a Mariano Grondona. De alguna manera, el peronismo ha interpelado a enemigos ideológicos que uno tiene. Son como los ‘anti Maradona’. Uno empieza a ver quiénes son y se hace maradoniano, porque el antimaradoniano suele ser un ser execrable cuya finalidad es atacar a Maradona nada más que para ser un personaje que llena un poquito su nada. El problema es que ni siquiera hay cuadros de derecha a respetar. En realidad, están en los medios para exacerbar a cierto sector progresista a partir de un personaje berreta que hacen, pero no tienen nada para debatir, no son nada. Solamente son personajitos efectistas en una obra de teatro. Es parte de la berretada.”

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