jueves, 16 de agosto de 2012

CANSADOS DE LOS ROBOS, UN GRUPO DE VECINOS CONSTRUYE UNA COMISARIA

Son familias del barrio San Cayetano de González Catán, en La Matanza. La seccional más cercana está a más de 30 cuadras. Los delincuentes rompen las lámparas de luz y cobran "peaje". Por allí, no pasan colectivos ni entran ambulancias. Esperan que el Ministerio de Seguridad provincial envíe policías.

Por: Juan Diego Britos.

Los vecinos del barrio San Cayetano se sienten en el fin del mundo. Para darles la razón, sólo basta con mirar las calles del lugar, transformadas por la lluvia en un laberinto intransitable de agua y barro. Los únicos caminos de asfalto, que sirven para llegar desde la Ruta 21, fueron construidos hace seis meses. Pero no alcanza. Al lugar, no entran las ambulancias y los patrulleros deben ser remolcados cada vez que quedan encajados en los baches del barrio, ubicado en González Catan, al sur de La Matanza, la zona más postergada del municipio más grande del país. Tiene 14 manzanas, alrededor de 400 casas y muchas necesidades. La mayoría de sus habitantes son paraguayos y bolivianos. También hay personas de otras provincias argentinas. Son gente de trabajo. Se nota en la humildad con la que reciben a Tiempo Argentino. Pero están cansados de ser invisibles y haberse convertido en víctimas de esa sensación que el ex ministro de seguridad provincial, Carlos Stornelli, llamó "inseguridad".
A San Cayetano no llegan las cámaras de televisión ni el agua potable. La parada de colectivo más cercana está a siete cuadras. Y la comisaría con jurisdicción en la zona, a más de 30. Por eso, desde hace algunos meses, antes de salir hacia sus trabajos, algunos vecinos se mensajean vía celular para agruparse y caminar juntos para ir a tomar el remis que -por $ 1,50 cada uno- los lleva hasta la ruta.
La decisión la tomaron porque se hartaron de pagar "peaje" cada vez que salían a la calle. "Sé que hay una señora que sale a trabajar a la misma hora que yo, entonces la paso a buscar por la casa", dice Juan Carrizo, uno de los primeros pobladores del barrio, que llegó en 1987 en busca de un techo propio. "Esto era todo campo. Ahora -se enoja- somos el último orejón del tarro."
Pero los vecinos no sólo se juntaron para evitar robos sino que además comenzaron a construir su propia comisaría y así evitar las excusas de las autoridades. Domingo Cáceres, que llegó al barrio en los primeros años de la década del '90, comenta que la necesidad y el miedo llevaron a los vecinos a levantar con sus propias manos la dependencia policial.
Ahora esperan que el Ministerio de Seguridad provincial autorice el envío de policías a la zona.
"Hay días en que la gente -cuenta- no puede salir a trabajar porque hay algunos que se aprovechan y roban. No tenemos quién nos cuide. Pedimos que se haga una subcomisaría en el barrio por alguna urgencia y como no tuvimos respuesta, la construimos nosotros."
Según Domingo, el patrullero de la comisaría de Villa Dorrego pasa por el lugar dos veces por semana. "Son pocos policías y los patrulleros no pueden transitar las calles. Tendrían que mandar camionetas, no los autos que tienen ahora. Asaltan a señoras, mujeres que salen de compras, chicos que van a colegio. No perdonan ni a las embarazadas que van camino al hospital, roban a todo el mundo", agrega.
"En este barrio, se arriesga la vida por un bolso. Vine cuando tenía 20 años, ahora tengo 40, ¿cuánto más voy a esperar para tener seguridad? Necesitamos que nos cuiden. ¿Tiene que morir alguien para que hagan algo? Es difícil sentirse ciudadano cuando faltan tantas cosas", se queja Domingo.
Para Juan Carrizo, otro de los temas que preocupa es la iluminación del barrio. "Los ladrones rompen las lámparas y se paran en las esquinas a cobrar peaje. Casi siempre a los bolivianos. Los aprietan, les sacan lo que pueden. También -explica- aprovechan que las calles están en muy mal estado. La patrulla municipal pasa siempre a la misma hora. Entonces, los chorros esperan que pase y después roban. Si salís antes o después, te roban. Acá reina la ley de la jungla, si me tocás, te mato. Así de simple."
La comunidad boliviana es la más desprotegida. René Mendoza es boliviano y lucha para que su barrio prospere y reciba los servicios que merece. Por eso, la semana pasada, René y un grupo de vecinos fueron a hablar con el subsecretario de Obras Públicas de la zona sur de La Matanza. Querían hablar sobre el estado de las calles porque, días antes, de madrugada, una patrulla quedó atrapada en uno de los tantos cráteres del barrio y la gente tuvo que salir a remolcarla. Cuando llegaron, les informaron que el subsecretario estaba en una reunión pero salió el subdelegado municipal de González Catán, Jorge "Coco" Gómez, y los amenazó con sacarlos con la policía. Finalmente, los atendió de muy mala manera. "Se sentó sobre el escritorio, de brazos cruzados, como diciendo: 'Soy el que manda'. Le dijimos que no queríamos bolsas de mercaderías, ni plata. Sólo le pedimos que arregle las calles", recuerda René.
Raúl, formoseño de nacimiento, agrega que cada vez que sale para ir a su trabajo lleva las monedas justas y elige la ropa más fea de su ropero por si lo asaltan.
"Llevo la vianda, alpargatas y una campera vieja", detalla entre risas, con una afiche político que promete "asfalto para todos" a sus espaldas. <

Fuente: Tiempo Argentino.

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