lunes, 20 de agosto de 2012

LA GUERRA DE LOS TRENES ENTRE FRANCIA E ITALIA

Se pelean por no recibir inmigrantes pobres. La inmigración de los indigentes africanos hacia el continente otrora rico, Europa, desvela a los dirigentes políticos de la Unión. Los galos cortaron por lo sano y suspendieron el servicio ferroviario entre la ciudad italiana Ventimiglia y la francesa Menton.

Por Alfredo Grieco y Bavio

Antes de las protestas libias iniciadas en febrero, convertidas a la semana en guerra civil, el coronel Muammar Khadafi había advertido a las potencias occidentales que era en su propio interés que debían preservar regímenes como el que él encabeza en el norte de África porque si no “les iba a llenar Europa de negritos”. La advertencia, o amenaza, se refería a un desequilibrio demográfico entre las dos orillas del Mar Mediterráneo.

Si los pobres ciudadanos africanos querían ingresar a la rica Europa, naciones ribereñas como Grecia, Italia, España y aun Francia eran las más desprotegidas, y los gobernantes corruptos y antidemocráticos, desde Egipto hasta Marruecos, eran mejores gendarmes que los de una Unión Europea incapaz de patrullar exhaustivamente sus costas.

Con la caída de los gobiernos de El Cairo y Túnez, y con la actual guerra en Libia y la migración o huida en masa, generalmente vía las islas italianas del sur, las más cercanas al continente europeo, el conflicto bélico pareció trasladarse y Roma y París se enfrentaron. El gobierno conservador francés de Nicolas Sarkozy frenó los trenes, a su juicio demasiado cargados de migrantes, que provenían de suelo italiano. El destino de los árabes norafricanos era la tierra francesa, en la cual crece la ultraderecha de Marine Le Pen, hija del líder xenófobo Jean-Marie Le Pen, y a la cual, y a sus votantes, la derecha a secas de la presidencia quiso hacer un signo de aquiescencia. Aunque el costo fuera la violación de tratados fundamentales de la Unión Europea.

El ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Franco Frattini, calificó el martes pasado como “sorprendente” la suspensión temporal del servicio de trenes entre la localidad italiana de Ventimiglia y la francesa de Menton. La finalidad no era otra que bloquear la entrada de migrantes, principalmente tunecinos, que habían ingresado a la Unión Europea por la puerta italiana, que según los franceses se abría demasiado fácil. “El bloqueo es sorprendente. Hay algunas cosas que queremos entender mejor”, dijo Frattini en una entrevista que publicó el diario italiano La Repubblica.

La inusitada, y en el actual contexto inesperada, decisión francesa desató una fuerte polémica en Italia. El Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno del megamagnate de los medios de comunicación, Silvio Berlusconi, ha dado instrucciones a su embajador en París para presentar una protesta formal de parte del Poder Ejecutivo italiano.

Frattini expresó su confianza para que Francia aclare la suspensión temporal antes de la cumbre bilateral, que se celebrará el próximo 26 de abril. “Tenemos que salir de esa reunión reforzando la voluntad de Italia y Francia de continuar trabajando juntos, en inmigración pero también en política industrial”, añadió.

El canciller italiano dijo además no entender estas tensiones tras la decisión “positiva” de la Unión Europea de “aceptar, como prevén las leyes comunitarias, los permisos temporales expedidos por Italia”. “Si la situación continuase sería mejor decir que hay que dar vuelta la página sobre el tema de la libre circulación, que es uno de los fundamentos de la Unión (Europea). Pero estamos convencidos de que Francia lo aclarará”, añadió. Frattini no evitó referirse a la propuesta lanzada por el federalista partido italiano Liga Norte (LN) de boicotear la compra de productos franceses en Italia ante la negativa de las autoridades de Francia de hacerse cargo de parte de los indocumentados tunecinos y dijo que “no sirve amenazar con acciones de este tipo”.

El gobierno italiano atribuyó la nueva política de fronteras adoptada de hecho por Francia al temor ante la posible llegada masiva de inmigrantes después de que el gobierno italiano decidiera conceder permisos temporales de residencia a aquellos inmigrantes tunecinos, considerados inmigrantes económicos, que llegaron antes del 5 de abril. “Quizá se han dado cuenta de que la apertura habría multiplicado las llegadas, porque es verdad que la mayoría de los tunecinos quieren ir allí, o quizá las 300 personas que protestaban en Ventimiglia han creado preocupación pero, sinceramente, no es razón suficiente para justificar el cierre de uno de los ejes transeuropeos más transitados y delicados”, señaló.

La localidad italiana de Ventimiglia es hogar de sólo 25.000 migrantes tunecinos que han llegado desde enero a Lampedusa, una pequeña isla que está casi a mitad de camino entre Sicilia y Túnez. Pero cada noche arriban en tren más personas con pasaje de ida desde Roma, la capital, avivando las preocupaciones de que la emergencia empeore. Los que están demasiado cansados para intentar cruzar la frontera aceptan ser llevados a centros temporales donde encuentran asistencia médica, alimento y una cama.

Como Túnez es una ex colonia francesa, sus habitantes son francófonos –es decir, además del árabe hablan o conocen bien el francés–. A esto se añade, precisamente por la situación poscolonial, que existen en Francia o Bélgica redes de sostén de parientes, amigos, vecinos u otros connacionales de los que esperan auxilios para integrarse como trabajadores a la vida económica europea.

Fuente: Revista Veintitres.

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