sábado, 25 de agosto de 2012

MAMAS Y PAPAS FELICES: YA ABRIO LA PRIMERA SALA DE TEATRO SOLO PARA BEBES

Exclusivo para chicos de 8 meses a tres años. Tiene capacidad para 60 nenes y 125 adultos, para sentarse no hay butacas sino colchonetas, y la duración de las obras que se presentan coincide con el tiempo que los más chiquitos pueden prestar atención y concentrarse.
 
Por: Elisabet Contrera.
 
Colchonetas de colores tapizaban el piso al pie del escenario. Los más independientes corrieron solitos y se ubicaron en las mejores butacas imaginarias. Otros, con timidez, exploraban la sala de la mano de mamá o papá. Los más chiquitos, a upa, miraban hipnotizados a su alrededor y usaban de chupete su dedo gordo. Ellos fueron los invitados especiales a la inauguración de la primera sala de teatro para bebés en la Argentina, un lugar especialmente adaptado para que los más pequeños puedan disfrutar de estos espectáculos, jueguen y aprendan libremente.
La sala está destinada exclusivamente a niños y niñas de entre ocho meses y tres años. Tiene capacidad para 60 bebés y 125 adultos y funciona en el Taller del Ángel, ubicado en Mario Bravo 1239, en el barrio porteño de Palermo. Los creadores de este proyecto son la actriz Patricia Palmer, directora del Taller, un equipo de arquitectos y escenográfos conducidos por Lydia Redelico y Gabriela Hillar, directora del Proyecto Upa, la primera compañía de teatro para bebés de América Latina con más de diez años de trayectoria.
En diálogo con Tiempo Argentino, Hillar explicó la propuesta. "La sala respeta los códigos de 'ir al teatro', una salida en familia con el objetivo de ir a ver un espectáculo. Este lugar con plateas blandas, plateas para cochecitos y luz tenue, les permite reconocer el espacio libremente, experimentarlo y luego elegir junto a quien sentarse cuando comienza la obra". Las reacciones de los pequeños espectadores son variadas. "Algunos prefieren continuar su marcha, bailar con sus padres o sentarse a upa para disfrutar de lo que sucede."
"Son propuestas que tienen una duración acotada, ya que respeta los tiempos naturales en los que estos pequeños pueden estar concentrados", aclara la especialista. "Sabemos que en la platea ocurren tres fenómenos: por un lado los niños que disfrutan del espectáculo e interactúan ante cada propuesta o canción, por otro los adultos que disfrutan de ver disfrutar a sus bebés, y finalmente, los bebés que disfrutan del encuentro con otros bebés", remarcó.
Faltaban 20 minutos para el inicio del show y el hall se había convertido en tierra de niños. Mientras los grandes hacían malabares para sostener bolsos, mamaderas y abrigos, los más pequeños saltaban, corrían y se arrastraban por cada centímetro libre. Abrieron las puertas y una avalancha de pañales entró a la nueva sala. Los más pequeños coparon las colchonetas de colores ubicados al pie del escenario, mientras que los hermanos mayores y adultos se acomodaron en las sillas dispuestas en gradas.
A sala repleta comenzó la primera función de "Canciones a upa y arriba el telón", que se presentará todos los domingos a las 15:30. Es una pieza teatral que relata situaciones que atraviesan los bebés, como por ejemplo dejar el chupete, aprender a compartir, recibir al nuevo hermanito. El espectáculo combina música, colores y baile en el escenario. Las protagonistas de la obra son dos jóvenes actrices que personifican a dos nenas. Apenas aparecieron en el escenario, con sus vestidos con toda la paleta de colores, captaron la atención de los pequeños espectadores.
Para la primera canción, las chicas presentaron al público una mamadera y un chupete gigantes. "¿Por qué será que cada vez que lloraba, mi mamá me ponía el chupete?", le preguntó la nena morocha a la rubia. "¿Qué tendrá que ver?", agregó, despertando la risa cómplice de los más grandes. "Después de un día para otro me lo sacó y me dijo que era grande. Y yo dejé de usarlo porque mi mamá se ponía contenta si no lo usaba", explicó.
Mientras tanto, a la altura de las colchonetas, un petiso de rulos intentó romper la única regla de la sala: no subir al escenario. Él quería jugar con la mamadera gigante, pero no logró escapar de las manos de su madre. Unos pasos más atrás, otro niño, disconforme con el espectáculo se quería retirar enfáticamente. Intentó huir cuatro veces, pero su abuelo -con cancha en la materia- frustraba sus planes.
Arriba, en el escenario, las actrices dejaban el lugar a dos títeres que llegaron con canciones sobre la amistad y recomendaron al público bajito no pelearse con sus amigos. Luego, las chicas llenaron el escenario con peluches y pelotas gigantes. Primero, compitieron sobre quién tenía el juguete más grande y luego decidieron compartirlos. Después, aparecieron con dos telas muy largas en turquesa y naranja y caminaron con ellas entre los pequeños espectadores para jugar con ellos. "No, no, no", gritó una beba, con el chupete en la boca, cuando una de las chicas la envolvió con la tela mágica.
El espectáculo de 35 minutos estaba a punto de terminar y un pequeño rubio decidió acercarse al sector de las colchonetas. Había visto todo el show desde las gradas, con su mamá al lado. Saludos, besos voladores, las últimas fotos llenaron la despedida. La alegría flotaba en las caras de los más pequeños y de sus padres.

Fuente: Tiempo Argentino.

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