miércoles, 1 de agosto de 2012

"EN BOLIVIA SE ESTA LIBRANDO UNA GUERRA EN TERMINOS DEMOCRATICOS"

Entrevista al asesor del vicepresidente Alvaro García Linera. El afirma que su país está en un proceso irreversible de radicalización de la democracia con el fin de establecer un Estado plurinacional, basado en los principios del socialismo y el indigenismo.

Por:Andrés Criscaut
En Bolivia la oposición de Santa Cruz ya no existe, es parte del pasado. Ahora estamos en un proceso irreversible de radicalización de la democracia para afianzar el primer Estado plurinacional, socialista e indígena de América", enfatizó el sociólogo Juan Carlos Pinto Quintanilla, uno de los más estrechos colaboradores del vicepresidente Álvaro García Linera, con quien compartió militancia y cárcel en los turbulentos años noventa del siglo pasado. Coordinador general de la Enciclopedia Memoria Constituyente de Bolivia, Pinto Quintanilla viajó a Buenos Aires para dar charlas en el Centro de la Cooperación Floreal Gorini y dialogó con Tiempo Argentino sobre la crucial etapa de cambios revolucionarios en la que está Bolivia.
?¿Que pasó con la oposición, con las "dos Bolivias" y la posible secesión de la "medialuna" de Santa Cruz, la zona rica en hidrocarburos y agricultura que eternamente quiso separarse del altiplano?
-La "medialuna" ya no existe. La oposición visible fue derrotada en las urnas, en las calles y en el discurso. Ya no hay nada hoy en Bolivia que no gire en torno al proceso de cambio. La nueva Constitución plurinacional es un referente absoluto para todos, incluso para esa oposición que ahora se está incluyendo en el proceso de cambio.
-¿Se están afiliando al Movimiento al Socialismo del presidente Evo Morales?
-Sí, incluso los grupos de choque de la "juventud cruceñista" que antes perseguían y apaleaban a campesinos. Pero no son una "quinta columna", son más individualidades que intentan "salvar el pellejo" que un conjunto unificado.Esto también demuestra que el MAS no tiene filtros para discernir. Esa falta o desarticulación de organicidad ahora es un problema y una traba. Debemos cambiar, pues hemos superado cuatro años de zozobra y confrontación, de amenazas paramilitares cruceñas y de emergencias de golpes, incluso de la posibilidad de la desarticulación de Bolivia como país. Aunque el MAS logró salir de su "occidentalización" altiplánica y se hizo hegemónico, esa hegemonía también es parte de los sectores que han perdido y que quieren integrarse al proceso de cambio.
-¿Cómo se encuentra el cambio impulsado con la Constitución, en particular la creación del Estado plurinacional y multicultural?
-Se trata de lograr la convivencia de una mirada "republicana" con una nueva, múltiple y plurinacional que hasta ahora estaba oculta y sometida. La nueva Constitución no plantea superponer una a la otra, sino lograr una suerte de empate donde convivan derechos comunitarios con individuales, cooperativismo con el sector privado, etcétera. No queremos venganza ni arrasar con nada, sino un nuevo comienzo más respetuoso con los deseos y las necesidades de la mayoría.
-¿Pero tanta pluralidad, intereses y actores en juego no puede desembocar en algo ingobernable y caótico?
-Sin duda, pero es nuestro propio caos. Nos hemos atrevido a transitar un camino propio, y no es una abstracción intelectual ni una construcción colectiva. Eso se refleja en el liderazgo de Evo Morales, en donde más que razones "racionales" convergen muchos sentimientos y una fuerte carga histórica de los pueblos indígenas que empujaron mucho para este cambio. No es algo fácil, especialmente en una sociedad tan encontrada históricamente como la boliviana y donde es complicado encontrar un punto de convicción para que los sectores dominantes también participen. Sabemos que en esos términos la guerra está declarada, pero sabemos también que se aceptó hacerlo en términos democráticos y para construir un socialismo que incorpore las experiencias comunitarias indigenistas.
-Es claro que el presidente Morales significó el comienzo de algo nuevo, pero también él es el final de un largo proceso de toma de conciencia y de accionar político de los excluidos y marginados, algo que antes no existía. ¿Cómo y por qué ocurrió eso?
-Fue un proceso con dos ejes: una memoria larga y otra corta. La primera tiene un sesgo anticolonial que significa lo que no queremos y afirma lo que somos. Esto fue un proceso permanente, acumulativo y de larga data que no tenía resolución: ni por los sectores dominantes que intentaron falsamente incluir a los excluidos en algún momento, ni por la izquierda que simplemente ignoró esta mayoría. Esta se cruzó con una memoria más corta, reciente y que puso en debate el modelo liberal, porque este ya ni siquiera permitía creer en la bonanza y la inclusión del mercado y la política. Estas dos miradas hicieron crisis con las "guerras del agua y del gas", cuando las personas ya no confiaron más en quienes las representaban, y asumieron la idea de "votar por ellos mismos". Por eso Evo no es un cambio electoral, sino un quiebre histórico, en el cual la mayoría de los bolivianos ahora pueden verse reflejados.
-¿Pero tuvo un gran componente de hartazgo más que de toma de conciencia organizativa?
-Sin duda, el MAS de Evo y el movimiento indígena originario se constituyó como un instrumento en oposición a lo que ya existía. Ese fue el punto de partida que desembocó en la nueva etapa de refundación constitucional en la cual nos encontramos. Seguramente tendremos complicaciones, pues es más fácil ser oposición que hacer gestión, sobre todo porque no tenemos un aparato partidario que genere cuadros políticos que permitan asumir responsabilidades colectivas y de gestión.
-¿Por qué habla en términos de partido y no de Estado?
-Porque ahí radica parte del conflicto actual: no está claro dónde termina el partido y dónde comienza el Estado. Se está dando una suerte de fusión por las características orgánicas que tiene el MAS (que permitió ganar seis elecciones en los últimos cinco años), pero ahora se están viendo sus carencias para convertirse en un instrumento de poder que pueda equilibrar un Estado que incluya más actores y organizaciones. En este momento estamos en una situación "peligrosa" en que el Estado está jalando a las organizaciones sociales y potenciándolas para generar con ellas una organicidad y una presencia estatal en donde antes no la había, pero esto sin dejar de resolver las necesidades de la gente y el proyecto de país a largo plazo.
-¿Está hablando de una "peligrosidad" porque se está generando una oposición dentro de los mismos movimientos de base y de las organizaciones indígenas?
-No es un peligro, es la expresión de la pluralidad que hemos asumido como una forma fundamental de hacer política. Es cierto que hay desencuentros en términos de plazos y que algunas organizaciones están "pasando factura" para sus demandas sectoriales o regionales. Dicen que si hemos vencido a la oposición es hora de los beneficios, pero pierden de vista la mirada estratégica de transformar el Estado, aunque el Estado también pierde un poco de vista sus necesidades. Está bien tener blindada la economía o divisas de reserva, pero también hay que dar trabajo.
-¿Cómo salvar ese incipiente divorcio?
-Es que no se puede negar el sesgo "expoliador y reservista" que tiene el Estado, su costado de lógica liberal de construir carreteras, explotar los recursos naturales, etcétera. Eso hay que cumplirlo, pero a la vez choca con esa otra visión, un poco "de exportación", sentida por una parte de la intelectualidad aymara y vivida por los pueblos indígenas. Ellos buscan una forma de desarrollo distinta a la acumulación sin equidad, pero esto se debe entroncar con el modelo anterior para avanzar en la "radicalización" de la democracia y en la transformación del Estado. Se trata de lograr que las organizaciones sociales se apropien de la voz y la gestión de gobierno, pero sin que el Estado pierda su autoridad legal y legítima.
-¿Tienen algunos modelos o experiencias previas en mente, o es algo bastante inaudito y con un alto grado de improvisación?
-Implica bastante creatividad. Obviamente, la propuesta democratizante-liberal tiene más sustento porque tuvo una larga experiencia y mucho respaldo teórico e intelectual. Pero más allá del debate es importante cómo materializar nuevas propuestas y alcanzar la construcción de un socialismo comunitario. Un ejemplo: aspiramos a que el modelo comunitario vaya invadiendo y transformando las estructuras neoliberales dentro de los parámetros democráticos. Pero si bien tenemos la experiencia de este modelo funcionando a escala local aún o sabemos cómo se traduce a una escala de país.
-Un campo tan interesante como complicado por explorar.
-Es un equilibrio complicado el ejercitar la gestión "con dos cabezas" y pensar en un proceso dual, pero sin dejar que las prioridades terminen atropellando los principios. El Estado sigue siendo quien define el nivel y la profundidad de los cambios, pero aportamos a un encuentro entre marxismo e indianismo como perspectiva para Bolivia.
-Suena bien, ¿pero no terminará en uno más de los intentos de la izquierda que irá al "basurero de la Historia"?
-Es que nosotros en Bolivia estamos haciendo acción revolucionaria, y es a partir de ahí que hacemos teoría.

Fuente: Tiempo Argentino.

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