miércoles, 29 de agosto de 2012

LAS VENTAS DE ARMAS, UN NEGOCIO EN ALZA QUE ALIMENTA LA VIOLENCIA

Por Alejandro Marinelli

Es un comercio global de US$ 70.000 millones y que provoca unas 750.000 muertes al año. Por falta de regulaciones y leyes opacas, crece sin límites. Este mes, 193 naciones tratan el caso en la ONU.
 
Amparados en legislaciones sinuosas que permiten serios agujeros legales, las ventas globales de armas crecen sin pausa . Miles de ametralladoras y municiones terminan en manos de regímenes que aniquilan rebeliones. Atraviesan los océanos dentro de contenedores sin regulaciones que lo impidan. Aviones, tanques y fusiles se exportan por partes y se arman como letales rompecabezas en el país de destino. Un negocio que reparte ganancias anuales por US$ 70.000 millones y que en ese lapso provoca unas 750.000 muertes y millones de heridos. El comercio mundial de armas genera cifras que alarman, pero varias de las potencias que lo lideran parecen no querer modificar esa delicada situación.
Los tratados internacionales amparan acuerdos sobre armas nucleares, químicas y biológicas, pero aún no intervienen sobre armas convencionales, que son las que se usan para cometer la mayor cantidad de crímenes. Estas transacciones están sostenidas con legislaciones que no reglamentan con claridad cómo, adónde ni tampoco a quién se le puede vender .
Un gigante de la industria militar como EE.UU. vende armas a 18 países envueltos en conflictos armados. Y de sus mayores 25 compradores, 13 son países declarados antidemocráticos por el propio Departamento de Estado. Esto resulta posible porque no hay requisitos que impidan vender a quienes cometan delitos contra la humanidad. “Las ventas de armas mal reguladas o ilegales contribuyen a fomentar los conflictos , aumentar la corrupción y también a afectar el desarrollo económico, en especial en los lugares más pobres del mundo”, señala el especialista en armas de la BBC, Jonathan Marcus. “De Congo a Libia, de Siria a Malí, todos han sufrido por el comercio no regulado de armas y municiones, permitiéndoles a estos conflictos causar daños inconmensurables y perpetuarse. Muchos de los que venden no quieren que nada se reglamente porque así sus ganancias disminuirían sensiblemente”, agrega Anna MacDonald, de la ONG humanitaria Oxfam.
Entre los destinos aparecen países en desarrollo; quienes les venden son las principales potencias económicas. A EE.UU., primer exportador mundial, lo siguen Rusia, Alemania, Francia y el Reino Unido, todos salvo los germanos, son parte del reducido grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. La venta total de armamento de estos cinco países subió en un 24% desde el 2007 para acá.
“Las regulaciones internas de los países por sí solas no son suficientes. No son universales y pueden presentar vacíos o fallas. Si hay criterios y mecanismos de rendición de cuentas comunes se puede prevenir que haya actores o gobiernos que se aprovechen de dichos vacíos”, diagnostica Diego Fleitas, de la Asociación para Políticas Públicas de Argentina.
Hay una parte de las ventas que se realizan de manera ilegal y que en la mayoría de los casos cuenta con la venia del gobierno del país comprador. Es un tráfico que preocupa pero está librado a las voluntades políticas y no jurídicas. Está claro que si los funcionarios quisieran frenarlo podrían hacerlo porque la transacción no se ampara en las normas. Pero más graves son las fallas legales que provocan los huecos aprovechados por los vendedores de armas.
Un ejemplo puede ilustrar mejor la situación: entre 2005 y 2006, Zimbabwe compró 12 aviones de entrenamiento avanzado K8, en los que había piezas del Reino Unido (asientos eyectables), Estados Unidos (panel de instrumentos de cabina) y Ucrania (motores), mientras que los planos de la nave se habían basado en diseños mixtos chino–pakistaníes y los modelos fueron construidos en China. Esta operatoria no burló ninguna de las legislaciones de los países que intervinieron. Fue armada para cumplir y poder hacer de manera oficial la venta de las naves.
Para discutir esta problemática, desde esta semana y hasta fin de mes, diplomáticos de 193 países se reunirán en la sede de la ONU en Nueva York. En complejas negociaciones intentarán establecer el primer tratado vinculante que controle la venta de armas en el mundo. “La iniciativa más importante de la historia sobre regulación de armas convencionales en la ONU”, presenta con mucha pompa la página web de la conferencia.
Con las fuertes presiones que imponen los que no quieren modificaciones, varios participantes señalaron que estarían satisfechos si se acuerda una base para las transferencias internacionales “que obliguen a los Estados a cumplir ciertos estándares”. Todos aclaran que no se busca prohibir la exportación de armamento, ni interferir en los comercios nacionales o la regulación doméstica.
“Nosotros vamos a reclamar que en el tratado se incluya una regla de oro, que impida a los países autorizar transferencias de armas cuando haya riesgo de que sean usadas para cometer o facilitar violaciones a los derechos humanos”, explica desde Estados Unidos la directora de Amnistía Internacional Argentina, Mariela Belski.
También desde allá analiza la diputada del GEN-FAP, Margarita Stolbizer, quien estuvo en Nueva York con el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, como parte de un grupo parlamentario global que apoya el acuerdo. “En América Latina, el comercio ilegal lleva las armas a las organizaciones del delito complejo, especialmente el narcotráfico y la trata de personas. Es muy importante que se apruebe un tratado. Pero también será decisivo crear un mecanismo de seguimiento para que las leyes se apliquen en los países y se acabe el comercio irresponsable”.
 
Fuente: Clarin.

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