lunes, 20 de agosto de 2012

LOS "TECHOS DE CRISTAL" QUE AUN QUEDAN POR ROMPER

Género y poder. Si bien la mujer avanzó en ocupar puestos de decisión dentro de la política partidaria, la equidad de género en el poder judicial, sindicatos, medios de comunicación, ciencia y tecnología todavía está muy lejos.

Por Soledad Lofredo     
  
En la Argentina, de cada diez puestos de máxima autoridad, menos de dos son ocupados por mujeres a pesar de obtener espacios de poder en los últimos años. Donde más se avanzó es en los espacios parlamentarios. Sin embargo, en el poder judicial y con más profundidad en las organizaciones de la sociedad civil hay mucho camino por recorrer en la búsqueda de la equidad de género.
“Hay mucha desigualdad, y eso nos sorprendió realmente, porque pensamos que no había tanta lejanía entre sexos”, aclara Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), una organización sin fines de lucro que hace relevamientos sobre políticas públicas. “La sensación previa que teníamos es que la mujer estaba razonablemente consolidada, porque teníamos los ejemplos de la legislatura y los puestos judiciales. Pero con los resultados miramos el panorama en un contexto más amplio, y notamos que el resultado es la mitad del mínimo que propone la Ley de Cupo, y que es enorme el trabajo de concientización que hay que hacer para que los resultados sean más diversos”, agrega Gherardi.
ELA además confecciona el Índice de Participación de las Mujeres (IPM), tomado como referencia por organismos internacionales a la hora de proponer políticas. EL IPM es un valor que varía del 1 al 10. A medida que se acerca al punto 5 –punto que revela la equidad de género–, “nos aproximamos a una sociedad más justa y equitativa entre mujeres y varones”. Actualmente, la Argentina ostenta el nivel dos, estos es categoría “crítica”.

Los mejores, los peores. La Ley de Cupo, sancionada en 1991, impuso a los partidos políticos tener un mínimo de 30 por ciento de mujeres en sus listas. En 1983, las legisladoras cubrían un 5 por ciento; ahora, el 40. Sin embargo, eso no garantiza la igualdad: el porcentaje total en los puestos de máxima autoridad política –poder ejecutivo, legislativo y judicial– es inferior al 20 por ciento.
El informe de ELA muestra que el gabinete actual se encuentra conformado por 14 ministros y 3 ministras (18 por ciento). A nivel provincial, con excepción de Tierra del Fuego, los 23 distritos restantes son gobernados por hombres. Sin embargo, la presencia de las mujeres aumenta en las vice-gobernaciones, donde el porcentaje femenino alcanza el 25 por ciento.
La presencia de mujeres en el Poder Legislativo Nacional llega al 38 por ciento. Este dato ubica a Argentina en el puesto 12 a nivel internacional, superando a Gran Bretaña, Alemania y Canadá. La proporción de mujeres es actualmente similar en las dos cámaras: 38 por ciento en diputados y 36 por ciento en el Senado. Sin embargo, esta proporción no se refleja dentro de las Cámaras en los cargos jerárquicos más altos: en Diputados hay sólo cinco mujeres presidiendo bloques; en Senadores, nueve.
En el Poder Judicial, las mujeres constituyen el 54,4 por ciento del total del personal. Sin embargo, a medida que se asciende en los puestos, el número desciende. Sólo el 15 por ciento ocupa los puestos de mayor jerarquía institucional.
Por ejemplo, en la composición del Consejo de la Magistratura –órgano clave para el nombramiento de jueces–, de 13 integrantes, 12 son varones y una sola es mujer; en la Corte Suprema de Justicia, de siete integrantes, dos son mujeres. En 18 provincias, no se alcanza el mínimo de 30 por ciento de Consejeras.
En Economía, el IPM registra el valor más bajo: 4,4 por ciento. Esto sucede tanto en el sector empresarial público o privado. En este caso, según el informe, los datos confirman la metáfora del “techo de cristal”: existen un conjunto de barreras invisibles pero reales que obstaculizan el acceso de las mujeres a posiciones de máxima autoridad en el mercado laboral.
En cuanto a las organizaciones de la sociedad civil, las mujeres tienen aún una menor incidencia que en la dimensión política, ocupando apenas el 8,1 por ciento de los cargos de máxima autoridad. Los espacios clave que fueron relevados incluyen a los medios de comunicación, los sindicatos, las organizaciones civiles, la ciencia y la tecnología, la educación, la cultura y el arte.
Sobre los directorios y gerencias de medios de comunicación, la cifra del IPM desciende a 7,5 por ciento. Y el caso de las radios FM relevadas es llamativo, no existiendo ninguna que cuente con una mujer al frente de las mismas. En cuanto a la ciencia y la tecnología, es importante destacar que, por primera vez en la historia del Conicet, una mujer ocupa el cargo de directora. Caso extraordinario en la historia tanto como el de la Facultad de Derecho de la UBA, que por primera vez en sus 189 años, cuenta con una decana y no un decano.
En este mismo sentido, otro estudio también realizado por el ELA, recoge la experiencia de mujeres que lideran diversas organizaciones de todo el país. Uno de los ejemplos es el de Pilar Morales (abogada), Marisa Salvarezza y Sonia Spasiuk (trabajadoras sociales), quienes integran la Asociación Civil Madre Tierra, de Morón, que trata problemas relacionados con la vivienda: “Buscamos que la mujer tenga palabra cuando se diseñan las casas. Porque por ahí la mujer va, pide el crédito y le tiene que preguntar al marido qué hacer. Entonces tratamos de que puedan también diseñar las mismas mujeres qué es lo que más están necesitando”. En este mismo sentido, la dirigente de la Organización Tupac Amaru Milagro Sala cuenta que cuando empezó a trabajar con el plan de viviendas, le dijo a sus compañeras: “La construcción es para los hombres”. Pero ellas le contestaron que no: “Nosotras queremos trabajar porque nuestros maridos nos dejaron”. Hoy, la organización cuenta con el 50 por ciento de mujeres trabajando en la construcción, así como muchas trabajando en la fábrica metalúrgica, en la fábrica bloquera.
“No se si se va a ampliar el porcentaje de mujeres”, comenta la directora ejecutiva de ELA. “La idea es hacer este informe cada tres o cinco años, según se pueda para ver cómo va cambiando la sociedad. Pero no creemos que se vaya a modificar en el corto plazo porque es cultural, y los tiempos culturales son lentos”, afirma. “Si sólo pensamos en la Ley de Cupos, y que tenemos una presidenta, no vamos a seguir avanzando. Las mujeres tienen que tener más participación, hasta llegar a la equidad”, concluye Gherardi.
Promover cambios en los procesos de socialización, que incluyan educación no sexista y la eliminación de estereotipos de género que actúan como obstáculos para el avance de las mujeres en los espacios de decisión es uno de los objetivos principales de los realizadores de este informe, que sostienen la esperanza de poder llevarlo a cabo periódicamente.

Mabel Bianco.
Feim - Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer

En las empresas, por más que las mujeres están muy bien consideradas, todavía nos ponen en cargos como el de selección de RR.HH., porque somos más estables, por ejemplo, pero difícilmente en alguno de dirección, administración general o CEO, que le llaman. Todavía está latente el prejuicio de que no somos tan buenas para administrar y para mandar.
–¿Dónde se funda eso?
–En las pautas culturales, que son las mismas que en la familia, la responsabilidad y el cuidado de los enfermos, de los hijos y demás, recae en la mujer. Pautas culturales hacen que valga más la palabra del papá que la de la mamá, porque el que sabe es el papá. Los prejuicios de las pautas culturales son los mismos que los de la política, en donde por más que hayamos llegado a determinados cargos, cuando hay que designar los cargos para las mujeres, en los partidos, aún hoy dicen ‘bueno, quién paga las mujeres’. Es como un castigo.
–¿Se relacionan estas pautas con violencia de género?
–Sí, porque es un sustrato que está dando la diferencia desigual de valoración social entre hombres y mujeres, que es lo que después lleva, en cuanto crece un poco esto, a cosas como que el hombre tiene derechos sobre la mujer, que aplica violencia psíquica, que la empieza a desestimar, que no valés nada, en fin, en el fondo de la cultura familiar el varón vale más que la mujer. Y eso va desde la comida a las opiniones y decisiones, porque los varones comen más, y son los que producen, y traen el alimento y el dinero a la casa.

Gabriela Alegre.
Legisladora FpV

En la política, si bien el cupo mejoró la participación femenina en cargos, igual estamos relegadas a un lugar distinto, tanto en la construcción de las fuerzas partidarias como en los lugares que ocupamos, los temas que tienen que ver con el poder concreto parece que tienen que ver más con hombres que con mujeres. Hay un lugar femenino, que es la atención de los temas sociales, educativos, sanitarios, pero no los que tienen que ver con cuestiones presupuestarias, obras públicas, que manejan más el poder concreto. En esto la política tiene que avanzar. Yo creo firmemente que el cupo debe ser del 50 por ciento, debería ser mucho más equitativo, no sé de dónde sale el treinta por ciento.
En el ámbito privado es muchísimo más grave porque, además, todavía hay una diferencia de sueldo, las mujeres cobran menos. Tiene que haber un cambio cultural respecto del lugar que los hombres le dan a las mujeres, tienen que aprender a resignar poder, y las mujeres tiene que aprender a tener más confianza en sus capacidades. Es muy notorio el desempeño de las mujeres durante la escolaridad, en general, mejor que el de los hombres, que no se mantiene en el campo laboral.

Lía Méndez.
Partido Humanista

A mí me parece que tener una presidenta mujer, y ministras, sobre todo en cargos que históricamente han sido concebidos para hombres, es para destacar. Durante mucho tiempo hubo que aclarar –y aún hoy– que la mujer puede cubrir ciertos cargos, y hay una cultura muy fuerte (instalado en la familia) en la que hay que estar dando explicaciones. Y en realidad, la mayor cantidad de fracasos, desde el punto de vista político, estuvieron en manos de los hombres. Sin embargo, no tuvieron que explicar nada a la hora de cubrir un cargo. Necesitamos avanzar en mecanismos democráticos, en los partidos políticos, en los sindicatos, porque es desde la base desde donde se genera una nueva cultura. Si no se democratiza, no va a ser posible que la mujer participe en condiciones de igualdad.

Fuente: Miradas al Sur.

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