jueves, 2 de agosto de 2012

"SE PUEDE ENFRENTAR LA INSEGURIDAD CON MEJOR EDUCACION Y MAS CULTURA"

La contraposicion entre "politicas duras" y "blandas" para enfrentar el delito en las grandes ciudades es falsa. Se puede actuar sobre las causas cambaindo el enfoque sobre como atacar los sintomas.

Por Fabian Bosoer.

Se presenta en jeans, zapatillas, camisa arremangada y mochila al hombro. Este dirigente político colombiano “todo-terreno”, preparado desde su llaneza para asumir las más riesgosas responsabilidades, viene de recorrer Ciudad Oculta, donde quiso tomar contacto directo con la otra cara de Buenos Aires. Los organizadores de las conferencias internacionales TEDx lo invitaron a hablar como “estrella” del sorprendente fenómeno de Medellín; de cómo la ciudad más violenta del mundo se transformó en pocos años en un ejemplo de buen gobierno y seguridad humana en América latina. La candidata a jefa de Gobierno María Eugenia Estenssoro reforzó la invitación para que contara cómo lo hicieron. Se llama Jorge Melguizo, fue secretario de Cultura Ciudadana y Desarrollo Social de esa gran ciudad colombiana y viene de postularse como candidato a alcalde por el Partido Verde.
Con 49 años de edad que no aparenta, casado con una ceramista con la que tuvo un hijo que hoy tiene 24 años y lo ayuda en sus campañas, Melguizo plantea, a partir de su exitosa experiencia, una serie de ideas sobre cómo gobernar grandes ciudades y urbanizar las zonas más pobres, enfrentando la inseguridad a través de la cultura, la educación y el compromiso de los vecinos en la acción comunitaria. Fue periodista, formado en la Universidad de Antioquía, conductor de un popular programa televisivo, animador de ONGs dedicadas a prevención del alcoholismo y drogadependencia y consultor internacional en planificación urbana.
Da la sensación de que las grandes ciudades latinoamericanas han dejado de ser gobernables en los términos clásicos ...
Creo que estamos atravesando un cambio de paradigmas en el modo en que concebimos el gobierno de las grandes ciudades. Cuando los grandes problemas de inequidad o de exclusión no se enfrentan, luego se deben enfrentar como problemas de seguridad. Se piensa que lo contrario a la inseguridad es la seguridad. Nosotros asumimos que lo contrario a la inseguridad no es la seguridad sino la convivencia, y que ésta se construye a partir de políticas públicas de inclusión, equidad e igualdad real de oportunidades.
¿Cuáles serían los modelos de buena gestión urbana dentro y fuera de la región? Debemos mirar más a ciudades como Vancouver (Canadá), o a ciudades europeas, donde el transporte público es el que utiliza la mayor parte de la gente. En Vancouver el 70% de la población usa el transporte público colectivo y masivo, y no porque no tenga auto particular, sino porque asume que el auto particular tiene restricciones muy importantes de movimiento y ocasiona graves problemas al medio ambiente. Se cree, y la evidencia está en varias ciudades latinoamericanas, que el problema del tránsito se soluciona construyendo grandes autopistas de dos niveles sobre las urbes, que deterioran todo el entorno de abajo y que finalmente tampoco solucionan el problema de movilidad. La movilidad es mover personas, no autos, y las personas se mueven a pie, en sillas de ruedas, en bicicleta, en bus, en metro, en sistemas complementarios (como los cables o los tranvías), además del auto particular o la moto. No se trata de que los automóviles se puedan mover a mucha velocidad por la ciudad, si no que la ciudad sea más humana, agradable y segura. No interesa mucho si yo llego diez o quince minutos o media hora más tarde a mi casa, lo que importa es que llegue vivo y sano. Por eso, lo que hay que mejorar primero es la seguridad en la movilidad para el peatón, el motociclista, el ciclista, y la comodidad y la calidad para la mayoría de la gente que debería usar el transporte público colectivo.
Medellín es un ejemplo internacional de descenso drástico de las tasas de inseguridad y violencia delictiva. ¿Cómo han hecho para pasar a ser de la ciudad más violenta del mundo a una con índices de inseguridad mucho más bajos? Hay ciudades que asumen un modelo muy desarrollista y tienen un tipo de intervenciones muy de obra “pura y dura” y pensando en que si aumenta el delito hay que aumentar más el aparato policial. No es tan sencillo. Lo que hemos entendido en Medellín es que toda obra física debe tener un resultado social; nuestras principales inversiones han sido en educación y cultura. Así es como enfrentamos la inseguridad yendo directamente a sus causas. Fuimos, hace veinte años, la ciudad más violenta del mundo: 381 muertos por cada cien mil habitantes, casi el triple de lo que hoy tiene Ciudad Juárez que es la más violenta del mundo. Murieron violentamente en un solo año 6700 personas. Una de las claves fue que el Estado nacional y el Estado municipal comenzaron a entrar a los barrios donde hasta entonces no ingresaban. Empezamos a trabajar conjuntamente gobierno, ONG, universidades. Es otro concepto: no el Estado que “va” a imponer una política, sino uno que “entra” a trabajar con la comunidad en construir políticas públicas que desarmen las lógicas de las organizaciones delictivas y marginales.
¿Qué tipo de iniciativas desarrollaron? Un primer objetivo era hacer visibles las distintas realidades que se vivían en los barrios populares, que todos pudieran verlas y verse en sus vidas cotidianas, no sólo en sus aspectos negativos. Segundo, cuando llegamos a la alcaldía, en 2004, nos propusimos una gestión transparente del dinero público y de las iniciativas. Llegamos sin experiencia de gestión, teníamos todo por aprender. Tercero, empezamos a trabajar con base en el índice de desarrollo humano de los barrios para equipararnos con otras ciudades y sobre esa base definir las prioridades de intervenciones físicas. La mayor inversión la hicimos en las zonas más pobres, de más bajo índice de desarrollo humano. La cuarta clave: diseñamos proyectos urbanos integrales, descentralizados, pero planificados y coordinados. Cada ladrillo debía traer resultados de inclusión y de equidad, un impacto social: el urbanismo social con alta calidad es una herramienta para la generación de una mayor igualdad social y para la dignificación de las zonas más pobres. Todas las herramientas del Estado puestas al servicio del desarrollo en una zona específica, la iluminación y el asfalto, cómo mantener la limpieza de los espacios públicos, qué hace falta en los colegios, centros recreativos, canchas, centros culturales. El “cómo” hacerlo es tan importante como el “qué hacer”.
¿De qué manera comenzaron a operarse los cambios? El mapa de las grandes intervenciones públicas que diseñamos como “plan de batalla” coincidía exactamente con el mapa de la inseguridad y con el mapa de la demografía. Donde había más niños menores de cinco años, más explosión demográfica, más pobreza y menor índice de desarrollo humano, había más homicidios. Los tres mapas coincidían. El cuarto mapa, el de las inversiones, era entonces más fácil hacerlo coincidir, es el mapa de las zonas de inversión. Allí es donde concentramos el mayor esfuerzo: las mejores escuelas, centros culturales, plazas públicas, bibliotecas y actividades comunitarias. Y una quinta clave: todo lo público debe ser garantía de inclusión, de seguridad y de calidad. El mejor transporte público debe circular en los barrios más pobres. Lograr la misma calidad de mobiliario urbano, de bancos, de jardines, de luminarias, de comisarías, en el barrio más rico y en el barrio más pobre. Logre usted que el servicio público de transporte sea garantía de calidad; que las personas más humildes tengan un transporte público eficiente, seguro, periódico, de las mismas condiciones o incluso mejores, que en las zonas de la ciudad donde vive la población más rica, y verá cómo cambian las cosas en materia de seguridad.
¿De qué manera pueden las políticas educativas y culturales tener efectos inmediatos en reducir los niveles de inseguridad? Llegando con el Estado a todo el territorio, con las herramientas de desarrollo y con los derechos y las oportunidades primero, no con los privilegios. Que la educación sea pública y gratuita, de acceso para todo el mundo, que no haya restricción, que la salud sea universal. En Latinoamérica hay un cansancio con las formas tradicionales de hacer política y de gestionar la administración estatal lejos de la realidad ciudadana. En algunos casos eso llevó a un reforzamiento de los caudillismos y personalismos, la idea de que hay salvadores o líderes providenciales que son los que van responder mejor a las demandas sociales. En otros casos, ha despertado la formación de nuevos movimientos cívicos o ciudadanos de los cuales está surgiendo una nueva generación de líderes políticos y sociales y gestores públicos con otra mentalidad y experiencias innovadoras y exitosas de gestión.

Fuente: Clarin.

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