sábado, 22 de agosto de 2009

CADA VEZ HAY MÁS PIBES CON HAMBRE.


Tiene frío y hambre. Se frota las manos pero no consigue entrar en calor. Julio espera en la puerta de la iglesia de Santa Catalina, en la calle Brasil de Constitución a que se abra el comedor donde le darán una merienda. Tiene cinco hijos y dos nietos en Wilde que lo están esperando en la misma situación. "Tomo un poco de fuerzas y después me voy a la panadería para ver si consigo unas facturas. Los pibes las esperan. Ninguno comió nada desde anoche", cuenta. Son las seis de la tarde y la fila para entrar al "merendero" se va alargando. Acá vienen unas 80 personas por día. En la otra cuadra, en la iglesia frente a la plaza de Constitución, Cáritas atiende almuerzos y meriendas con otras 60 o 70. Y en la cuadra de Lima aparece algunos noches a la semana una camioneta que reparte sopa a no menos de 80 o 100 desamparados. En todas las colas aseguran que "en los últimos meses empezó a venir mucha más gente". "Por lo menos hay un 45% o un 50% más que el año pasado", lanza Norberto, un hombre de 61 años que supo tener una fábrica de ropa, que terminó en la miseria y que es un habitué de los comedores de Constitución.Esa es la misma sensación que tienen en la Fundación Pelota de Trapo que trabaja con miles de chicos en todo el país. "Niegan el hambre pero no se puede ocultar. Está acá con nosotros. Aumenta cada día. Y afecta particularmente a los pibes. Lo vemos. Tenemos cifras pero no te las voy a dar porque no quiero entrar en esa polémicas estériles. Son muchos. Acá en el Gran Buenos Aires, solamente, hay 10 millones amontonados en la miseria bonaerense", lanza Alberto Morlachetti el mítico luchador contras las desigualdades sociales. Algo parecido sucede en El Kiosko, la organización del barrio San José Obrero de Gregorio de la Ferrere, en el partido de La Matanza. Allí trabajan con cientos de chicos de la zona en talleres que buscan la integración y la permanencia en el sistema escolar. Muchos de los que van son "pibes chorros" y afectados por el paco. Uno de los trabajos que hace su director, Darío Aranda, es intentar que estos adolescentes conozcan "el otro lado" de la sociedad, le pierdan miedo y encuentren puentes que los relacionen. Por eso, una vez por mes, arma un grupo y los lleva a comer a un restaurante de Puerto Madero u otro lugar elegante de la capital. Paga una ONG alemana. "¿Te imaginas lo que pasa con unos de estos pibes que pasan días y días sin comer y que una noche se pueden sentar ante una mesa en un buen restaurante? Es devolverle la dignidad. Estos pibes pierden la dignidad con el hambre y te puedo asegurar que yo veo cada vez más hambre", dice Aranda mientras toma mate.Y claro que no es sólo el Gran Buenos Aires. Nos comunicamos en Resistencia, El Chaco, con Rolando Núñez del Centro de Investigación Social Nelson Mandela que hizo un reciente estudio sobre pobreza y hambre en esa provincia. "Según las cifras del INDEC, la canasta familiar alimenticia es de 1.007 pesos para la línea de pobreza y de 550 para la de indigencia.


De esta manera en El Chaco habría un 35% de la población bajo la pobreza y un 9% en indigencia. Nuestra medición estableció que para estar sobre la línea de pobreza se necesitan al menos 1.800 pesos y 1.000 de la indigencia. Con estas cifras, la pobreza llegaría al 49% y la indigencia a 17%", informa Núñez con precisión matemática. "Nuestros estudios nos dicen también que en esta provincia se registraron el año pasado 15.600 niños desnutridos y vemos que esto se incrementa". En Plaza Constitución hay chicos de todo el sur del Conurbano. En un rincón, debajo de la autopista, al lado de la terminal de ómnibus, hay cinco chicos de entre 8 y 12 años. Están tapados con un cartón grande. Se nota que se dieron con paco o pegamento. Pero ya pasó el efecto. Ahora tienen frío. Y hambre. "No hay guita, loco", larga uno que dice llamarse Coqui. "Hay ragú (hambre)", complementa otro que se esconde debajo de una gorrita que alguna vez fue azul. Los chicos dicen que a Constitución y también alrededor de la estación de El Once, llegan cada vez más chicos. ¿Más competencia? "Y sí vos, menos monedas", dice otro con ojos negros profundos. ¿Y hay menos comida también? "¿Menos comida? Y que te parece. Nadie te quiere dar nada. No podemos entrar ni a pedir a ningún lado. Y cada vez hay más pibes con ragú", agrega el Coqui que dice que no vuelve a su casa en Burzaco porque "allá hay más hambre".De regreso a La Matanza, anoche, Aranda de El Kiosko llevaba a un grupo de 27 adolescentes a cenar al restaurante Tio Chef, cerca del Wal Mart de la avenida Provincias Unidas. "Ya no podemos hacer lo de Puerto Madero o lo vamos a hacer muy esporádicamente. Es una obscenidad ante el aumento tan grande del hambre. Estos chicos no comen muy seguido. Vienen de casas que tienen 4 dólares al día para toda una familia que a veces llega hasta 10 chicos y cuatro o más adultos", cuenta Aranda mientras se prepara para salir. "Esta noche estos pibes van a poder recuperar un poco de dignidad. El problema va a ser mañana cuando quieran comer en su casa".

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