miércoles, 20 de julio de 2011

LA CASA QUE DA COBIJO EN LA MARGINALIDAD



Chicos que escapan de sus familias y que consumen droga reciben comida y afecto en medio de una villa de Barracas

Por Silvina Premat


Es un espacio chico -de unos diez por tres metros- donde sólo hay una mesa larga y unos bancos de madera, una cocina pequeñísima y un baño. No obstante el tamaño, es considerado su hogar por muchos de los que viven en los pasillos o callejuelas de la villa de Barracas; un lugar donde son recibidos los que no tienen adónde ir.

De lunes a sábados, entre las 9 y las 13, llegan hasta el Hogar Niños de Belén, en el corazón de la villa 21-24, los que viven escapando de sus propios hogares, de alguna autoridad o de ellos mismos; consumiendo drogas -especialmente pasta base, "paco"- o robando; durmiendo debajo de un puente del Riachuelo o en improvisados "refugios" de trapos y cartones. Allí reciben una taza de mate cocido, pan fresco y la posibilidad de ducharse y cambiarse de ropa, y sólo se les pide que ahí dentro no se peleen ni levanten la voz.

Desde distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires también llega todas las mañanas un puñado de jóvenes que les sirven el desayuno, los invitan a rezar, conversar, cantar y entretenerse con algún juego, o los acompañan al centro de salud o a un hospital si están enfermos o lastimados por alguna pelea nocturna o por el cirujeo. Termo y bolsa de pan en mano, los voluntarios también salen de a dos a "callejear" la villa para acercar una taza caliente, un saludo y a veces hasta un consejo a los que siguen tirados en los pasillos o "ranchadas" al costado del camino.

"Están solos en un mundo de extremos que pareciera ser demasiado grande o muy chico: no hay lugar para ellos, ni siquiera en los márgenes. Su historia es la del abandono y el sufrimiento, la de sueños truncos y llantos amargos. Lo más triste es que no conocen el amor: están tan golpeados que les cuesta un esfuerzo gigante dejarse amar", describe uno de los voluntarios con cuyo compromiso hacen posible que este hogarcito siga abriendo sus puertas.

"A la distancia la pobreza parece toda igual, pero cuando uno se mete en la villa, por ejemplo, como lo hacen desde el Hogar Niños de Belén, se descubre que hay pobres entre los pobres; gente que tiene la vida muy rota", dijo a LA NACION el padre Lorenzo de Vedia, párroco de Virgen de los Milagros de Caacupé, en Barracas.

Una de las paredes de ese único ambiente está casi repleta de fotografías del "antes" y el "después" de algunos de los que aceptaron la amistad y ayuda que ofrece esta iniciativa en los ocho años que lleva desde sus comienzos. En algunas imágenes es difícil reconocer que se trata de la misma persona por el cambio favorable de sus aspectos.

A través de la relación con los voluntarios y con el sacerdote a cargo del Hogar, el padre Juan Isasmendi, algunas de las chicas y muchachos que viven en la calle se bautizan, toman la primera comunión o retoman su experiencia de fe; también hay quienes aceptan internarse como una forma de alejarse del contexto de consumo de drogas mientras se intenta ayudarlos a reorganizar sus vidas y otros optan por regresar a sus hogares desde donde "pelean el rescate".

El padre Isasmendi dijo a LA NACION que ésta es una de las iniciativas del anterior párroco, José María "Pepe" Di Paola, quien para ponerla en acción, en 2003, pidió ayuda al asistente social Miguel Sorbelo, que por entonces era voluntario en Caacupé. El sacerdote también informó que desde hace un mes replican esta experiencia durante dos mañanas por semana en otra capilla porque cada vez hay más chicos en la calle. "Hace cuatro años, cuando llegué a la Villa, podía conocer a los chiquitos que vivían en situación de calle o pasillo. En un día podía ver a diez. Ahora, en un solo día puedo ver a 50 menores", dijo Isasmendi.

Este hogar es, según otro voluntario, una respuesta de la Iglesia "a una realidad que nos interpela a todos; en palabras de la Madre Teresa, esto es una gota en el océano. Solo eso, y sin embargo, suficiente para que Dios obre sus milagros".

En la parroquia Caacupé reciben fondos para ayudar a los que se internan y donaciones de azúcar, leche en polvo u otros productos. Informes: (011)4302-3643 u hogarninosdebelen@gmail.com .

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