domingo, 31 de julio de 2011

MADRES DE PLAZA DE MAYO: SÍMBOLOS Y REALIDADES



Por Eric Calcagno, senador de la Nación, y Alfredo E. Calcagno, doctor en Ciencias Políticas.


Arturo Enrique Sampay, que fue uno de los más importantes pensadores políticos argentinos del siglo XX, sostenía que “el realismo, pensamiento político clásico de Occidente, cuyos elementos constructivos provienen de la religión de Israel, de la antropología filosófica griega y de la filosofía jurídica romana, considera que el hombre es un ser en distensión permanente entre los requerimientos de sus pasiones egoístas y los imperativos de la conciencia que le señalan el bien que debe perseguir con su obrar social”. Esa antítesis se amplía y adquiere magnitudes políticas cuando los protagonistas son partidos políticos y grupos sociales o económicos.En la Argentina, la terrible represión que culminó con la desaparición masiva de personas planteó una clara alternativa: por una lado, la tolerancia o la colaboración con la represión; o por el contrario, la oposición decidida, que en muchos casos llevó a castigos salvajes. Por una parte, la pasión egoísta, o simplemente, la negativa a ver la realidad, porque era lo que convenía; y por la otra, el imperativo de la conciencia que llevaba a la lucha contra la dictadura.Después de transcurrido más de un cuarto de siglo, los que se acomodaron a la dictadura con sus pasiones egoístas, intentan hacer olvidar su conducta. Más allá de los represores que están sometidos a juicio, no es bueno olvidar a los civiles que instigaron el golpe, hicieron negocios (manejaron el Ministerio de Economía y el Banco Central) y a los comunicadores que quisieron convencer que era un régimen “derecho y humano”, entre otros.Uno de los principales argumentos que utilizan quienes quieren justificar su sometimiento a las “pasiones egoístas”, consiste en presentar a la defección como generalizada: “Nosotros fuimos malos, pero también lo son muchos que combatieron a la dictadura”. O alegan: “Todos fuimos culpables”; si eso fuera cierto, entonces nadie sería culpable. Resultaría que, como lo describía Discépolo, todos “vivimos revolcaos en un merengue” y “es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey,/ que el que vive de los otros,/ que el que mata, que el que cura/ o está fuera de la ley”. Con este sofisma, los usufructuarios de la dictadura y las víctimas, son lo mismo.En la aplicación de esa táctica, ahora atacan a uno de los símbolos de la lucha por los derechos humanos, que son las Madres de la Plaza de Mayo. Cuando la mayoría del país estaba sumergida por el miedo, las Madres se jugaban la vida en su reclamo por la aparición de sus hijos; tanto, que varias de ellas fueron desaparecidas.Ahora pretenden ensuciar a las Madres. Repiten, en escala menor aquello de “en algo estarían metidos”, con lo que justificaban las desapariciones. En el período sangriento, dejaban flotando la duda con aquello de “estarán paseando por Europa”; ahora presentan una grave estafa contra las Madres, como si fuera una maniobra para el enriquecimiento de las Madres. Exhiben a las estafadas como estafadoras.
Las obras de las Madres de Plaza de Mayo. Entre las horribles secuelas que dejó la represión de la década de 1970, figura la desaparición masiva de personas. La lucha incesante de las Madres fue uno de los factores fundamentales para el esclarecimiento histórico de lo ocurrido y el castigo a los culpables materiales. Asimismo, no dieron por terminada su tarea con el homenaje y el recuerdo de sus hijos. Tratan de realizar algunas de las tareas que ellos hubieran cumplido de no haber sido desaparecidos.Las Madres de Plaza de Mayo comenzaron su acción el 30 de abril de 1977, cuando iniciaron una caminata, en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, para reclamar por el paradero de sus hijos. Hasta el presente se repite su presencia todos los jueves y su número aumentó de las 14 madres iniciales a 300 o 400.La Asociación Madres de Plaza de Mayo, de modo directo o por medio de su entidad ejecutora Fundación Madres de Plaza de Mayo, realiza una serie de actividades. Ha creado la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (autorizada por el decreto 751/2010), la Librería de las Madres, las Ediciones Madres de Plaza de Mayo, el Congreso de Salud y Derechos Humanos, el Encuentro de Economía Política y Derechos Humanos, la Biblioteca Popular Julio Huasi, la videoteca de las Madres, la Radio La Voz de las Madres AM 530 (noviembre de 2005), el Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de las Políticas Públicas y la Misión Sueños Compartidos. Esta última es un proyecto de inclusión social que construye barrios en villas y asentamientos precarios. Desde su fundación en 2006, ha construido 4.800 viviendas, seis hospitales, dos centros de salud y un jardín de infantes; incorporó al trabajo formal a más de 5.000 trabajadores. Desarrolla sus actividades en las provincias de Buenos Aires, Chaco, Misiones, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Río Negro, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero.
Las Madres enfurecen al establishment. En la Argentina se intentó cambiar por la fuerza a la política, la economía y la sociedad. Dentro del gobierno militar, cada sector cumplía con su función: unos reprimían; otros gobernaban; un grupo manejaba la economía y las finanzas (sobre todo gestionando deuda externa); y hubo quienes se dedicaron a desarticular los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones sociales.Las Madres consideran que el gobierno que desapareció a sus hijos fue cívico-militar. No era sólo un grupo de sádicos, sino los ejecutores concretos de un plan político y económico global, cuyos instigadores y beneficiarios en su mayoría fueron civiles.Por eso, la presencia acusadora de las Madres enfurece al establishment. En ese odio, se suman varios factores. Primero, el deseo de blanquear su complicidad o insensibilidad durante las represión de la dictadura; para eso necesitan ensuciar a las Madres. Segundo, no toleran que las Madres quieran hacer vivir a sus hijos ejecutando obras que ellos, si vivieran, podían haber emprendido. Tercero, quieren terminar con el símbolo que encarnan las Madres que, con su tremendo dolor, luchan por los ideales de sus hijos; no sólo los recuerdan, los continúan.Las Madres de Plaza de Mayo no son mujeres extraordinarias; son mujeres comunes que estuvieron a la altura de circunstancias extraordinarias. Ahora las quieren descalificar con un sofisma: Schoklender es corrupto; luego, las Madres y el Gobierno también lo son. No aclaran que lo que hubo fue una estafa a la Asociación de las Madres. Así nos llevan al teatro del absurdo: atacan a las Madres porque un empleado las estafó. La confusión que quieren introducir entre victimario y víctima no tiene sentido.Las Madres se irán yendo indefectiblemente, porque el tiempo es cruel. Pero el establishment debe tener presente que cuando eso suceda, muchos iremos a dar la vuelta todos los jueves y después irán nuestros hijos. Los imperativos de la conciencia prevalecerán por sobre las pasiones egoístas.

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