martes, 26 de julio de 2011

LES LUTHIERS



Con más de treinta espectáculos y cuatro décadas de escenarios, el grupo decidió repasar “grandes éxitos” como “Bolero de los celos”, “El rey enamorado”, “Encuentro en el restaurante” y “La bella y graciosa moza marchóse a lavar la ropa”. Y es un lujo, como siempre.

Por Facundo García

Muchas veces, cuando están de gira y terminan una función, los Les Luthiers se miran entre sí y se dicen “your place or mine?” (¿tu casa o la mía?). Entonces, cualquiera de ellos propone su habitación y el grupo en pleno se junta a charlar y a tomar jugo de naranja con cereales en alguno de los cuartos del hotel. Cuentan que las carcajadas se escuchan desde lejos. Y ese cuadro simple e íntimo ilustra por qué, después de más de cuatro décadas a pleno, el quinteto es capaz de estrenar ¡Chist!, un espectáculo que los muestra más cómodos que nunca entre sus grandes creaciones. Poder abrir el arcón de infalibles da un respiro tras tanto vértigo compositivo. “Es que te agotás de estar inventando todo el tiempo. Así que revisás lo que hiciste antes y es reconfortante ver que el material se sostiene”, opina Daniel Rabinovich. Todos hacen todo, pero por lo común Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés y Jorge Maronna les meten lápiz a las partituras. Luego Rabinovich y Marcos Mundstock suman más música, letras y ocurrencias varias. La química común termina de pulir los bordes. “¡Y claro que discutimos! Cada cual va agregando un poco a la salsa y queda una comida rica, que es la que servimos y comemos entre todos”, coinciden.

–Con tanto debate, ¡Chist! vendría a ser un descanso. Una interrupción.

Carlos Núñez Cortés: –Estábamos acostumbrados de meter chistes en los títulos de los shows. Igual, a esta altura sabemos que si bien el nombre puede ser ingenioso, la gente después no reconoce una obra por eso sino por lo que vivió adentro de la sala. Recuerdan, por ejemplo, que “la gallina dijo Eureka” o que apareció el Maestro Mangiacaprini para cambiarle la letra al Himno Nacional. De ahí que salir a la cancha con ¡Chist! haya resultado un giro interesante. Es eufónico –es decir, de sonoridad agradable– y contundente.

–Y de algún modo es un elogio al silencio.

C. N. C: –Exacto. ¿Viste que en los hospitales hay carteles de una mina con el dedo en la boca y la leyenda “Silencio - hospital”? Acá sería “silencio, recital”.

En el libro Los juegos de Mastropiero (Emecé), Núñez Cortés sobrevoló el itinerario de Les Luthiers desde la óptica del ludolingüismo. Notó que los dobles sentidos –“ ella toca el arpa y él la viola”–, las perogrulladas –“media hora antes de morir, todavía estaba vivo”–, los acrósticos, los trabalenguas, los anagramas y otros recursos han sido compañía permanente de las corcheas y las semicorcheas en cada época del quinteto. No obstante, ¡Chist! viene a introducir un matiz nuevo: poco le falta para ser la palabra “chiste”; pero sin la vocal es un llamado, o una alerta. Según López Puccio, haber optado por la onomatopeya remite al vínculo con los espectadores. “Practicamos un humor de la inteligencia, en el cual tanto nosotros como el público estamos ligados por el pensamiento. Es un humor en el cual la imaginación de ambas partes debe ser cómplice y moverse en sintonía. Para eso es necesario el silencio previo, la atención gozosa de los que nos escuchan.”

¡Chist! incluye clásicos como “Bolero de los celos”, “El rey enamorado”, “Encuentro en el restaurante” y “La bella y graciosa moza marchóse a lavar la ropa”, entre otras joyitas que en su momento formaron parte de las puestas Mastropiero que nunca (1977), Muchas gracias de nada (1979) Luthierías (1981), Unen canto con Humor (1994), Bromato de Armonio (1996) y Lutherapia (2010). Como ya es cábala, los artistas estuvieron ajustando clavijas en Rosario desde mayo antes de aterrizar en Buenos Aires. Ahora que lograron bajar el timming de las actuaciones a dos horas, sienten que están listos para los escenarios porteños. Rabinovich explica que “cada tres o cuatro estrenos, viene un ‘greatest hits’. Son compilaciones que nacen después del intercambio de opiniones y la pelea interna”. “Para nosotros es un placer –completa Mundstock–, porque de estas selecciones que uno se permite surgen unos espectáculos bárbaros.”

El hecho de que el show sea antológico permite enumerar las experiencias que se han ido acumulando alrededor de sus composiciones más aclamadas. Está, por citar un caso, “La comisión”, sobre dos políticos que acuden a un músico para meter en el Himno Nacional un mensaje oculto que capte votos para las próximas elecciones. Núñez Cortés: “Es raro lo que pasa con ‘La comisión’ y otros temas nuestros que aluden a la realidad. De repente, un día te levantás y ves que lo que vos cantaste como chiste ha pasado a ser verdad. Hay una parte en la que Marcos me dice que han decidido buscar un nuevo enemigo para el país, y que ese enemigo será Noruega. ¿Noruega? ¿Un país tan lejano y con fama de democrático? ‘Sí, podríamos inventar un conflicto de límites’, agrega él. Y eso, que era una humorada, me vino a la mente el otro día cuando leí que Inglaterra había alquilado un buque ¡justamente noruego! para patrullar las Malvinas. Ni que lo hubiéramos predicho...”

Otro suceso memorable es el que desató “La educación sexual moderna”, una genialidad de 1996 en la que un coro de monjes enumera con gracia descacharrante consejos relacionados con el uso del preservativo, la homosexualidad y el sexo prematrimonial. La agrupación Lutherieces –que hace covers de los maestros– estaba interpretando la canción en Mendoza ante diez mil personas y en eso subió un sacerdote, le arrancó el micrófono a uno de los actores y exigió que se suspendiera el número. Días después, el incidente se convirtió en un escándalo con repercusión nacional.

–Aunque ustedes siguen siendo irreverentes, varios se acercan a los 70. ¿Qué se ha hecho más fácil y qué se ha vuelto más complicado?

Carlos López Puccio: –Ya no hacemos aquellos asombrosos números acrobáticos. Las caras de asombro de los espectadores se han ido transformando en gestos de solidaridad...

C. N. C.: –A lo mejor se ha simplificado el “tomarle el tiempo al tiempo”. Esto es: cuando volvemos a ver nuestros trabajos de hace cuatro décadas, nos percatamos de que cometíamos errores que hoy no nos permitiríamos. Desvíos que le quitaban contundencia al chiste y cosas así...

C. L. P.: –Hemos ido aprendiendo a través de la prueba y el error este oficio de “luthiers”; un laburo que sólo nosotros nos pudimos ir enseñando con ayuda del público a lo largo de infinitas funciones.

Son clásicos y perfeccionistas. Lo sabe cualquiera que los haya visto y oído en vivo o por la web. No hacen base en agresiones, en alusiones fáciles a la coyuntura ni en utilerías fastuosas. Los pilares son más nobles: cinco tipos dispuestos a “dejar la tripa” –la expresión es de ellos– sobre las tablas. Para Núñez Cortés, la clave es que son “locos sanos”. “Como nos gusta mucho lo que hacemos, nos cuidamos. Termina el espectáculo en medio de una gira y reemplazamos los whiskies por juntarnos en la pieza de alguno a tomar jugo, conversar y comer cereales. Esa es nuestra manera de entrenar.”

* ¡Chist! puede verse viernes y sábados a las 21.30 y los domingos a las 20 en el teatro Gran Rex (Corrientes 857).
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