martes, 26 de enero de 2010

"HAY MUCHO QUE APRENDER DE LOS MARGINALES"


El sacerdote José Di Paola, que había sido amenazado de muerte por denunciar la "legalización de hecho" de la droga en las villas, pide reconstruir el país desde abajo; en una entrevista con lanacion.com habla de un aumento de la pobreza en los últimos años y cuestiona "el individualismo argentino".


Por Verónica Dema



José Di Paola, el padre "Pepe" para todos los vecinos de la villa 21, se acomoda en uno de los bancos de la iglesia Virgen de Caacupé, en el asentamiento que es su hogar hace 14 años. Cuida de no despertar a una señora que duerme en la otra punta del pequeño templo. Quizá no imagina que, durante la entrevista con lanacion.com, no sólo ella se dispondrá a escucharlo: unos diez vecinos del barrio, en silencio, estarán atentos a las palabras del sacerdote durante algo más de una hora.


Insiste en que es necesario reconstruir una Argentina en caída libre y que hay que hacerlo desde abajo, escuchando a los sectores más pobres, porque "ahí están los lineamientos para el Bicentenario", dice.


A esta conclusión llega con cada tema que toca este religioso que fue amenazado de muerte hace unos meses por denunciar la despenalización "de hecho" de la droga en las villas. "Hay niños adictos, muchos de nuestros jóvenes son muertos en vida, faltan escuelas y universidades cerca, no hay colectivos que nos lleven al hospital", repasa, como la evidencia del olvido histórico del Estado y de toda la sociedad, a la que cuestiona: "A veces se culpa a los villeros de todos los males y son ellos, en realidad, las principales víctimas del individualismo argentino".


En la serie de entrevistas de cara al Bicentenario, el padre Pepe se detiene a pensar el país de hoy y se anima a proyectarlo, a sugerir caminos para reconstruirlo. Como al pasar, cuenta que su familia simpatizó con el peronismo, pero aclara que no militó nunca y que prefiere no hablar de gestiones políticas en particular. Opta, más bien, por dejar un mensaje a los dirigentes en general: "Les pido pensar menos en ellos y más en el otro".


-¿Qué le despierta la celebración del Bicentenario?
-Me despierta buscar en las raíces de nuestra Patria los valores más importantes. En mí caso, este cristianismo popular que existe en nuestro país. Creo que es un desafío sacar afuera esos valores tan importantes para que iluminen la Argentina.


-¿Qué rol cumplió el Estado en estos 200 años?
-Tuvo momentos de participación fuerte y otros en los que se retiró y olvidó a los más débiles. Epocas de gran individualismo que no sirvieron para construir un país solidario. Así es que en la Argentina tuvimos experiencias diferentes: de gran presencia del Estado y de gran ausencia.


-¿En qué momento nos encontramos?
-De gran desafio. Hay señales que piden un Estado más presente, pero a veces predomina el individualismo.


-¿Cómo ve la situación de la pobreza en la Argentina?
-Creo que tenemos que verla en el contexto de América latina. Lo vemos los curas que atendemos gente de países limítrofes permanentemente: no hay educación ni medicina para el pueblo.


-¿Siente que hay más pobres pese al crecimiento económico de los últimos años?
-Sí, creo que la Argentina ha perdido hace muchos años el nivel que había logrado. Teníamos un país pleno a mediados del siglo pasado, en un intento de que los trabajadores tuvieran sus derechos. De eso nos fuimos olvidando. Creo que es muy difícil revertir esa situación.


-¿Alcanza lo que está haciendo el Gobierno?
-Creo que hay un tema que no pasa por el Gobierno, sino por la conciencia del argentino. Si cada argentino no toma conciencia de que el que vive en la Patria es un hermano, no hay solución, porque los gobiernos están un tiempo, pero aquí tiene que haber una actitud diferente de la sociedad.


-¿Cómo observa a la sociedad en relación con la presencia de villas? ¿Se "naturalizaron" estos espacios?
-Buena parte de la sociedad pensaba que la villa era la causante de los males y no se daba cuenta de que es una de las primeras víctimas del individualismo argentino, porque estos barrios han crecido por una ausencia permanente del Estado, justamente en estas décadas pasadas. Una presencia del Estado hubiera hecho que los pobres pudieran tener un lugar como corresponde. Y cuando se habla de ausencia de Estado no es sólo que no hay ladrillos, sino que se manifiesta de muchas maneras: ausencia de seguridad plena, de trabajo, de otros derechos en barrios en donde primero llegó la droga y después una escuela.


-¿Cuáles son los temas más urgentes para tratar?
-Una buena salud para todos, posibilidad de capacitación no sólo en oficios, sino en poder finalizar el primario, el secundario y que el nivel sea el mismo que en un barrio acomodado.


-¿Qué valores resalta de los habitantes de la villa?
-En la villa vas a encontrar un ciudadano más solidario que el de las ciudades, que están impregnados de una cultura más individualista producto de que proviene de una ideología diferente, más liberal. Pongo un ejemplo: viene una persona enferma de Paraguay y no se busca dónde meterla: se hace un lugarcito en la casa aunque tenga que achicarse todo el mundo y hasta que no se cura no lo abandonan. Los curas de las villas hablamos de integración, pensamos que el resto de la ciudad tiene mucho que aprender de los marginales.


-¿Cómo explica que enfermedades supuestamente controladas, como la tuberculosis, por ejemplo, estén tan presentes entre los pobres?
-La población más vulnerable tiene estos riesgos. Nosotros, que trabajamos mucho con las víctimas del paco [consumo de pasta base], de esta droga que debilita, vemos el resurgimiento de enfermedades que creíamos terminadas. La tuberculosis, por ejemplo, está presente en la vida de estos chicos. En esto vemos retroceso o ausencia del Estado y creo que el desafio es que las enfermedades que atacan a los más pobres también sean prioridades. Porque muchas muertes se podrían evitar con un buen sistema de salud.


-¿Qué piensa de la erradicación de la villa? Sé que no le gusta el concepto, pero quisiera que explicara por qué...
-Los curas de las villas creemos que hubo tres pasos. Erradicación, fue una palabra utilizada en algún momento y fue negativa: se quisieron sacar las villas y lo único que se logró es que la gente perdiera su lugar, su trabajo, hubo muertes. Después, vino el planteo de urbanizar: fue un progreso, porque implicaba aceptar que en cualquier ciudad pueden vivir los pobres y que tratemos de que vivan lo mejor posible, pero el abandono del Estado siguió, los barrios crecieron y por eso nosotros sostenemos que el verdadero urbanizador ha sido el villero y, con el tiempo, lo que proponemos es la integración urbana, hacer que la villa reciba de la ciudad la infraestructura, todo lo necesario para vivir mejor. Las villas de Buenos Aires tienen más de 40.000 personas, es muchísima gente. Hablamos de integración urbana: por ejemplo, acá no hay una línea de colectivo que te lleve al hospital Pena, que es donde se atiende la gente. Es decir, la integración llega con gestos muy sencillos. Integrar urbanamente implica que la universidad esté más cerca de la villa, implica que los habitantes de la villa sean protagonistas de la ciudad.


-¿Por qué considera al habitante de un asentamiento como un urbanizador más que un usurpador, como se lo suele calificar?
-En general, las personas tienen el prejuicio de que, como el habitante de la villa vive en un terreno que no le es propio porque no lo compró, entonces lo que se da es una especie de dádiva. Pero es todo lo contrario: todos estos lugares estaban abandonados, eran basurales, lagunas, dársenas del Riachuelo, y de pronto alguien que no tenía nada, porque se quebró la economía, hizo de ese lugar un barrio y, como no lo ayudó el Estado, lo hizo solo. Esa es la historia de nuestras villas.


-¿Cómo explica la presencia cada vez más fuerte del paco en los barrios marginales? ¿Qué encuentra la gente en la droga?
-Podemos ver las consecuencias del paco, por eso hicimos ese informe que presentamos el año pasado: cómo se iban destruyendo, cómo las familias acuden desesperadas, chicos que vimos crecer en los patios parroquiales y que están deteriorados. Entonces vemos las consecuencias de esto que ha caído en los barrios más pobres, el paco. Realmente nos ha superado, estamos tratando de buscar modos de recuperar a estos chicos.


-¿Por qué cree que se consolida cada vez más la droga?
-Señalamos que la adicción es un tema espiritual, no de ir a misa o no, sino de encontrarle el sentido a la vida. Cuando vos tenés una sociedad que no ofrece nada u ofrece sólo superficialidad al niño y al adolescente y va creciendo sin posibilidades, es muy fácil que se apodere esto de no encontrar sentido a la vida, a hacer algo por el otro. Entonces se caen estos valores que son los que sacarán adelante al pueblo.


-Sigue denunciando la despenalización de hecho de la droga en estos barrios: ¿tuvo nuevas amenazas?
-No, desde entonces tuve la otra cara de la amenaza: gente sencilla que viene a agradecerte porque fuimos voz de los que no tienen voz. Pero falta mucho en la Argentina para que se tome el diálogo como algo serio, porque acá enseguida viene la agresión. Tenemos que acostumbrarnos a dialogar, a caminar... en el caminar uno va charlando con el otro, eso va haciendo que la gente se entienda.


-¿Nuestros políticos tendrían que aprender de esto?
-Las religiones están dando un gran ejemplo de diálogo. No bien me amenazaron, todas las religiones apoyaron el documento de los curas y a las pocas semanas hubo un encuentro interreligioso. Hoy los que profesamos distintas religiones estamos dialogando y llegando a puntos en común.


-¿Siente que vamos camino a construir un país distinto o que estamos siempre detrás de la urgencia?
-Creo que a la Argentina se la tiene que construir desde abajo; es muy importante escuchar a los sectores más pobres y ahí van a encontrarse los lineamientos para el Bicentenario, para la reconstrucción. No se va a encontrar en programas ni en estudios, sino más bien en detectar qué piensa, qué vive, qué dice la gente pobre.


-¿Qué mensaje le dejaría a los gobernantes?
-Es el mismo que para cualquier adulto. El mensaje es vivir una Patria más solidaria, pensar menos en uno y más en el otro, mirar los grandes ejemplos de gente que pensó más en el bien común que en el personal y, como dijo el monseñor [Enrique] Angelelli: tener un oído en el Evangelio y otro en el pueblo.


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