sábado, 16 de enero de 2010

"LAS SOCIEDADES NO AVANZAN CON EL OLVIDO"


En su libro Símbolos y fantasmas, el historiador y periodista Germán Ferrari analiza cómo, a partir de los casos Larrabure, Aramburu, Bruno Genta y Rucci, el discurso de la “nueva derecha” intenta refundar la teoría de los dos demonios.



Por Romina D´Alfonso



Luego de asumir que detrás del eslógan “justicia para todos” se esconden elementos significativos de los manuales propagandísticos utilizados por el terrorismo de Estado en la Argentina, el historiador y periodista Germán Ferrari, en su último libro, Símbolos y fantasmas, rastrea, analiza y desgaja el nuevo discurso de la derecha a partir de cuatro casos paradigmáticos: Argentino del Valle Larrabure, Pedro Eugenio Aramburu, Jordán Bruno Genta y José Ignacio Rucci. ¿Por qué la evocación en torno a las víctimas de la guerrilla implica siempre de manera explícita o velada una reivindicación de la última dictadura militar? Es la pregunta disparadora de esta investigación editada por Sudamericana.


–En su libro pone en escena a Aramburu, Rucci, Genta y Larrabure, y saca a la luz la compleja trama existente entre estos nombres y el discurso de “la derecha” que desea asemejar las acciones de las organizaciones armadas con el terrorismo de Estado. ¿Podría explicar cuáles fueron los nexos que encontró en estas articulaciones?–

Me interesaron estos cuatros casos que a simple vista son muy diferentes: Rucci era sindicalista; Larrabure era militar; Genta un filósofo católico y Aramburu un ex presidente. Sin embargo, los cuatro son simbolizados como mártires por la derecha. Percibí, además que guardaban una estrecha vinculación con la reactivación de la “teoría de los dos demonios”, supuestamente superada. Con la causa de Larrabure en primer lugar, se comenzó a exigir que se juzgue a los ex guerrilleros, tal como se estaba condenando a los ex militares. Sin embargo, los crímenes de “lesa humanidad” cometidos por la dictadura no tuvieron nada que ver con las acciones guerrilleras. Lo digo bien claro en el prólogo del libro: “El terrorismo se basa en el uso indiscriminado de la violencia sobre la población civil; y las prácticas de la guerrilla se caracterizaron por operaciones militares dirigidas contra el Estado”. De todos modos, desde la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la reapertura de los juicios, hubo una profunda modificación de estrategia de la derecha.


–No sólo habla de amnistía, también habla de justicia...–

Podemos estar de acuerdo o no con la lucha armada de los 70, pero la derecha omite algo fundamental cuando reclama justicia: el Estado represor fue el que triunfó en una guerra en la que hubo un plan sistemático de desaparición y exterminio de personas, en donde la búsqueda de justicia jamás interesó. Es más, la entidad Familiares y Amigos de los Muertos por la Subversión (FAMUS) se hizo conocida por las solicitadas contra la democracia, pero nunca se preocupó por investigar las acciones de la guerrilla.


–¿Por qué cree que se produce este cambio en el discurso?–

Porque es la última ficha que se están jugando para ver si pueden complicar la situación, no solamente en el terreno judicial, sino también en el social y frenar las causas a ex comandantes. El pasaje que se produce desde el concepto de amnistía al de “justicia para todos” hubiera sido impensado en los ochenta. Para el sector militar había un demonio. Y era la guerrilla. Derogadas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, la derecha se dio cuenta de que debía lograr un supuesto empate entre terrorismo de Estado y las acciones guerrilleras. Me pregunto entonces, qué puede llegar a pasar si en el 2011 gana Mauricio Macri o algún sector ideológico afín...


–En su libro señala que no debería descartarse que en un futuro se sucedieran cambios políticos y judiciales que amplíen el concepto de “lesa humanidad”. ¿Cree que esto es inexorable si gana lo que usted llama la derecha?–

Si bien hay cuestiones jurídicas nacionales e internacionales establecidas respecto a los crímenes de “lesa humanidad”, seguramente la derecha hará el intento por blandir ese concepto. Personalmente, considero que las sociedades no avanzan con el olvido. Y creo que hoy hay un consenso social muy fuerte en contra de la amnistía. Y lo pienso a partir de lo que sucedió con Abel Posse. ¿Cuánto tiempo duró en su función? Ni siquiera los sectores de la derecha aceptaron un discurso tan desprolijo.


–Actualmente, ¿por quiénes están representados los símbolos y fantasmas que dan título a tu libro?–

Los cuatro casos que elegí no fueron tomados al azar. Me parecía que reunían los elementos necesarios del pasado para analizar la construcción de un futuro sin autoritarismos. En este sentido, los cuatro protagonistas desde diversos aspectos fueron símbolos de la dictadura y hoy son fantasmas de la democracia. Hoy estamos en presencia de una vieja derecha con ropaje nuevo. Digo esto porque si bien hay cambios generacionales en muchos aspectos, en otros siguen con un discurso casi calcado de los manuales propagandísticos de la dictadura. Y no sólo hablo de revista B1 o Cabildo, sino también de los relatos de Susana Giménez y Mirtha Legrand, diciendo: “No volvamos a lo que pasó hace treinta años, olvidemos”. O lo que plantea Macri; y lo que mencionó Posse. Hay interconexiones muy fuertes. Desde lo mediático, tal vez, sean más visibles los exabruptos de Cecilia Pando y sus marchas. Pero hay otras versiones más sutiles y por ende más potables para un consumo de la clase media. Son tonos que quedan reducidos y que por ahí toman un estado público frente a determinados acontecimientos. Entonces con discursos más fuertes o más débiles se habla de amnistía y de indulto, se menosprecia el trabajo de la Justicia en la reapertura de las causas, y se intenta reflotar la “teoría de los dos demonios”. Y hoy, en el 2010, todavía la democracia sigue estando acosada por estos fantasmas.

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