domingo, 10 de enero de 2010

PADRE GABRIEL MAIRE, MÁRTIR DE LOS POBRES, BRASIL


Sacerdote francés. Misionero en Brasil desde hace 9 años, a cargo de la pastoral en Cariacia, un barrio de Vitoria, estado de Espirito Santo. Asesinado.


Su cuerpo es encontrado dentro de su automóvil, el corazón atravesado por una bala. No bien llega de Francia, asume el acompañamiento de las comunidades de Campo Grande; trabaja en el boletín de pastoral obrera y en el folleto litúrgico "Caminhada". Llega a ser coordinador del área pastoral de Cariacica, que incluye seis localidades. Además, Gabriel es uno de los principales asesores del obispo de Vitoria. Su línea pastoral de concientización y organización del pueblo y el fomento de la participación de los cristianos en el movimiento popular, sindical y político, molesta a los que detentan el poder.


El padre "Gaby", como lo llaman afectuosamente, es amenazado de muerte desde hace varios meses, juntamente con los sacerdotes Edemar Endriger y Neves Balestrera. En una oportunidad es amenazado personalmente por el subdelegado de policía. Todo esto lo obliga a tomar ciertas precauciones, las que abandona pocos días antes de su muerte. Que ocurre el día en que, después de celebrar un casamiento en Castelo Branco, un hombre le pide que lo lleve en su coche hasta Porto Santana, donde Gabriel tiene otra celebración. En ese trayecto, frente a la estación Carlos Lindemberg, Gabriel es asesinado con un tiro en el pecho.


El obispo de Vitoria, Dom Silvestre Scandian, en una comunidad de la diócesis, afirma entre otras cosas: "Estamos convencidos que el padre Gabriel no fue víctima de un delito común. Hay contradicciones entre los inculpados. La hipótesis de asesinato por encargo no debe ser descartada, ya que el padre recibió amenazas de muerte. Confiamos en los testigos que se han presentado espontáneamente por la diócesis y cuyos testimonios han sido considerados falsos.


No tenemos interés en 'fabricar un mártir'. El verdadero martirio del padre Gabriel se ha concertado ya en su vida entregada al pueblo sufriente y martirizado por la injusticia social y la opresión."


Por otra parte, el abogado de la diócesis, en una exposición ante la justicia, demuestra las contradicciones entre el informe policial y los presuntos culpables, quienes declaran ante el juez que no son los asesinos, pero sí que han recibido dinero para la "puesta en escena" organizada por "los policías".


Gabriel tiene 53 años al morir, y el pueblo despide su cuerpo con carteles de repudio a los asesinos y de esperanza en el triunfo de la justicia.

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