martes, 12 de enero de 2010

RETÓRICA ESCANDALOSA Y CENTRALIDAD DEL TRABAJO


Por Oscar González *


Cuando Néstor Kirchner asume el gobierno, en 2003, el derrumbe de la convertibilidad y el posterior estallido del 2001 habían dejado un país tan devastado socialmente que ningún analista económico pronosticaba plazos de recuperación menores a una década, con lo cual volver a un índice de desempleo menor a dos dígitos aparecía como una meta incierta, casi imposible. En las consultoras privadas y entre los analistas de los grandes grupos económicos se hablaba sin tapujos de las dificultades del nuevo gobierno, que, según opinaban casi unánimemente, tendría que resignarse a aplicar un ajuste feroz para pagar la deuda pública, ya que el default declarado bajo la gestión de Eduardo Duhalde sólo había postergado brevemente el problema. Tanto que, luego del intento de disciplinamiento social mediante la represión, que culminó en el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán el 26 de junio de 2002, ese presidente tuvo que llamar a elecciones anticipadamente e irse a su casa. Sorprendentemente, una coyuntura internacional con elevados precios para nuestras exportaciones y, sobre todo, una conducción estatal que reorienta la economía hacia la producción y el empleo después de más de una década de predominio financiero, redujeron el desempleo a un dígito, al tiempo que descienden los desoladores índices de pobreza e indigencia. Con ello, quedan atrás los tiempos en que la protesta social y el reclamo por alimentos se enfrentan con gases y balas: la política se torna en instrumento de reordenamiento y concordia. Pero la pobreza, asentada en décadas de concentración extrema de la riqueza y el capital gracias a la colonización del Estado por los grandes grupos de poder, requiere de políticas que, más allá de la ayuda focalizada que atiende a las necesidades más acuciantes, apunten a una estrategia que contemple el desarrollo productivo con alta generación de empleo y un mejoramiento sustancial de la educación y la investigación científica y tecnológica. Son éstos los frentes que el gobierno priorizó en la distribución de recursos luego de la renegociación de las obligaciones en default.


La resistencia feroz de las patronales agropecuarias a los derechos de exportación y, también, aunque en menor medida, el impacto de la crisis económica internacional, demandaron del Estado una mayor inversión para poner en marcha programas destinados a sostener la producción y el empleo, como ocurrió con la automotriz General Motors y numerosas plantas metalúrgicas, unos de los rubros donde más golpeó la recesión mundial. Y justo en estos días, cuando el "escándalo" de la pobreza, como lo define el Papa apelando a una retórica trillada que aquí se difundió con clara intencionalidad política, se ha transformado en consigna fácil de la oposición política y económica, la Presidenta Cristina Fernández anuncia el plan "Trabajo con Inversión Social" que creará 100 mil nuevos empleo mediante cooperativas de trabajo ligadas a la construcción de infraestructura básica en los municipios. Al mismo tiempo, el Banco Nación reveló que el ambicioso programa de financiamiento a las empresas pequeñas y medianas, que se aplica desde hace un año y medio, alcanzó este mes los 3 mil 200 millones de pesos en colocaciones. El más beneficiado por el programa es el sector agropecuario.


Lejos de la concepción asistencialista vulgar, en la que la ayuda es una dádiva y no genera derechos ni crea ciudadanía, las políticas públicas que impulsa el gobierno nacional en materia social restituyen la centralidad del trabajo y son la mayor herramienta para abolir aquel "escándalo" de la pobreza que ahora intentan expropiar como discurso los sectores privilegiados y sus laderos de la oposición derechista. La provisión de alimentos y otros bienes básicos es una necesidad perentoria allí donde la pobreza estructural golpea dolorosamente.


Pero si no hacemos nada para que esas medidas urgentes sean una porción cada vez excepcional de las políticas sociales, la pobreza será siempre un estado de las personas y las familias, consideradas como objetos de caridad y no como sujetos de derechos. Por eso "trabajo, con inversión social".


*Dirigente socialista, ex secretario general y diputado nacional del PS. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

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