jueves, 29 de abril de 2010

EL PLAN INVIERNO QUE NADIE ACEPTA


A falta de políticas sociales y de viviendas, el parche fue tratar de pagar a las iglesias para que alojen a indigentes en las noches de frío. Les ofrecieron 18 pesos por pobre alojado. Todas dijeron que no lo harán.


Por Gustavo Veiga


Las personas en situación de calle o que esperan un inminente desalojo lo bautizaron el Plan Invierno. Le pusieron ese nombre, aunque el gobierno porteño no lo anunció de manera oficial. En la Iglesia Corazón de María, en el barrio de Constitución junto a la autopista Sur, el padre Jorge Alonso se enteró hace un par de semanas de qué se trataba. Un empleado del Centro de Gestión y Participación 1 le hizo una propuesta que lo descolocó. Ante las bajas temperaturas que se aproximan, le garantizó una paga de 18 pesos diarios por cada indigente que permitiera dormir en el templo. Además prometió entregarle colchones para sus huéspedes y brindarle lo indispensable para la higiene y la seguridad. A cambio, le señaló dos condiciones: que accediera a recibir entre cuarenta y cincuenta sin techo y que los refugiara entre mayo y agosto. La respuesta del sacerdote, después de consultar a los laicos y religiosos que lo asesoran, resultó negativa. Sacerdotes de diferentes parroquias que fueron advertidos del proyecto asistencialista, también anticiparon que lo rechazarían. “Esto es un parche, por no decir una pantalla”, afirmó el cura Lorenzo de Vedia, de Santa Elisa, en Barracas.


El padre Jorge no recuerda en sus 48 años de ministerio sacerdotal un caso así. La política social de Mauricio Macri despierta recelo. “Primero crean los pobres y después nos piden que los ocultemos”, dice mientras se interroga por qué las autoridades no emplean el dinero en la construcción de albergues adecuados para quienes tienen problemas de vivienda. Cuando contó lo sucedido en una reunión del decanato que congrega a las iglesias ubicadas al sur de la ciudad, sus colegas le comentaron que todavía no habían sido visitados.


El CGP de Uruguay 740 puso la mira en Corazón de María, el templo de los misioneros claretianos. Una mujer, presuntamente la superior jerárquica del empleado que quiso cerrar el trato, llamó por teléfono para decir que sólo pedía alojamiento para las noches en que hiciera mucho frío. “Por debajo de los 5 grados”, puntualizó Alonso que le comentó. En la parroquia de la calle Constitución 1077, no sólo el sacerdote escuchó la oferta de 18 pesos por cada persona en situación de calle. Fernando Guzmán, un laico de la Comisión de Justicia y Paz de los claretianos, corrobora lo que pasó (ver aparte). Los dos estiman que personal del gobierno debe haber recorrido templos de distintas confesiones.


El padre Jorge no demoró demasiado en responder a la propuesta. Dialogó con otros sacerdotes y laicos, escuchó opiniones a favor y en contra, y se persuadió de que no podía aceptarlo. Ni cuando le dijeron que el programa Buenos Aires Presente iba a colaborar acercando a los indigentes a su parroquia. Su visión crítica de la política de asistencialismo y el escaso espacio con que cuenta lo convencieron de negarse. “Tenemos niños que vienen a catecismo, Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos se reúnen en la iglesia, los baños no alcanzan para tanta gente”, comentó.


En la agrupación Proyecto 7 que trabaja sobre la problemática de personas en situación de calle manejaban la versión de que en la iglesia Ortodoxa Rusa, de Brasil 315, había sucedido un hecho semejante. El padre Valentín Iwaszewicz, con cuarenta años de vocación sacerdotal, dijo a Página/12: “Acá no tenemos un espacio físico para alojar gente. Que yo sepa, nadie vino a ofrecernos dinero. El único llamado que recibimos del CGP 1 fue para que participáramos del festejo por el día del barrio de San Telmo”. Iwaszewicz sostiene que la mayoría de los indigentes de origen ucraniano o ruso que solían mendigar en sus inmediaciones, regresaron a Europa con ayuda o por sus propios medios. Muchos habían sido damnificados por la quiebra de una compañía pesquera que los varó en Buenos Aires.


Proyecto 7 y otras organizaciones sociales que se movilizan a menudo por estos problemas, repudian el modo en que el gobierno del PRO maneja el Plan Invierno “porque no resuelve la situación de miles de hombres, mujeres y niños, sino que privilegia el lucro de supuestas organizaciones de caridad y/o sociales, a las cuales se les ofrecen colchones, personal de seguridad y dinero como los 18 pesos por persona y por día, para albergar sólo durante la noche a las personas forzadas a vivir en situación de calle, garantizándoles ‘el desalojo’ por la mañana”.


Las agrupaciones que se organizan para resistir o denunciar la situación de gente que vive o es empujada a la calle, coinciden en que cada vez hay más indigentes que duermen a la intemperie. Un funcionario del gobierno que se desempeña en el área de Economía Social, con reserva de su nombre, informó a este diario que el presupuesto para contingencias graves como ésas no aumentó en relación con 2009. “La política es la misma. Relevan a las familias que viven en la calle, les proponen ir a paradores y si se niegan les dan una frazada o una vianda.”


El subsidio que se paga por desalojo es de 450 pesos. Después, el jefe de familia que lo sufre, debe tramitar una asistencia de 700 pesos que el gobierno de la ciudad abona durante diez meses. La ayuda es insuficiente, sobre todo porque desde mediados del año pasado, del Gran Buenos Aires llegó mucha gente para refugiarse debajo de las autopistas o en los umbrales de edificios públicos. “Hay más personas en la calle, más personas pidiendo, más personas deterioradas. Yo diría que la tendencia es notoria desde el año pasado hasta ahora”, cuenta el sacerdote Toto de Vedia, de Santa Elisa. En su jurisdicción eclesiástica se encuentran los hospitales neuropsiquiátricos para adultos Borda y Moyano y el Tobar García, que es para niños y adolescentes. Enfrente de su parroquia queda el hogar de ancianos Rawson, donde también cumple tareas pastorales. Y coincide con el padre Alonso en que “no hubiera aceptado una propuesta como la que le hicieron a la Iglesia Corazón de María”.


Los laicos que trabajan en la zona sur de la Capital –que fuentes del propio gobierno definen como la más conflictiva–, sacaron cuentas de la propuesta del CGP 1 y no entienden cómo el gobierno canaliza la asistencia social de esa manera. Si los párrocos aceptaran el dinero podrían recibir durante cuatro meses unos 88.560 pesos. La cifra surge de dar albergue a cuarenta personas en situación de calle por noche, que le reportarían a cada iglesia 720 pesos y algo más de 20 mil mensuales, si el Plan Invierno se extendiera durante mayo, junio, julio y agosto (123 días). Aunque el propósito que le confió aquella mujer del CGP 1 al cura Alonso, precisaba que sólo se aplicaría cuando las temperaturas bajaran demasiado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada