domingo, 11 de abril de 2010

"UNA ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA NO SE HACE CON OVEJAS"


Entre escaleras y cuartos, cielorrasos que –explica– ahora están espejados o recuperación de baldosas antiquísimas, la vorágine de Víctor De Gennaro se detiene, sobre todo, para contar quiénes son las personas con que se cruza en el camino. No importa si juegan de local, llegaron de Formosa o son los de Neuquén que están organizando “la Constituyente”: conoce a todos, con nombre, apellido e historial construido. Y ahí, apenas en ese gesto espontáneo e inquieto, como el de un niño ansioso por su última conquista, De Gennaro imprime su estampa: la de un carisma convocante que –a paso lento– avanza en la construcción de una organización que aspira a ser la más plural de la Argentina mientras se mira en el espejo de Evo Morales y Lula Da Silva.

En el umbral de este reducto parecen haber quedado los dardos que lanzó la última semana Juan Belén, número dos de la Unión Obrera Metalúrgica y secretario adjunto de la CGT, que definió a la CTA –donde De Gennaro ocupa el cargo de secretario de Relaciones Institucionales– como “una zurda loca”. O, incluso, los paños fríos que intentó desparramar el titular cegetista Hugo Moyano, con su convocatoria a discutir “la unidad del movimiento obrero”, ante la reactivación de la pelea entre ambas centrales por la personería gremial que exige la organización que comanda Hugo Yasky. De Gennaro sentencia: “En la interna de la CGT no me meto”.


¿Ni siquiera para responder si se puede discutir la unidad obrera?


Eso lo podemos hacer siempre. Pero nuestro modelo sindical es diferente al de la CGT, que quedó viejo. Después del ’89 y la caída del Muro y de los noventa y el neoliberalismo, nosotros establecimos la concepción unitaria más alta: cualquiera se puede afiliar a la central, sea trabajador privado, científico, estatal, jubilado o desocupado. ¿Querés más unidad que esa? Acá somos todos iguales. En cambio, desde el ’91, la CGT se subordinó al PJ y lo dijo con todas las letras: “Como hay un presidente justicialista, la organización tendrá que ser la garantía de la aplicación de sus políticas”. Tendría que haber sido al revés: el presidente, garantía de la felicidad para el pueblo. Y eso no se dio.


En aquel momento, Moyano también cuestionó al gobierno menemista. ¿No vislumbra en la actualidad la posibilidad de definir un camino común?


En su momento, Moyano armó el MTA y consideró que había que recuperar la CGT. En cambio, desde la CTA defendimos la idea de crear una unidad mucho mayor porque el mundo había cambiado y había que dar cuenta de esta nueva realidad. Desde entonces, ellos fueron y vinieron varias veces en su relación con los gobiernos. Pero nosotros no queremos que el Gobierno, ni este ni cualquier otro, diga quién es bueno y quién no. Preferimos discutir y otorgarles el poder de decisión a los trabajadores. No queremos ni el dedo del ministro de Trabajo ni de las empresas. Hay dos núcleos muy grandes donde, en estos 25 años de recuperación institucional, la democracia no pudo penetrar: los núcleos de la seguridad –policía, Fuerzas Armadas, etc.– y las empresas donde se genera más riqueza, si se tiene en cuenta que en el 87 por ciento de ellas no existen delegados ni comisión interna.


El año pasado comparó el otorgamiento de la personería gremial a la CTA con la Ley de Medios: dijo que eran sólo promesas. La reforma a la ley de radiodifusión de la dictadura ya se votó en el Congreso. ¿Tiene esperanzas en que el Gobierno avance sobre la personería?


Es algo que nos corresponde. Y uno piensa que el Gobierno debería avanzar en ese sentido. Puede suceder lo contrario. Pero ya no interesa.


¿No interesa la personería?


Ya no nos interesa del mismo modo que años atrás. Pasaron dos cosas. La primera es que cada vez hay más organizaciones sindicales, como los tariferos en Misiones, los mineros en San Juan, los ajeros en Mendoza, y ese tren no lo pueden parar: miles de valientes se están organizando. Y, en segundo término, está el fallo de la Corte Suprema, que determinó que los sindicatos inscriptos pueden elegir delegados y no se necesita ser afiliado al sindicato que tiene la personería para ser candidato. Por eso, insisto, tienen pánico de que la gente se organice y hay tantos lugares sin cuerpo de delegados. Y eso es lo que defiende el Gobierno. Del ’46 al ’49, el Ministerio de Trabajo se caracterizó por formar sindicatos, intervenir las empresas, defender los derechos de los trabajadores. Hoy es al revés: funciona como la jefatura de personal de las empresas, impidiendo que los trabajadores nos organicemos mejor para que las empresas no nos hagan pagar la crisis. Quizás, algún día, deje de existir esa exigencia, como en Uruguay, donde los sindicatos se inscriben solamente o en Brasil, donde pueden convivir cuatro centrales obreras.


De Gennaro suena contemplativo. Y apela a los jóvenes para explicar su propia transformación: “Ellos tienen otra mentalidad. Les importa tres pepinos la personería o la unidad de la CGT y la CTA. Te dicen: ‘Ya existen las dos. Yo elijo cuál quiero’. Así de simple. Y es más, a veces, aprietan y disparan: ‘Los burócratas también están acá adentro. Fulano o mengano no me convoca o no me deja participar’”. Justamente, exigencias que escucha con más insistencia en estos días, que lo mantienen ocupado en la coordinación de un nuevo encuentro de la Constituyente Social –el movimiento político, social y cultural del que participan diversas organizaciones de todo el país– que tendrá lugar del 20 al 22 de noviembre en Neuquén.


“Caminar hacia la Constituyente Social en la Argentina –cuenta De Gennaro– es nuestra forma de alentar y construir la gran unidad popular que hace falta. Obviamente, lo tenemos que hacer lo más urgente posible. Porque cada día que tardamos en alcanzarla, no es neutral: se mide en muerte de pibes por hambre y en muerte de viejos antes de tiempo. Hoy están saqueando nuestros recursos naturales, están impidiendo la democratización a fondo y están imposibilitándonos de ser felices en un país donde sobra comida, sobran recursos y debería sobrar trabajo. Esa demora nos desespera. El año pasado, en Jujuy, nos reunimos para tocarnos, sentirnos, fijar prioridades y discutir acciones. Ahora enfrentamos el desafío de discutir específicamente una estrategia de poder y no habrá una respuesta sino varias que decantarán en una colectiva.”


¿Y cómo entiende usted el poder?


Como la capacidad de hacer lo que creés que podés hacer. En mi caso, con el objetivo de poder ser feliz pero no en forma individual sino colectivamente. Claudio Lozano lo sintetizó bien: “El poder no es un sustantivo”. Cuando era joven, pensaba que había que tomar el poder, como si fuera a agarrar una torta de una ventana. Quisimos hacerlo de ese modo y nos cortaron las manos, pero no los sueños. Y así aprendimos que el poder no se toma sino que se construye. Es la capacidad de hacer: tuya, mía, nuestra.


Suena utópico si lo explicara del mismo modo y fuera presidente a la vez...


En la Argentina las cosas son más fáciles de lo que parecen. Acá se planificó y se inventó el hambre. Y yo imagino que se puede avanzar en cosas sencillas, de sentido común. Por ejemplo, está por llegar el verano y seguramente haya una epidemia de dengue. ¿Cómo se está preparando el Ministerio de Salud? Se podría pensar en la necesidad de contar con nuevos agentes sanitarios y ahí se generarían puestos de trabajo. Claro, hay que pagarles. Es una elección: les entregás subsidios a los grupos económicos o invertís el dinero en defender al pueblo. Insisto: acá sobra comida pero te inventaron el hambre. O dicen que hay que cuidarse de los pibes, invertir en más seguridad y bajar la edad de imputabilidad en lugar de cuidar a los chicos, sacarlos de la pobreza, darles otro futuro.


En los últimos días, personajes de la farándula como Marcelo Tinelli, Susana Giménez o Mirtha Legrand reclamaron más seguridad y hasta sugirieron reprimir manifestaciones sociales. ¿Cómo analiza esas declaraciones?


Hay que ir por partes. Yo soy padre, vivo en el conurbano y quien diga que no se le aprieta el corazón cuando tiene hijos o nietos en la calle, miente. Existe una situación que a todos nos presiona. La cuestión es pensar cómo se resuelve. Y la respuesta es clara: a mayor distribución del ingreso, mayor seguridad. Es así de simple. Pero nadie quiere discutir este tema porque prefirieron tener una sociedad donde se enriquecen unos pocos. Cada uno puede ponerse en el lugar que quiera. Es una cuestión de sentido común: la clave está en la necesidad de distribuir el ingreso de modo más justo.


La derecha también suele apelar al sentido común para defender medidas represivas o, incluso, la baja en la edad de imputabilidad...


El sentido común de la derecha es un verso que inventó Bernardo Neustadt con doña Rosa. Y era el menos común de los sentidos. El sentido común es de aquellas personas que tenemos los pies en la tierra, que vivimos como la mayoría de nuestros compatriotas, que sufrimos las consecuencias de no ver futuro con estas políticas.


¿Rescata medidas del actual gobierno, como la asignación universal?


Ojalá fuera universal, porque no lo es. Obviamente, hay que reconocer que se trata de un avance: se destinará dinero a millones de chicos. Pero existe, a la vez, un inconveniente: se mete la mano en la plata de los jubilados, determinando un tipo de financiamiento regresivo. Y encima se traslada allí al Plan Familias que se financiaba, en parte, con arcas del Tesoro que ahora quedan liberadas para pagar, por ejemplo, la deuda. Ese no es el modo. Hay que financiar progresivamente y sin ser mezquinos. Lo mismo sucedió con la cuestión de las AFJP. Nosotros apoyamos la reestatización porque era un curro institucionalizado. Pero es una pena que la guita sirva para salvar empresas o pagar la deuda externa. Eso es lo que no queremos.


¿Y cómo unifican posturas, teniendo en cuenta que en la Constituyente confluyen distintas fuerzas partidarias?


La CTA es una central autónoma del Gobierno y como tal acepta a afiliados de todos los partidos políticos. De la Constituyente participan diecisiete partidos y ojalá vengan más, para que podamos tener un entero donde se exprese la fortaleza de nuestro pueblo. La UCR y el PJ dejaron de ser expresiones de movimientos nacionales para convertirse en máquinas de ganar elecciones. Ahora, lo nuevo no nace por decreto ni detrás de una figura. Y en esa construcción estamos trabajando todos: Pino Solanas, Claudio Lozano, Fabio Basteiro, Martín Sabbatella, Julio Fuentes, de Neuquén, Nando Acosta, Milagro Sala. La confluencia es un proceso y la expresión de la Constituyente tiene que ser de todos, sin dividir el campo popular en aras de una construcción colectiva, sino buscando conformar una fuerza nacional, popular y transformadora. Hay que acostumbrarse a la democracia. Las diferencias no son la excusa para fracturarse porque, justamente, el terror y la división del campo popular siempre fue un negocio de los dueños del poder.


¿No importa cuánto demoren en esa construcción?


Ya lo dije: existe la urgencia. Pero una organización revolucionaria no se hace con ovejas. Estoy convencido: se hace con personalidades que se bancan la construcción y el esfuerzo. En ese camino andamos, sin olvidar que a las grandes transformaciones las produce la esperanza. En Jujuy y en la marcha del 12 de diciembre de 2008 quedó demostrado que a la izquierda del gobierno no está la pared. Pero no queremos discutir más boludeces. Queremos discutir cómo hacemos lo que tenemos que hacer. ¿Por qué nos anotamos en este camino? Por el mismo motivo que cuando te eligen delegado: porque sos rebelde y das el primer paso para putear al jefe. Acá son todos rebeldes y eso debemos organizar: una rebeldía consciente que nos permita construir una esperanza colectiva y en serio.

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