jueves, 14 de abril de 2011

EFECTOS SOBRE LA SALUD


Dos especialistas explican las consecuencias de la contaminación por exposición a radiación para el cuerpo humano. Todo depende del tipo de material y la cantidad liberada. Y de cada predisposición orgánica.



La liberación de vapores con radiactividad de la central nuclear de Fukushima I en Japón puede dejar en el ambiente más de 60 elementos contaminantes. Ante esto, los especialistas de la salud advierten sobre las probabilidades de contraer cáncer, como daño más grave, aunque supeditado a qué tipo de material y cantidad se liberó, y la predisposición orgánica a adquirir esa enfermedad. Desde lesiones cutáneas hasta leucemia pueden aparecer en el cuerpo humano como consecuencia de la exposición a la radiación. Por ejemplo, en Chernobyl el cáncer de tiroides fue la manifestación más generalizada de una afección en la salud, debido a la falta de medidas paliativas en las primeras horas tras la fuga. En cambio, en este caso se entregaron pastillas de iodo a los habitantes más próximos a la central energética para contrarrestar esa posibilidad. El vicepresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, Alberto Romero, indicó que para entender las consecuencias para el organismo generadas por la radiactividad se debe conocer primero el tipo de irradiación. Por ejemplo, “las irradiaciones alfa son corpusculares y tienen muy poca penetración, una hoja de papel la pueda parar. La beta es de mucho menor corporeidad y puede penetrar en el organismo hasta dos centímetros. Y la gama, utilizada en la radiología, tiene mucha mayor energía y puede pasar todo el cuerpo de una persona”. Si hay liberaciones radiactivas de magnitud importante que alcancen a penetrar el organismo “pueden aparecer desde una inflamación en una primera etapa hasta úlceras o muerte celular”. Por desconocer los niveles y tipo de radiactividad emitida en Fukushima, el especialista aclaró que no se puede saber de forma exacta las enfermedades que podrían manifestarse en la población aledaña a la planta de energía. Pero en continuidad con la idea de un hipotético caso de emisiones radiactivas considerables, dijo que a largo plazo “pueden aparecer lesiones tumorales en la tiroides, leucemia o tumores en la piel”. Para explicar el impacto de estos elementos en la salud, Judith Desimoni, responsable del Grupo de Investigación y Servicios de Radiactividad y Medio Ambiente del Instituto de Física de La Plata, hizo una comparación: “Estas radiaciones ionizantes son iguales a las del sol, en el sentido de que si uno se expone poco tiempo es bueno para fijar calcio y producir vitamina D. Si se expone más, va a enrojecer la piel. Y si se queda dormido al sol va a tener una quemadura de segundo o tercer grado; si estás más tenés riesgo de tener cáncer”. El daño de la radiactividad varía, además, según el grupo etario, sexual y la predisposición biológica a contraer determinadas enfermedades. Los jóvenes, de menos de 15 años, “están más predispuestos a cánceres de tipo hemológicos como la leucemia” y “en más adultos pueden aparecer cáncer de piel o de mamas en las mujeres”, indicó Romero. En el sexo femenino también se puede presentar la afectación de los óvulos, debido a que estas células no se renuevan, a diferencia de los espermatozoides que se regeneran cada 90 días. “Si los óvulos se afectan, no hay forma de renovarlos. Pero esto se da en casos muy extremos”, expuso Desimoni. Ambos especialistas coincidieron en aclarar que para contraer alguna de estas afecciones “debe haber un organismo predispuesto” a cierto tipo de lesiones. También los dos profesionales consideraron el cáncer de tiroides como la enfermedad que más puede manifestarse en un caso de este tipo. Es por eso que en la población cercana a la central nuclear se repartieron pastillas de iodo, que al consumirlas saturan la glándula tiroides con este elemento para evitar la incorporación al organismo del iodo con alta radiación que llega en el vapor liberado. “Esa entrega de pastillas en Chernobyl no se hizo y muchas personas contrajeron cáncer de tiroides”, apuntó la investigadora del Conicet. Para poder dimensionar un caso extremo de daño causado por la radiactividad, Desimoni ejemplificó con el caso de los soldados que en Chernobyl limpiaron la planta energética. “Estaban unos pocos minutos allí y muchos murieron de manera fulminante, en menos de un mes.” Por lo que aseguró que “si alguien tiene cáncer y ha estado expuesto a la radiación” de manera indirecta, como alguno de los pobladores de Fukushima que se refugiaron en sus casas “no quiere decir que se haya enfermado necesariamente por eso”. Las posibilidades de que una enfermedad se desarrolle a partir de los elementos radiactivos liberados en Fukushima son dispares en el espacio y el tiempo debido a la evolución del accidente nuclear y los factores climáticos que trasladen los elementos radiactivos. Ante tanta incertidumbre, Romero apuntó que “indudablemente, si existió liberación de radioisótopos, eso contamina el aire y el agua y habrá consecuencias a largo plazo” para la salud.

Informe: Leonardo Rossi.

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