martes, 19 de abril de 2011

LOS HILOS DE LA TRAMA



Por Jesica Farías




Cooperativa Amazonas del Oeste Ltda. El caso de la primera cooperativa textil de La Matanza construida a partir de la diversidad sexual y de géneros. De la prostitución a la dignidad.




Saben coser, pronto bordarán y abren las puertas del taller para que su historia llegue lejos, más allá de la Ruta 3. El calor no da tregua y el viento se ha olvidado de soplar las polvorientas callecitas que conducen a la cooperativa. Adentro, detrás del portón negro y los muros rosados que dan la bienvenida, están trabajando: Gabi, sentada a una de las máquinas, mientras Tamara revuelve una lata redonda llena de hilos sin encontrar el que busca. Diego ayuda a doblar una cortina y Daniela deja las prendas terminadas con las demás.“Nosotros nos autoproclamamos como la primera cooperativa de diversidad sexual de La Matanza. Mundialmente, Nadia Echazú fue la primera y su presidenta, Lohana Berkins, es nuestra madrina. Hay mucha conexión, no trabajamos en conjunto pero nos han dado una mano en nuestro desarrollo”, explica Javier Puyol, presidente de la cooperativa Amazonas del Oeste, quien en sus años mozos se hacía llamar Brenda. Ahuyentan estigmas, lugares comunes y logran que en ese espacio, aún en construcción, confluyan quienes han sido corridos de la sociedad por su elección sexual.“Acá no sentimos la discriminación, que es lo más duro que nos toca vivir. Yo tuve experiencias de trabajo bajo patrón y la diferencia con la cooperativa es notable: en la empresa, mi jefe me demandaba mucho más que a mis compañeros por el hecho de ser trans. Además, mis compañeros me dejaban de lado, no me hablaban. En cambio en este lugar encuentro apoyo”, afirma Tamara, rubia rabiosa que está de jeans y musculosa y aún así no pierde el glamour. Todas asienten.Trascartón, sobre ellas se tiene la cruel idea de que por haber nacido varones que no se sienten a gusto con su cuerpo y lo convierten, a fuerza de hormonas, peligrosa silicona y unas agallas determinantes, cualquier esquina debería ser suya. Pero ellas se resisten y patean la calle, pero sólo para llegar al taller. “Trabajé mucho tiempo en la calle sin poder aprender ningún oficio, acá me voy integrando, voy adquiriendo conocimientos que me van a servir para siempre. Además, aprendo sobre costura, moda y me fascina trabajar con telas. La cooperativa me cambió la vida”, dice Daniela, con su dulce voz.




Armados con agujas e hilos.






“El nombre de la cooperativa se liga al emprendimiento, a la lucha, contemplando la diversidad sexual y el área mujer”, explica el presidente. La literatura moderna muestra a las amazonas como mujeres aguerridas, independientes, que amenazan la masculinidad. Las del Oeste le muestran los dientes a quienes las segregaron. Sus defensas se despliegan en una pequeña mesa: hilos multicolores, tijeras, reglas, libros sobre diseño y retazos de telas. “Yo trabajaba para una empresa, haciendo ropa blanca. Trabajaba con Diego, Alexis y Lorena, miembros de la cooperativa, en este mismo espacio, sin la forma que tiene ahora. Cumplíamos con las entregas pero un día, la dueña nos dijo Uds. son el taller número 35, dándonos a entender que estaba reduciendo personal. Poco a poco, empezaron a decirnos que los productos tenían pequeñas fallas, no en la confección, sino que estaban rozadas, siendo eso mentira”, rememora Javier, al narrar el momento en que pensó en formar una cooperativa.“Un día vinieron dos tipos de la empresa a traerme tela y cuando la dejaron, miraron a las chicas y me dijeron ‘Qué lindo personal que tenés’”, se crispa. Le corrió un escalofrío por la espalda aquel día y cada vez que lo cuenta. En esa frase, lo que buena parte de la sociedad piensa y a veces vomita: que ellas, por ser trans, son fenómenos de circo. Empezaron a decirle que las cortinas estaban manchadas, los cobros se retrasaban. “Analizando la situación, comencé a sentir una discriminación encubierta: ellos pretenderían que acá vinieran a trabajar en overol y que se pintaran un bigote y yo no podía ni tenía por qué decirles que lo hagan”. Sin fuente laboral, se acercaron a Lohana Berkins, presidenta de la cooperativa Nadia Echazú, y ella les dio la idea de conformar un grupo que llevase adelante los valores del cooperativismo y las puso en contacto con quien fuera la primera presidenta de las Amazonas, Noelia Luna, destituida tras una gestión fraudulenta. “Arrancamos muy bien pero en el camino se perdió el dinero y casi fundimos, es increíble, pero acá estamos.”




El botón de la muestra.






El tesorero y otras socias de la primera cooperativa matancera, construida sobre un saber tanto como por las múltiples condiciones de identidad sexual, doblan prendas. Mientras Javier rememora la historia que comenzó en 2008, en el taller se escucha un concierto de máquinas de coser y risas. “Esta situación era impensada en la gestión anterior”. Los miembros cuentan que la antigua presidenta no iba a trabajar; que tomaba las decisiones junto con su marido, a la sazón tesorero del emprendimiento, sin tener en cuenta las opiniones del secretario, la sindica ni de los dos vocales. “Se dirigía al colectivo diciéndonos ‘Yo te pago un sueldo y si quiero firmo y te bajo’”. Su práctica tan alejada de los principios del cooperativismo que priorizan la ayuda mutua, la igualdad y equidad, la democracia, responsabilidad y solidaridad, desembocó en la partida forzosa del dúo. Lamentablemente, con ellos se iría la cuenta corriente de la organización, tras un año de percibir las cuotas sociales de más de 80 miembros. En abril de 2010 con los tránsfugas afuera y luego de sucesivas discusiones que desgajaron al colectivo inicial quedaron “35 de los 95 socios que hasta ese momento había. Ahora la mayoría está recibiendo 600 pesos que son subsidiados por el Ministerio de Trabajo de la Nación”, explica Puyol, al tiempo en que ceba un mate dulce, nada parecido al pasado reciente (y al otro) de Las Amazonas. “Si hubiésemos tenido una gestión transparente, estaríamos mucho mejor aún, pero la situación no fue para nada clara y recién en mayo de este año retomamos el buen camino y dignificamos nuestro trabajo. Podríamos haber recomenzado como una recuperada pero no habíamos tocado ese fondo, así que decidimos purgar la cooperativa y seguir para adelante.”Mientras planifican la próxima producción de cortinas esperan una nueva bordadora y que en marzo comiencen los cursos para mejorar los usos de las máquinas. Y, entre costura y costura, hacen campañas para concientizar sobre el VIH-Sida, HPV y métodos de anticoncepción como el DIU.El taller, en muchos casos, es la segunda casa; allí encuentran desde contención hasta un desayuno. La palabra que más resuena es dignidad, surge en cada frase con una gran sonrisa.“Queremos seguir adelante, no quedarnos en el intento de hacerlo, a pesar de los palos. Si aparece una piedra en el camino, tenés que saltarla, no podes parar”.

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