jueves, 7 de abril de 2011

VIOLENCIA UNIFORME


Por Alejandro Wall


ESTUDIO. Una de cada cuatro muertes en las canchas se produjo con participación de la Policía. La represión es la segunda causa de pérdidas de vida, después de los choques entre hinchadas, según la ONG Salvemos al Fútbol.

Una de cada cuatro víctimas de la violencia en el fútbol tuvo encima la mano policial. Quienes deben garantizar la seguridad durante los partidos se convierten, de esa manera, en responsables de la segunda causa de muerte en las canchas. La primera, por supuesto, es la más lógica: el enfrentamiento entre hinchadas rivales. Así lo demuestra el último informe del Departamento de Investigaciones de la ONG Salvemos al Fútbol, el cual además destaca que los que más sufren el abuso policial son los hinchas visitantes.El trabajo se titula “Los operativos de (in)seguridad en los estadios de fútbol”. Lleva las firmas de Santiago Uliana, Diego Murzi y Sebastián Sustas, los tres sociólogos que trabajan en la entidad y que desde hace tres años se dedican a acumular y estudiar estadísticas sobre la violencia en las canchas, y ayuda a reflexionar sobre la problemática desde distintos enfoques. En este caso, pusieron la lupa sobre el rol policial. La muerte de Ramón Aramayo el domingo 20 de marzo pasado en el ingreso al partido entre Vélez y San Lorenzo tuvo a la Federal en el centro de la escena. Por ese hecho, tres efectivos de la Comisaría 44 de Liniers fueron pasados a disponibilidad preventiva mientras se investigan sus responsabilidades. La muerte de Aramayo disparó un estudio más profundo sobre la participación de las fuerzas de seguridad en hechos de este tipo: “Existen a diario en los estadios un sinnúmero de situaciones violentas, que no son percibidas como un problema en tanto la sangre no llegue al río. Entre estas acciones violentas están aquellas situaciones que involucran al personal policial, cuyo accionar es parte fundamental de un engranaje violento articulado desde los llamados operativos de seguridad (las bastardillas pertenecen al informe)”. Un ejemplo son las denuncia de represión policial en Quilmes-Independiente, también por la sexta fecha.Según las estadísticas que maneja la ONG hubo 256 víctimas fatales en el fútbol argentino desde 1924 hasta este año, incluyendo las 71 muertes de la Puerta 12. Pero, aunque el investigador Amílcar Romero, autor de Muerte en la cancha, la considera producto de la represión policial, para este trabajo los sociólogos las excluyeron. Entonces, tomando un total de 185 muertes, surge que el 40% se motivó en enfrentamientos entre hinchadas. En segundo lugar, aparece el accionar de la policía con 23%. Le siguen los choque entre la propia barra –es decir, peleas internas– con el 19%, y la participación de un tercer grupo –de un equipo que no jugaba ese partido– con el 18%.En el documento, por otra parte, se cita la investigación La hinchada de uniforme, de los antropólogos Javier Palma y Mariana Galvani, un texto publicado en el libro Hinchadas, de Pablo Alabarces-, donde se explica que la policía, a los ojos de los fanáticos, es considerada como una hinchada más en el estadio. “Una ‘tercera hinchada’ contra la cual también libran un enfrentamiento, simbólico siempre, y físico en muchas ocasiones”, explican. Y agregan: “Galvani y Palma entienden que para la percepción del hincha ‘común’ que concurre al estadio, la policía y la barra brava; ‘son lo mismo pero con distinto uniforme’, porque reconocen en ambos grupos un gusto por la violencia física”. Además, el trabajo de Salvemos al Fútbol pone en claro algo que los hinchas conocen bien: la policía es mucho más violenta en su accionar con el hincha visitante. Lo muestran las estadísticas: el 70% de las muertes a manos de uniformados ocurre en esa condición. Es decir, mueren cuatro visitantes por cada uno que es asesinado en su propia cancha. “Estos datos sugieren que existiría una cierta complicidad entre los hinchas locales, normalmente mayoritarios, y la Policía. Es decir que la llamada connivencia entre barras y policías es el resultado de su pertenencia a un mismo territorio, donde códigos compartidos y negociaciones son piezas clave para comprender la abrumadora cantidad de muertes de hinchas visitantes por represión policial”, sostiene el informe.En cuanto a las distintas épocas, Uliana, Murzi y Sustas reconocen dos períodos bien diferenciados. Durante la década del cuarenta, la policía actuaba, según los términos de Amilcar Romero, en un rol de “doble militancia”: a favor del público local. En los ochenta, las muertes se relacionan como un resabio de la dictadura militar. “No era difícil identificar para las hinchadas, tanto en el terreno de los imaginarios colectivos como en el concreto –expresado en la represión–, a la policía como un enemigo al cual combatir”, aseguran. Luego, con los años, explicar que las barras se profesionalizaron y comenzaron a tener hasta encargados de las relaciones con las comisarías. “Y a su vez, la policía entiende a las barras como actores determinantes del espectáculo, y negocia también con los hinchas muchas cuestiones de los operativos”, agregan los sociólogos.Como conclusión del trabajo, los sociólogos de Salvemos al Fútbol explican que el objetivo es “cuestionar el lugar que las fuerzas policiales ocupan en el diseño e implementación de los llamados operativos de seguridad”. Y aclaran: “Lejos de intentar encontrar en las fuerzas policiales al único actor responsable de los hechos violentos ocurridos en el fútbol argentino, nuestra intención es poder exponer una problemática compleja que presenta diferentes aristas, una de las cuales puede ser identificada como la cuestión policial.”Para una posible salida a la problemática, además, proponen la búsqueda de formas no represivas, como la implementación de “pulmones de convivencia” en los estadios, donde puedan compartir un mismo espacio de la tribuna hinchas de ambos equipos, lo que, creen, produciría un cambio cultural. Mientras tanto, son tajantes en algo: “El modelo de contar casi un policía por espectador no da para más.” <

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