miércoles, 6 de abril de 2011

EL ESPECIALISTA EN CLONAR IGLESIAS



Por Miguel Jurado *

EDITOR ADJUNTO ARQ

Salgo a recorrer las iglesias clonadas de Buenos Aires, un descubrimiento del profesor Juan Antonio Lázara. Lo paso a buscar por la Universidad de la Empresa, donde da clases. Me ve y me dice: “Necesito encontrar a los parientes del arquitecto Carlos Massa, me faltan datos, es un desconocido que merece reconocimiento”. Lázara es un estudioso de la arquitectura eclesiástica y descubrió 36 iglesias proyectadas y construidas por Massa en sólo 8 años. El 85% de los templos levantados durante la tormenta constructora que desató el Cardenal Copello, entre 1944 y 1959 (www.juanlazara.com.ar). Llegamos a avenida La Plata y Venezuela, la esquina en la que se levanta la gran torre de la iglesia de Santa María. “Este es un ejemplo típico del sistema que inventó Massa”, aclara el profesor y pasa a describir los cinco elementos que el arquitecto usaba en cada una de sus obras: torre, frente con galería, bautisterio, módulo de logística y dependencias parroquiales. “Massa combinaba cada pieza de forma diferente de acuerdo al terreno que tenía”, me explica Lázara y aclara que las iglesias son tan parecidas que producen el efecto de ya haberlas visto, un deja vu arquitectónico. Vamos hasta Presidente Perón al 3300 y nos quedamos mirando el frente de la iglesia Tránsito de la Santísima Virgen. Es como Santa María pero más chica y ya no en esquina. El método de Massa parece perfecto, el revival medieval que utilizó le permite sumar partes como si se tratara de un juego de chicos. No creo que hubiera podido inventar otro sistema para diseñar tantos edificios en tan poco tiempo. En Virrey Liniers al 400 nos paramos frente a Santa Amelia: es una iglesia más chica y más sintética que sus predecesoras, se ve que ya no había plata para construirla. Lázara señala de nuevo las partes que componen el edificio. Una vecina nos mira con curiosidad, sonríe y asiente cuando el profesor explica cada parte. Caballito, Almagro, Palermo y 19 barrios más de Buenos Aires tienen una iglesia de Massa, y casi siempre se repite el mismo patrón con algunas variaciones estilísticas. “Massa usó el estilo neorrománico porque al Cardenal Copello, el gótico le parecía decadente”, señala el investigador con algo de sorna. Está claro que el primer Cardenal latinoaméricano en Roma prefería las iglesias del medioevo europeo porque eran austeras y sólidas, dos mensajes que consideraba óptimos para la expansión de la Iglesia argentina. Para Copello, la apariencia sólida del muro románico simbolizaba la fortaleza de la Iglesia. El cardenal quería una grey militante y disciplinada para resistir la amenaza de secularización que, en los treinta, representaban el comunismo y el socialismo europeos. Los templos de Massa se desparramaron por barrios con poca población y fueron, durante décadas, la única referencia monumental en un mar de casas bajas. “Las torres de esos templos fueron campanarios mudos que modificaron el paisaje barrial y cumplieron en su rol simbólico de ser la avanzada evangelizadora en una zona considerada de frontera”, arriesga el profesor. Según me explica Lázara, Massa no se limitó a la repetición automática de un estilo, reinventó varios en base a modificaciones de los ejemplos históricos. En la iglesia de Cristo Obrero y San Blas (Lafuente al 3200, Pompeya), usó un neorrománico económico que carece de toda ornamentación y resulta bastante surrealista. En Nuestra Señora de Luján (Emilio Castro al 7100, Liniers), desarrolló un estilo neorrománico que Lázara bautizó calchaquí porque copia a las iglesias del Noroeste argentino. En Santa Adela (Luis María Campos al 200, Belgrano), empleó un estilo neocolonial. Y en San Nicolás de Bari (Santa Fe 1352) y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (Parque Chacabuco), Massa se dio el gusto y le puso un poco de arquitectura del renacimiento europeo. Nadie explica cómo se le pasó al Cardenal Copello ese detalle. Eran tiempos en los que los estilos eran una cosa seria.

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