lunes, 18 de junio de 2012

CALLES SUCIAS, NIÑOS ABANDONADOS Y OLLAS POPULARES, POSTALES DE UNA GRECIA EN CRISIS

En los barrios más pobres, ya nadie recoge la basura. Y los tachos con alimentos vencidos son un botín para desocupados y personas sin techo.

Por Juan Carlos Algañaraz

A Constantinos “Costas” Poligroscopoulus se le caen las lágrimas, pero no deja de pelar incontables cebollas cuyos aros terminan en una gran olla. Lo ayudan algunos vecinos de este barrio desoladamente empobrecido, poblado por desocupados, familias desesperadas, chicos con hambre e inmigrantes.
Van llegando, cuando avanza la tarde, hasta donde Costas, siempre de buen humor, le va dando forma a una sabrosa “sopa boba” como la denominan en España, “olla popular” para los argentinos.
Las calles del barrio están sucias, sobre todo en los desbordados tachos de basura de los que los servicios públicos ya no se ocupan . “Les queda poco dinero y lo dedican a mantener limpios los barrios más ricos”, rezonga Markos mientras aporta con un cuchillito una ristra de zanahorias.
“Me quedé sin trabajo a los 50 años”, confía Costas. “La pobreza se ha extendido a tal velocidad que hay gente que no termina de darse cuenta de que perdió todo. No solo me refiero a los más humildes sino también a la clase media”, relata.
Lo que más conmovió a Costas era el hambre que pasaban muchos chicos . “Aparecieron casos de desnutrición por todos lados. Hay muchos casos de niños abandonados porque los padres prefieren entregarlos a instituciones del Estado para que les den de comer y atención médica”.
Así que Costas, con otros amigos, anda por los barrios con sus cacharros. “Ya saben que un día determinado llegamos con pan, sopa y alimentos humildes que compramos con donaciones, o que nos dan los comerciantes solidarios. Por eso, le puse a este servicio “Comida para todos”.
Los inmigrantes se van arrimando, algunos con temor. Los periodistas los atemorizan. Ni hablar de identificarse y ven con miedo a Gabriel, el fotógrafo de Clarín .
En una zona cercana, en la Plaza Omonia, Syriza –la agrupación de izquierda radical que podría ganar las elecciones del domingo–, llena el ámbito de su cierre de campaña. Estos comicios son obligados luego de que ningún partido político lograra formar gobierno , tras las polarizadas legislativas de mayo.
“La crisis ha golpeado en especial a los chicos”, explica Nadia, desocupada, con dos hijos pequeños y un marido joven, totalmente absorto, que no abre la boca.
“Lo echaron de su trabajo hace más de un año y medio”, musita Nadia. El marido asiente, triste. Los chicos se aprietan contra las piernas de la madre.
El miedo los ha atrapado .
Grecia es el país europeo más afectado por la crisis de deuda, que ha aplicado ajustes con durísimas consecuencias sociales a cambio de rescates de la UE y el FMI.
En el avión que me trajo a Atenas, justo me tocó de compañeros de viaje, un matrimonio ya mayor. El, griego. Ella, española. Viven en El Pireo, tienen una agencia de viajes “hispanoparlante” y hace pocos años pusieron todos sus ahorros en un hotel. “ Ahora todo va mal . Estamos sumergidos. Y lo peor es que no sabemos cuánto va a durar esta tragedia”, admiten.
El gobierno les debe ayuda para fomentar el turismo que llega de la UE. Pero, claro, todo se atasca porque en las cajas oficiales ya no queda nada . “El 20 de julio o antes se acaba por completo el dinero. Hasta ahora solo se paga a los empleados públicos a los que les han recortado el sueldo varias veces, igual que los jubilados que están en una situación penosa. Y no hay dinero para nada más”, explican.
A la noche, legiones de hambrientos revuelven los contenedores de basura . Envases vencidos en los supermercados son un tesoro que desencadena no pocas violencias.
Desde Omonia, se accede a una avenida que despliega todo tipo de lujos. Muchas tiendas están cerradas y en otras casi no entra nadie.
En algunos umbrales limpios y con luz, se hacinan los sin techos a los que la policía ya no echa de ningún lado . ¿Con chicos, con viejos, adónde van a vivir esas familias donde ya nadie trabaja? Un muchacho lleno de chapitas con banderas rojas y que parece encantado por lo que se viene aclara a los periodistas: “En Grecia, ser joven es una maldición. No hay trabajo ni esperanza y lo único de lo que estamos seguros es que vamos a vivir peor que nuestros padres ”, proclama.
Algunos jóvenes sí tienen esperanzas en que esta es la buena y que el domingo van a hacer temblar a Grecia y a la detestada Europa haciendo triunfar a la izquierda más popular, Syriza. “Los griegos vamos a decir ¡basta! y todos los pueblos nos van a acompañar”, insiste.
En la calle marchan hacia Omonia, miles de muchachos y chicas que tienen las mismas convicciones, los mismos sueños.

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