lunes, 11 de junio de 2012

CONVENTILLOS: EL MACRISMO DEJO DE INVERTIR CASI $100 MILLONES

Una peligrosa realidad, detrás del pintoresco Caminito. Es lo que suma la subejecución del presupuesto de los últimos tres años del programa destinado a rehabilitar estas viviendas populares. Desde 2004 hubo 10 incendios, en los que murieron cuatro niños. Informalidad y precariedad.

Por: Gustavo Sarmiento

El jueves 24 de mayo a las 17:30, un incendio destruyó completamente el conventillo ubicado en Alfredo Palacios 744, en el corazón de La Boca, a metros del turístico Caminito. Fuentes policiales lo adjudicaron a un problema en la instalación eléctrica de la planta baja. Las causas de fondo parecen ser otras, y todas las miradas apuntan al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC): el año pasado el programa Rehabilitación La Boca, que tiene a su cargo el mejoramiento y renovación de 21 conventillos, tuvo una subejecución del 34% según datos del propio Ministerio de Hacienda que sistematizó la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). En 2010 la ejecución fue de sólo el 5,2%, en 2009 no llegó al 10%; y para 2012 la Legislatura sancionó un monto de $ 89.403.165, aunque en el primer trimestre sólo se gastó el 3,81 por ciento. Traducido, en los últimos tres años el gobierno de la Ciudad decidió no utilizar 94.275.340 pesos.
A los números se le agregan los hechos. Desde 2004 se registraron diez incendios de conventillos y hogares de tránsito en los que perdieron la vida cuatro niños. Hoy la realidad de estas viviendas colectivas surgidas a mitad del siglo XIX por las clases populares dista de ser pintoresca. Allí viven 960 personas repartidas en 251 familias, según un censo oficial de septiembre de 2011, y la prevalencia de niños es una constante en todas las habitaciones por las que pagan desde 700 hasta 2000 pesos. La crisis estructural de los dominios llevó a que la justicia interviniera el año pasado obligando al IVC a que presente un plan de contingencia. “Los avances son mínimos, si estamos en mejores condiciones es porque hay un juez controlando todo esto”, indicaron desde el Ministerio Público Tutelar.
Frente al conventillo de Rocha 1031/1033, un grafiti advierte: “Bienvenido a la realidad.” El lugar, de eléctrica fachada amarilla, es habitado por 18 familias y también sufrió un incendio en 2009. Hace meses fue catalogado con peligro inminente de derrumbe, rótulo que comparte con otros tres inmuebles aunque los cuatro sigan habitados. A raíz del amparo, el Estado local se vio obligado a actuar, pero fue peor. Los fierros puestos para apuntalarlo resultaron ser más pesados que la estructura, corrieron los módulos, incluida la membrana. A su vez, la nueva instalación eléctrica la realizaron a la intemperie. Con el nido de fierros de fondo, Orlando Molina bromeó: “Lo hicieron para que ande el hombre araña.” Él vive hace 28 años en ese lugar y ahora apuesta a un crédito del IVC, de 200 mil pesos a 30 años.
El IVC negó la falta de inversión y ofreció datos de su plan de trabajo con los asentamientos a su cargo en La Boca, aunque en la práctica esas obras no se perciben, o se demoran, como el caso de 48 viviendas de calle Arzobispo Espinosa 351 ya terminadas, que no son habilitadas. El único complejo finalizado es el de Álvar Núñez 245, inaugurado a mitad de mayo. El IVC tienen a su cargo 17 conventillos, siete hogares de tránsito, dos obras en curso y seis terrenos libres.
La AGT, a través de su Oficina de Atención Descentralizada de La Boca-Barracas (OAD), realizó un trabajo donde refleja que del total de consultas atendidas desde su apertura en 2009, el 30% se relaciona con problemáticas habitacionales, y dentro de estas un 72% se refieren específicamente a la problemática de conventillos o inquilinatos privados: “La situación de extrema vulnerabilidad de las personas que allí viven, entrelaza tres características que se refuerzan mutuamente: la informalidad legal, la ausencia de control estatal y la precariedad edilicia de las construcciones.”
Es lo que le sucede a Pablo Salgueiro, de 50 años, que vive con sus tres hijos en el conventillo de Suárez 1061, también con peligro inminente de derrumbe. El pasillo está apuntalado, y los azulejos nuevos que puso en el baño se les rompieron. “La misma inclinación de la casa los va explotando”, explica mientras cuelga de un clavo una cadena a media altura que al llegar al suelo ya está a diez centímetros de la pared. A su casa sólo la sostienen unos pilotes de madera que datan de hace 100 años. El plan de contingencia establece que ese lugar ya debía haber sido demolido, y en su lugar tendría que existir una nueva vivienda digna. “El peligro de incendio siempre está. Cuando hace mucho frío tenemos que usar la calefacción del horno, y es un peligro, porque está pegado a una pared de madera que tiene pintura, y que realmente toma calor. Si tocás la pared desde la pieza te quema”, señaló Salgueiro.
“La guardia de auxilio, que depende del gobierno de la Ciudad, que es la que tiene que venir a chequear el avance de obra y riesgo estructural de algunos conventillos no se presenta, a pesar de las intimaciones que se cursan desde el poder judicial”, afirmó Andrea Ventura, coordinadora de la OAD de La Boca.
En La Boca “fue siempre naipe de dos palos, moneda de dos caras”, como escribió Borges. El Programa de Rehabilitación Habitacional del Barrio de La Boca fue creado en 2000, y plantea dos líneas de acción principales: un plan de rehabilitación integral de los inmuebles –que se articula con un plan de relocalizaciones transitorias de las familias– y uno de mantenimiento de los 29 inmuebles adquiridos por el Ejecutivo. Sobre los conventillos privados, la AGT consideró en su informe que “no existen políticas consistentes” que den respuestas a las familias.
Por otro lado, la omisión del Estado de iniciar y ejecutar las obras volvió crónica la relocalización de los grupos familiares alojados en los hogares de tránsito que se suponía iba a ser transitoria para luego volver a los conventillos ya remodelados, con la escritura en su poder a cambio de un crédito a 30 años. En 2008 el número de personas en esa situación ascendía a 62. “La situación no cambió”, describió Ventura.
Todo esto fue denunciado por la Defensoría del Pueblo que el 6 de septiembre de 2011 promovió una acción de amparo contra el gobierno de la Ciudad y el Instituto de Vivienda. La causa llegó a la justicia que dispuso el armado de una mesa de trabajo con vecinos, miembros de la AGT, la Defensoría y el Ejecutivo porteño. En el encuentro fijado para el martes pasado, los representantes del IVC no se presentaron. <
Cifras de la precariedad
Según el Censo 2010, 103.963 personas viven en inquilinatos, conventillos, habitaciones de hotel, o pensiones en la Ciudad, un 11,3% más respecto del anterior. El mayor número está en las comunas 1, 3 y 4 (La Boca), en las que el porcentaje asciende a 12,7%, 9,3% y 12,1%, respectivamente. “Macri no tiene excusas para ejecutar sólo el 8% del Presupuesto del 2012 del IVC, cuando tuvo superávit todos los años, en una ciudad con emergencia habitacional”, reclamó la diputada Rocío Sánchez Andía (Coalición Cívica), presidenta de la comisión de Vivienda hasta hace unos meses.
El conflicto, en la calle
Los afectados del incendio ocurrido el jueves siguen sin solución. Integrantes de seis familias acampan desde el domingo frente al lugar destruido, amparados por el Movimiento Barrios de Pie, en reclamo de una solución habitacional, y advirtieron que fueron amenazados por punteros políticos del barrio que buscan desalojarlos. “Hay familias que fueron a Pavón y Entre Ríos a pedir el subsidio habitacional ($ 1200 por ocho meses) y si firman eso no pueden recibir un crédito hipotecario del IVC”, denunciaron otras organizaciones sociales del barrio, que acusaron a Barrios de Pie de haber “tomado” a los vecinos: “No dejan pasar a nadie, ni siquiera a una asistente social del barrio y parte de las donaciones que conseguimos todos se las llevan para su local.”
Mientras, el resto duerme en casas de familia, porque decidieron no volver al hogar de tránsito destinado por el Ministerio de Desarrollo Social del gobierno porteño, tras el robo que sufrieron el domingo. Ángel Aguilera, un albañil paraguayo que habitaba en el segundo piso, contó de la angustia de sus siete hijos: “perdimos todo”. Ayer se hizo un festival solidario, en el que estuvieron la diputada nacional Victoria Donda y las legisladoras porteñas Laura García Tuñón y Rocío Sánchez Andía.
“Acá no se puede estar”

A la noche el vecino me tira un cable y yo lo instalo a una estufa eléctrica. Es todo lo que tengo.” Elizabeth Elba Dos Santos (54) resume así la situación de los conventillos: solidaridad y precariedad profundizadas por la inacción estatal. Hace 28 años que vive en Palacios 748, al lado del inmueble que ardió el jueves. El hecho no le fue ajeno: los bomberos rompieron parte del techo para combatir el fuego, y su casa siguió escurriendo agua hasta cinco días después. Luego se quedó sin luz y gas, el piso se llenó de papel de diario y el colchón quedó imposible de usar. Sólo le queda tirarse en el metro libre que tiene en el living y así atiende Elizabeth, con lágrimas en los ojos y disculpándose por las condiciones. Sufre discapacidad visual y trabaja cuidando un matrimonio que vive a dos cuadras. Al pie de la escalera de madera estropeada que da al primer piso, hay otra de metal que trajo el IVC, pero que no se puede colocar “porque es tan pesada que los departamentos no aguantarían. Lo que más o menos ves arreglado, como el baño, lo hice yo. Las cinco familias que vivimos acá mantenemos nuestras viviendas.”
–¿Y cuál es tu futuro?
–Acá no tengo futuro. Vino el IVC el lunes a ver si estaba en colapso; dijeron que había que poner chapas nuevas en la parte lateral y las maderas que rompieron los bomberos, y nunca más volvieron. Les dije que ando sin lugar para dormir y ni fueron capaces de decir “bueno Elizabeth, te traemos un colchón para tu nieto”. Vivo amontonada en el comedor porque acá no se puede estar. Medio techo al aire, las paredes rotas, sin luz ni gas. Esto no me hubiese pasado si hubieran hecho la obra que prometieron. Una sola vez hicieron el piso a nuevo con madera terciada y la pared porque se me caía, hace seis años. Después, nunca más. Ahora supuestamente dijeron que esto lo van a arreglar, hasta que empiecen a edificar en el patio aquí atrás que tiene salida a calle Grote, pero hasta ahora no construyeron nada. Dicen que no hay pintura, chapa ni membrana, pero yo filmé los tarros de pintura de 20 litros y las chapas que tenían en un camión y que se llevaron el martes. Es indignante. Hace años que esperamos la obra. Mi nieto tiene 17 y ni había nacido cuando teníamos la esperanza de una vivienda digna, no que me la regalen. Quiero que me hagan la casa y me den la posibilidad de pagarla por mes, porque ese es mi orgullo y mi lucha.
 
–¿Cómo es la vida cotidiana aquí?
–La gente del conventillo es toda solidaria, yo sé si el nene de al lado está enfermo, y si tienen un accidente somos los primeros que corremos a ayudar como ellos corren por mí. Esto nos pasa porque somos familias humildes, si no nos ayudáramos entre nosotros no estaríamos más acá. Por eso para mí el conventillo es una familia. En la época de inundaciones tuve esta casa llena de chicos porque el agua abajo les llegaba a la mitad, y les cocinaba tortas fritas, o sea, esto es historia de lo que pasa en La Boca. Es mi casa. Es hora que me la den como corresponde.

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