martes, 12 de junio de 2012

EL ALCALDE GUERRILLERO

De la mano del ex integrante del grupo armado M-19 Gustavo Petro, la izquierda colombiana ganó la intendencia de Bogotá y vuelve a ser una alternativa electoral.

Por Emiliano Guido       

Paradójicamente, tres décadas atrás, el nuevo alcalde de Bogotá estuvo a punto de ser fusilado en un descampado ubicado en la periferia de la capital colombiana. Antes de ser oficializado como preso político de la guerrilla M-19 y luego de ser torturado durante diez días en la XIII Brigada del Ejército, Gustavo Petro y otros 18 guerrilleros fueron cargados en un camión de las fuerzas armadas sin demasiadas explicaciones. Para todos era evidente que los iban a fusilar. Desde el vehículo vieron las luces de Bogotá alejarse, algunos vomitaron y otros se desmayaron, hasta que entraron a una “carretera destapada”, y el camión paró. Todos se mantuvieron en silencio, esperando la orden de bajar. Pero, veinte minutos después, el chofer volvió a arrancar. “Luego supimos que era una táctica de tortura psicológica. Y durante todo el tiempo, Petro mantuvo la calma y dejó claro que si íbamos a morir, no teníamos nada por qué arrepentirnos, que debíamos morir con dignidad”, recuerda un ex compañero de armas de Petro al portal colombiano La Silla Vacía.
Mucho cambió, desde entonces, en Colombia y en la vida de Gustavo Petro. Sin embargo, esos nervios de acero fueron una constante en el perfil del nuevo intendente bogotano. Enemigo público número uno del ex presidente Álvaro Uribe cuando fue Senador, repudiado ahora por sus ex camaradas del Polo Democrático Alternativo por considerarlo “un reformista”, único utsider con cierta gravitación propia del gran acuerdo de Unidad Nacional promocionado por el jefe de Estado Juan Manuel Santo, Petro siempre fue una figurita difícil del álbum partidario colombiano. Sin embargo, jamás perdió la calma, y menos la paciencia, para lograr ser un self made man de la política caribeña. “Su paso por la guerrilla lo marcó como radical y toda su carrera se ha caracterizado por diferentes experimentos para crear una fuerza política de izquierda: Vía Alterna, el Frente Social y Político, el Polo Democrático y, ahora, el Movimiento Progresista. Todos han tenido como denominador común el empeño insistente de hacerle contrapeso al establishment”, acerca datos sobre la nueva celebrity de la política local, la revista colombiana Semana, en un artículo de tapa titulado a cuatro columnas: “¿Quién le teme a Gustavo Petro?”.
Sin embargo, no todos los comentarios sobre Petro son flores hacia su persona. Otra figura de la izquierda local, el ex candidato a la presidencia Carlos Gaviria advirtió por estos días que “Petro nunca dijo nada en la campaña acerca del TLC (Tratado de Libre Comercio) con los Estados Unidos, y más bien guardó silencio dando a entender que era partidario. Por otra parte, su acercamiento hacia el presidente Santos, cuando él tiene una política que ha definido como idéntica a la de Uribe pero con un estilo distinto. Seguramente, por estrategia quiso aparecer no como un político con posiciones radicales sino flexible, capaz de aproximarse a la propuesta oficial y capaz de gobernar con Santos, lo que en Gustavo no es nuevo”.
Entonces, ¿dónde ubicar a la persona que ocupa el segundo puesto ejecutivo en importancia de toda Colombia? Si la guerrilla Farc está vinculada al mundo rural y a la lógica maniquea de la Guerra Fría, Gustavo Petro es todo lo contrario. Más liberal y cosmopolita, el líder de Progresistas está más interesado en luchar contra los efectos del cambio climático y por el acceso al agua potable que en denunciar las injerencias del imperialismo norteamericano. Por ejemplo, en vez de utilizar la clásica pizarra roja de la izquierda, una sombrilla multicolor, además del estribillo publicitario “Petro es el man”, fue el ícono comunicacional de su campaña electoral. “Para mí, una sombrilla es un lugar donde se juntan muchos movimientos sociales que no son sólo de izquierda, sino que incorporan distintas ciudadanías. Eso es lo que quiero que sea Progresistas, un movimiento donde se unen muchos sectores: las feministas, la población Lgbti, los ambientalistas y los anti-taurinos”, asegura y se auto-define Gustavo Petro.
No será para nada fácil la empresa de Gustavo Petro. El último líder de masas que tuvo la izquierda colombiana, el también alcalde de Bogotá Jorge Eliécer Gaitán, fue liquidado por los sicarios de la derecha local, ya más de medio siglo atrás. Desde entonces, en un país donde la tasa de sindicalistas asesinados es la más grande del mundo, la izquierda fue siempre sinónimo de guerrilla. Sin embargo, para Gustavo Petro es hora de transitar otro camino. Más multicolor, más abierto, y lejos de todos los descampados secretos de Colombia.

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