jueves, 21 de junio de 2012

UN APLAUSO PARA LOS PIBITOS QUE DAN CATEDRA EN LAS AULAS DEL PAIS

Reconocimiento del Ministerio de Educación a escuelas solidarias. Chicos que instalan huertas comunitarias para fomentar el consumo de verduras en Chaco, que dan talleres de hilandería en Mendoza o que fabrican anteojos para los sectores más pobres, fueron algunos de los premiados.

Por Soledad Lofredo       
     
Son muchos los que piensan que la escuela se distrae cuando trabaja con valores: no es cierto. Cuando habla de valores, la escuela está cumpliendo una de sus tareas fundamentales”, afirmó el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, quien el martes pasado encabezó la entrega de los Premios Presidenciales Escuelas Solidarias, edición 2011. Estos galardones reconocen las experiencias educativas que mejor integran el aprendizaje de los estudiantes con un servicio solidario que ellos llevan adelante en favor de la comunidad. Ésta fue la séptima entrega de una convocatoria que, desde sus inicios, lleva recopiladas más de 25.000 experiencias educativas solidarias en todo el país.
“La educación debe ocuparse de sus hermanos; especialmente, de aquellos hermanos que menos tienen. ¿Qué es lo que mueve a una comunidad educativa a trabajar por los demás? El amor al otro, la conciencia de la responsabilidad”, sostuvo Sileoni.
Muestras de ese sentimiento por el prójimo dieron las 13 escuelas finalistas, que participaron de la ceremonia de entrega de premios.

Hilos y telas. Hilvanando y tejiendo sueños, es una experiencia de diseño y producción de materiales didácticos y talleres textiles para niños y adolescentes con trastornos del espectro autista y Sindrome de Down, que se desarrolla en San Rafael, Mendoza. Las 27 alumnas de la escuela secundaria estatal Nº4, Mercedes Álvarez de Segura, dictan, desde 2009, un taller semanal de cinco horas cátedra en el que las estudiantes enseñan las técnicas básicas de tejido y bordado a 14 pacientes que asisten a la Asociación para la Rehabilitación Infantil Down (Aprid). También a confeccionar materiales didácticos específicos para cada nivel y seleccionar telas, hilos, lanas y colores.
“Trabajamos en la modalidad ‘aprendizaje-servicio’, en donde lo más importante es identificar los problemas que hay en nuestra sociedad”, cuenta Marcela Ravagna, la docente a cargo. “El proyecto comenzó como una inquietud de dos alumnas que tienen hermanitos que padecen Sindrome de Down, quienes nos comentaban que les interesaba hacer un taller como éste y en la escuela donde van no tienen la posibilidad. Yo creo que lo que pasa es que todavía no estamos capacitados como sociedad para incluirlos; fue entonces que quisimos llevar adelante este proyecto”, explica.
El instituto Aprid contiene a los chicos desde que nacen. El taller que brindan los alumnos de la escuela Nº 4 implica un compromiso total. “Tanto es así, que se olvidan de que es una materia de la escuela y se quedan muchas más horas trabajando junto a ellos”, cuenta la docente. “Aunque sabemos que no podemos solucionarles todos los problemas, sí podemos cubrir esa falencia, y además los chicos pueden seguir desarrollando lo que aprenden tanto en el instituto como en sus casas”, explica Ravagna. “Para los chicos fue un impacto grande, poder mostrarles que hay otras realidades, que pueden participar y formar parte de ellas. Como los intereses son afines entonces la integración es más fácil para todos, y es una alegría inmensa, desde las dos instituciones. Las ganadoras son las chicas que dejan todo”.
Los 15.000 pesos que recibirán por ganar el primer premio están destinados a construir un anexo para que los talleres puedan seguir funcionando fuera del horario escolar. El sueño de todos ellos es coser a máquina.

Plantar futuro. Más al norte, en Pampa del Infierno, Chaco, el jardín de infantes rural Nº20 puso en práctica dos proyectos: Pequeñas semillitas y Mi amigo el árbol. Ambos son instalaciones de huertas comunitarias y familiares para promover el consumo de verduras entre las familias con menos recursos económicos. Nació con una Feria de Ciencias en la que, además de los alumnos y sus familias, participaron investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y una nutricionista. Esto impulsó la creación de varias huertas entre la comunidad y promovió el desarrollo de una huerta orgánica en la Fundación de Equinoterapia IAN, a la que asisten niños, adolescentes y adultos con necesidades especiales.
Mariela Suárez es maestra de sala de cinco, y una de las responsables de llevar a cabo el proyecto. “Comenzamos el año pasado, un día de mucho calor. Fuimos con todos los chiquitos hasta el anexo de la escuela –a 16 cuadras de distancia– y nos asombramos de que no había ningún árbol. Nos asombramos, porque allí también funciona un comedor comunitario y siempre hay muchos chicos”, cuenta la maestra. “Entonces, empezamos a ver en clase la importancia de los árboles, el cuidado del medio ambiente y, lo más importante, aplicarlo. Los chicos aprendieron que los árboles son muy importantes para ellos porque dan sombra, con ellos se hacen sus casitas y también las de los animales”, relata. Fue así que empezaron a hacer plantines, trabajaron con todo el jardín, y este año por fin pudieron trasplantar lo sembrado. “También participaron las familias que necesitaban árboles, y ahora son los padrinos. Seguimos educando a los chiquitos y a todo el pueblo respecto al consumo de frutas. Es difícil plantar árboles y que la gente valore las cosas, pero igual seguimos para adelante. ¡Hasta hicimos un vivero!”, celebra la docente, que cuenta que, con el dinero del premio, construirán un predio con juegos para todos los chicos.
Las instituciones que también fueron distinguidas con el primer premio fueron la Escuela Técnica N°3 María Sánchez de Thompson, de la Ciudad de Buenos Aires, y la Escuela N° 271, de Los Villagra, Tucumán. A la Escuela María Sánchez de Thompson se la distinguió por tres experiencias. La primera consiste en la fabricación de anteojos destinados a pacientes de bajos recursos. La segunda, en el relevamiento topográfico en zonas de San Antonio de Areco afectadas por inundaciones. La última trabaja con la escasez de gas para viviendas de una comunidad Kolla.
Y la Escuela N° 271, de Tucumán, fue reconocida por una experiencia que tiene como objeto la revalorización del patrimonio histórico y cultural de la localidad de Los Villagra, a través de la identificación, nombramiento y numeración de calles.

Muchos premios más. Se otorgaron además seis segundos premios de $10.000 al Centro de Integración y Desarrollo, de Quilmes (“¿Querés hacer una huerta?” Parquización de plazas públicas de Quilmes y donación de almácigos a organizaciones y vecinos para la promoción de huertas familiares); Ipem N° 323 San Antonio, de la ciudad de Córdoba (“Proyecto integral de educación y servicio solidario”. Talleres de lectoescritura comunitaria, educación vial y gestión de trámites para miembros indocumentados de la comunidad) ; Escuela Secundaria N° 11 Hipólito Vieytes, de Pueblo Liebig, Entre Ríos (“Un patrimonio de todos”. Recuperación del patrimonio histórico y cultural. Promoción del turismo y otras actividades productivas en un pueblo en riesgo de extinción.); Escuela N°44 José Ignacio Gorriti, de León, Jujuy (“Por un mundo mejor”. Forestación de espacios públicos y difusión de actividades productivas y de protección del medio ambiente a través de la huerta y granja escolar); Escuela Intercultural Bilingüe Tajy Poty 1407, de Gobernador Roca, Misiones (“Huertas orgánicas”. Capacitación bilingüe en horticultura a miembros de comunidades indígenas, promoción de las huertas familiares), y al Colegio Secundario Don Jaime de Nevares, de San Carlos de Bariloche, Río Negro (“Iniciativa popular juvenil”. Estudiantes impulsan, a través de una iniciativa popular, la realización de una audiencia pública juvenil destinada a tratar y discutir las problemáticas de los jóvenes).
A su vez, se concedieron tres menciones especiales a los mejores Proyectos Sociocomunitarios Solidarios desarrollados en escuelas secundarias de gestión estatal. Los premiados, también con 15.000 pesos para financiar sus proyectos, fueron la Escuela Media N° 5, de María Ignacia Vela, Buenos Aires; el Bachillerato de Bellas Artes Prof. Francisco A. de Santo, de la ciudad de La Plata, y la Escuela Especial Juana Manso, de Villa Allende, Córdoba.
“En estos momentos, siempre nos queda la sensación de que no llegamos a reconocer a todos los que deberíamos reconocer”, señaló Sileoni durante la ceremonia. “Por eso, cuando nos agradecen el premio, yo digo que los agradecidos somos nosotros, por estos compromisos que no sólo se renuevan, sino que se mejoran año tras año", concluyó el ministro.

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