jueves, 6 de junio de 2013

LA ALEGRIA DE LA INCLUSION Y EL ENOJO DE LAS CACEROLAS

Las protestas caceroleras. ¿Hasta qué punto la manifestación opositora representó el humor social? Distintas encuestas indican que el 50% de la población aprueba la gestión del Gobierno y piensa que su situación mejorará.
 
Por  Demián Verduga
       
El nivel de convocatoria que tuvo el cacerolazo del jueves pasado fue importante. La protesta fue armada vía internet por distintas organizaciones “virtuales”, varias de ellas macristas, y luego los medios de comunicación masivos hicieron su aporte. La discusión futbolera sobre cuánta gente estuvo en Plaza de Mayo, 12 mil, 30 mil, 50 mil, no tiene demasiado sentido a la hora de evaluar los efectos políticos de la protesta. Uno de los dirigentes políticos que más exultante estaba al día siguiente era Mauricio Macri. Dijo: “El pueblo nos marcó que empecemos con las soluciones a los problemas”. El líder del PRO no será el primer ni el último político que presente a un sector de la sociedad como “el pueblo” en su conjunto. Es una maniobra discursiva habitual, que viene al dedillo para disparar el interrogante central de esta nota: el estado de ánimo de los argentinos, ¿es el que se vio el jueves en las calles de la Capital?
“La protesta fue importante, no hay dudas. Eso no quiere decir que sea representativa –le dijo a Miradas al Sur Ignacio Ramírez, de la consultora Ibarómetro–. Me parece que todavía es más ruido que otra cosa. Plantear que nació la oposición al Gobierno es una fantasía. En octubre del año pasado, el 46% de los votantes ya había elegido opciones que no eran el kirchnerismo.” Ramírez reforzó sus dudas sobre el nivel de representatividad de la protesta del jueves con datos concretos. Dijo que algunas de las últimas medidas del Gobierno, como la estatización del 51% de YPF y el plan de viviendas Procrear, “tuvieron un nivel de adhesión del 70%. Esto indica que son políticas con las que está de acuerdo mucha gente que no votó al oficialismo”.
Carlos Fara, consultor político, también habló con este semanario. Su visión no fue totalmente opuesta a la de Ramírez, pero tuvo matices. “El nivel de movilización fue significativo. Ese es un dato, teniendo en cuenta que no estamos en un año electoral. Ahora estamos en un momento en el que no es posible hablar de un humor social promedio. El sector que se manifestó el otro día está muy enojado con el Gobierno. Pero mañana podría haber una manifestación igualmente masiva de ciudadanos que están contentos.” Fara puso sobre la mesa las cifras de aprobación de gestión que tiene hoy el oficialismo. “Está rondando el 46%. Bajó un poco los últimos meses, pero sigue siendo muy alta.” Los indicadores de Ibarómetro sobre este punto son levemente más altos, ubican la aprobación de gestión en 50 puntos.
Hay otras cifras que sirven para indagar el humor social y que se han movido de modo más abrupto. Son las que analizan las expectativas. En este caso, es necesario un análisis minucioso y desglosado, ya que este indicador suele ser volátil y contradictorio. El año pasado, antes de las elecciones presidenciales, según las cifras de Fara y de Ibarómetro, alrededor del 65% de los argentinos creía que la situación económica sería igual de buena o mejor, en el futuro. Hoy, según Ibarómetro, ese indicador está por debajo del 49% y para Fara ha caído al 34%.
“Hay más preocupación por la situación económica –remarcó Ramírez, de Ibarómetro–. Algunos efectos de la crisis mundial se sienten y el crecimiento económico se desaceleró. También hay algunas políticas del oficialismo, la limitación para comprar dólares o el impuesto a las tarjetas de crédito que consumen en el exterior, que impactan en la vida cotidiana de algunos sectores de la clase media, media alta, y que generan mal humor. Estos sectores fueron centrales en la protesta del jueves.”
Sobre los elementos que influyen en las expectativas, hay un rasgo para tener en cuenta. Fara remarcó que además de los indicadores económicos, esta percepción se deteriora si la población siente que hay demasiadas tensiones políticas. “Si la opinión pública percibe un exceso de conflictividad se pone pesimista acerca del futuro económico. Por eso en 2008 la pelea con las patronales rurales impactó en las expectativas, a pesar de que la situación económica no era mala.”
Una breve reflexión al respecto: más allá de que el Gobierno y la oposición puedan disparar a veces tensiones innecesarias, los medios de comunicación del establishment suelen inflar hasta lo imposible cualquier cosa que ayude a construir la percepción de que los niveles de tensión política en la Argentina son intolerables. La operación mediática, se ve, apuesta a lesionar las expectativas.
Hay otro indicador que es contradictorio (clásicamente) con el anterior. Es lo que responden los encuestados cuando se les pregunta sobre su situación personal. “En ese caso –explicó Fara–, el 50% piensa que en el futuro inmediato le irá igual de bien o mejor. Es decir que la percepción sobre lo que viene no es tan mala como puede parecer en el indicador sobre la situación global.”
 
El dilema opositor. La protesta del jueves pasado también tuvo un impacto sobre las fuerzas políticas opositoras. “Nosotros tenemos que tomar nota de lo ocurrido. Existe un vacío. Debemos intentar representar y canalizar estas expresiones”, remarcó el diputado radical Ricardo Gil Lavedra. “Esto se parece al Que Se Vayan Todos. Nosotros debemos hacernos cargo también, no solamente quienes gobiernan”, señaló el líder socialista Hermes Binner. Un interrogante para los opositores que dejó flotando en el aire el cacerolazo es si el sector de la sociedad que no simpatiza con el oficialismo está esperando una oposición más dura.
“Sería un error pensar eso”, contestó Ramírez. Y sostuvo su afirmación recordando los resultados de la últimas elecciones, que por cierto fueron hace menos de 12 meses. “Esos datos sirven para hilvanar una idea del tipo de oposición que espera la mayoría de los que no votaron por Cristina Fernández. Hermes Binner, que tiene un estilo moderado, fue el que salió segundo. Los dirigentes que apostaron a una visión apocalíptica, como Eduardo Duhalde y Elisa Carrió, fueron castigados.”
Es necesario recordar que el espacio de Binner respaldó varias iniciativas del oficialismo en el período anterior. Entre otras la ley de medios y la reestatización de las AFJP. Además, a principios de este año, se encolumnó detrás de la nacionalización de las acciones de YPF. Es decir que el líder socialista no ha tenido una postura opositora porque sí.
“Las manifestaciones extremistas son más visibles –señaló Ramírez–. Eso no quiere decir que sean más representativas. Por eso es bueno no dejar de lado los datos que nos arroja la última elección.”
Fara completó este cuadro aportando los últimos índices sobre aprobación de dirigentes opositores a nivel nacional. Macri tiene 29% de imagen positiva, mientras Binner se acerca al 50. “La sociedad está fragmentada. No hay un referente que pueda representar al conjunto de la opinión pública opositora”, dijo el consultor.
También aportó otras cifras acerca de lo que la población supuestamente espera del espectro no oficialista. Dijo que el 36% sostiene que le faltan propuestas, que el 31% le pide que muestre más fuerza, y el 27% que se junten. “La sociedad es cambiante y contradictoria. Cuando se aliaron Francisco De Narváez y Ricardo Alfonsín fueron castigados en las urnas, así que hay que tomar con pinzas las demandas de unidad.”
Otro indicador que surge de las encuestas de Fara es que hay mayores niveles de polarización en la sociedad. “El 94% de los que dicen que votarán al Gobierno el año que viene aprueban fuertemente su gestión. El 86% de los que elegirán a un opositor la rechaza con vehemencia”, explicó el analista. “En la elección del año pasado no era así. En ambos casos la postura era más moderada. Había muchos encuestados que decían que iban a votar a Cristina aunque tenían críticas a su gestión. También había otros que elegían opositores y aprobaban varias cosas del Gobierno. Esto es algo que cambió.”
La polarización no es mala en sí misma. Sin embargo, es un dato que el oficialismo y los opositores moderados deberían observar, teniendo en cuenta los buenos resultados que obtuvieron en la última elección, cuando el escenario estaba menos polarizado.
 
Valores dominantes. Los niveles de aprobación de los dirigentes suelen ser volátiles, así como suben pueden bajar y volver a subir. Pero hay otros datos que se mantienen en el tiempo, que muestran el sentido común dominante en una sociedad. En los últimos años, un indicador que se mantiene estable, según las encuestas de Fara y de Ibarómetro, es que la mayoría de la población aprueba un alto nivel de intervención del Estado en la economía. El dato quizás sea una consecuencia lógica del brutal fracaso que el neoliberalismo tuvo en la Argentina. Para los analistas que hablaron con este medio, este “sentido común dominante” juega a favor del kirchnerismo.
“Es un indicador central –señaló Ramírez–. El 70% respalda una fuerte intervención del Estado en la economía. También es por eso que a los opositores les cuesta montar un discurso alternativo que se diferencie con claridad del oficialismo. No pueden alejarse tanto de esta opinión mayoritaria.” Fara coincidió son su colega. “Con las últimas medidas hay un poco de recelo. Pero en términos conceptuales, hace años que la población piensa que es bueno que el Estado intervenga fuertemente en la economía.”
El cacerolazo del jueves seguirá disparando lecturas. Los que ven la posibilidad de capitalizarlo, como Macri, atribuirán su masividad a la supuesta arbitrariedad del Gobierno. El cronista arriesga otra hipótesis: este año la economía argentina frenó su nivel de crecimiento, como pasó en el 2009, cuando el kirchnerismo tuvo una caída en sus niveles de adhesión. No es un dato nuevo que la mayoría de clase media rechaza al peronismo, y tampoco que su humor cambia según cómo se mueva la economía. Y todo indica que el próximo año la Argentina volverá a crecer. Veremos qué pasa entonces con las cacerolas.
 
Fuente: Miradas al Sur

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