jueves, 1 de septiembre de 2011

EL ESTIGMA DE LOS MURMULLOS



Una investigación midió el “índice de estigma” y determinó que además del “estigma externo” existe el “interno”, que viven muchas personas con VIH. El informe fue presentado en el Congreso Nacional de Sida, que se lleva a cabo en San Juan.

Por Pedro Lipcovich

Cuando usted llega, se callan. Pero murmuran. Hablan de usted. Ellos. Sus compañeros de trabajo, sus amigos, sus hermanos. Quién sabe qué dicen. Dicen que usted está enfermo, que usted contagia, murmuran, y usted ya no se atreve a ir a reuniones ni busca empleo ni se acerca a un hospital. Casi seis de cada diez personas con VIH-sida han pasado, en los últimos 12 meses, por esta situación, la del murmullo, caracterizada como “de efecto siniestro, enloquecedor”. Es uno de los datos obtenidos, para la Argentina, en el primer estudio internacional sobre poblaciones para establecer un “índice de estigma” en personas que viven con VIH. El 57 por ciento de estas personas padeció algún orden de “estigma externo”, de los cuales el segundo en frecuencia, después del murmullo, son los insultos y amenazas. Pero, también, el 94 por ciento sufre por “estigma interno”, el temor a padecer situaciones de discriminación. El estudio muestra también que ocho de cada diez actos discriminatorios se vinculan, todavía, con el erróneo temor a que el VIH pueda transmitirse en situaciones de convivencia cotidiana. Y, quizá lo peor, más de cuatro de cada diez entrevistados revelaron que sus hijos fueron echados o no admitidos en la escuela porque el padre o la madre tenían VIH.
La investigación, llamada “Indice de estigma en personas que viven con VIH”, fue dirigida por Mónica Petracci, profesora de la UBA, e impulsada por Onusida, la Dirección Nacional de Sida y redes de personas con VIH. Fue desarrollada por Fundación Huésped y Red de Mar del Plata. Los encuestados, y también los encuestadores, eran personas con VIH. El total de casos fue de 1197, en ocho provincias y la CABA, con representatividad sobre el 84,9 por ciento de la población argentina. El 61,9 por ciento eran hombres, el 38,1 por ciento mujeres. El 38,5 por ciento tenían entre 30 y 39 años; el 29,1 por ciento, entre 40 y 49; el 13,9, entre 25 y 29; el 10 por ciento, más de 50. El 40,8 por ciento tenía nivel de educación primaria, el 44,1 secundaria y el 15 por ciento, nivel educativo superior. El 28,3 por ciento trabajaba en relación de dependencia, tiempo completo o parcial; el 44,7 por ciento trabajaba por su cuenta y el 28,2 por ciento estaba sin trabajo. El 33 por ciento llevaba más de 10 años viviendo con VIH.
El 58,8 de los entrevistados “atravesó alguna situación de estigma externo”, índice que se desglosa del siguiente modo. El 58,2 por ciento respondió que sí a la pregunta: “¿Se ha dado cuenta de que algunas personas han murmurado sobre usted?”. El 34,3 por ciento “ha sido insultado/a verbalmente, acosado/a y/o amenazado/a. El 25,3 por ciento “ha experimentado rechazo sexual”. En el 21,4 por ciento de los casos, “su esposo/a o pareja o algún miembro de su grupo familiar ha experimentado discriminación como resultado de la condición de VIH positivo de usted”; en el 19,9 por ciento de los casos (uno de cada cinco), “ha sido agredido/a físicamente”. En el 19,2 por ciento de los casos, “ha sido acosado/a o amenazado/a físicamente”. El 17,6 por ciento “ha sido excluido/a de reuniones o actividades sociales”. El 15,9, “ha estado/a sujeto/a a presión psicológica o manipulación de parte de su esposo/a o pareja sexual en la que su condición de VIH positivo intervino”. El 10,3 por ciento responde que sí a la pregunta por si “ha sido discriminado por otras personas que viven con VIH”. Y el 5,2 por ciento “ha sido excluido/a de actividades religiosas o lugares de culto”.
En cuanto a las razones por las cuales los estigmatizados creían haberlo sido, la principal fue “el temor a que yo pueda infectarlos con el VIH”, que, en distintas variantes, llega al 68,9 por ciento. Luego viene: “La gente desaprueba mi estilo de vida o comportamiento”, con el 24,9 por ciento, y luego “la gente piensa que tener VIH es algo vergonzoso”, con el 24,7 por ciento (el encuestado podía elegir más de una opción).
Pero también está el “estigma interno”. El 43,8 por ciento de los encuestados contesta que sí a “Me culpo a mí mismo”. El 39,4 admite que: “Tengo una baja autoestima”. El 35,9 dice: “Me siento culpable”. El 27,8 por ciento reconoce: “Me siento avergonzado”. El 23,5 por ciento asiente a: “Culpo a otros”. El 14,1 por ciento se incluye en: “Tengo sentimientos suicidas”. Y el 4 por ciento se refleja en: “Siento que debería ser castigado”.
La encuesta también indagó sobre comportamientos vinculados con el estigma interno. El 45,6 por ciento de los entrevistados contestó que sí a: “Decidí no tener más hijos”. El 27,2 (más de uno de cada cuatro) confesó: “Me he aislado de mi familia y amistades”. El 26 por ciento asiente a: “He preferido no asistir a reuniones sociales”. El 23,9 admite: “Decidí no contraer matrimonio”. El 20,2 reconoce: “Evité ir a una clínica local cuando lo necesitaba”. El 19,4 dice: “Abandoné mi educación o no aproveché una oportunidad de capacitación”. El 17,6 cuenta: “Decidí no solicitar un empleo o un ascenso laboral”. El 14,1 contesta: “Evité ir a un hospital local cuando lo necesitaba”. El 12,4 por ciento se anota en: “Decidí no tener relaciones sexuales”. Y el 11,3 por ciento dice: “Tomé la decisión de dejar de trabajar”.
Según la investigación, los sectores más afectados por el estigma son: primero, las trabajadoras sexuales mujeres; luego, los que no estudiaron más que primaria incompleta; luego los usuarios/as de drogas y las mujeres trans.
El 18,2 por ciento de los encuestados reveló que “en los últimos 12 meses se le negó algún servicio de salud, incluyendo la atención dental, debido a su condición de VIH”. Y el 41,2 admitió que “sus hijos han sido rechazados o expulsados de alguna institución educativa debido a la condición de VIH de usted”.
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