miércoles, 8 de septiembre de 2010

"HAY QUE REINVENTAR EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI"


El sociólogo cubano Aurelio Alonso, afirma que las últimas excarcelaciones de presos en la isla son una señal hacia un cambio de política más flexible. Y plantea la idea de que el socialismo se debe reinventar para los tiempos que corren.


Por Mercedes López San Miguel

–¿Cómo interpreta las excarcelaciones que Cuba anunció y comenzó a llevar a cabo con la mediación de la Iglesia?


–No son las primeras excarcelaciones de presos políticos en Cuba. Son presos contrarrevolucionarios a los que se les atribuyen causas que van más allá del pensamiento: causas muy vinculadas con acciones precisas. Cuando el papa Juan Pablo II visitó nuestro país hubo una excarcelación importante a solicitud del Vaticano.


–Son momentos históricos distintos...


–Sí, pero el hecho novedoso no es la liberación, sino que por primera vez se le reconoce a la Iglesia un papel como mediador y la Iglesia asume ese rol con una motivación humanitaria. El régimen cubano ha sido demasiado duro a veces en cuanto a admitir el criterio de oposición. Pienso que si esto es una señal de que va a haber un cambio de política hacia mayores flexibilidades es mucho mejor.


–¿Usted los considera “presos políticos”?


–Sí y no. En Cuba hay una serie de delitos que están definidos y enmarcados en una Constitución y también definidos por una trayectoria histórica. Van cincuenta años de una política de cerco y hostigamiento de Estados Unidos. Por ejemplo, a juicio de las autoridades cubanas, la vinculación con la embajada norteamericana es una vinculación con el enemigo. Estados Unidos se define como enemigo en relación con nosotros. Son presos políticos y se definen como presos contrarios al régimen. Yo no recuerdo que a Cuba se le haya podido atribuir complicidad o responsabilidad en ningún acto de terrorismo, sin embargo Estados Unidos le da un tratamiento preferencial a Posada Carriles, un connotado terrorista.


–Están las Damas de Blanco, están los que se definen como periodistas y logran el apoyo de organizaciones de periodistas en el mundo, que los señalan como presos de conciencia. ¿Cómo es la vida en Cuba respecto de los critican o se oponen a la revolución?


–Pienso que la política cubana y la filosofía sobre la que ésta se construye tienen que avanzar a niveles mayores de tolerancia de las posiciones que se oponen y que piensan en contra. Me acuerdo de una frase de Jean-Paul Sartre cuando visitó Cuba que decía: “A mí no me preocupa tanto que no se puedan pronunciar los que estén en contra, me preocupa que no se puedan pronunciar los que estén a favor”.


–¿Cómo fue formar parte de la experiencia de la revista Pensamiento Crítico?


–Un grupo de jóvenes nos dedicamos al estudio del marxismo en los años sesenta. El leninismo como doctrina oficial del Partido Comunista soviético no se correspondía con la producción de un pensamiento a la altura de nuestras experiencias revolucionarias.


–Tras la caída de la Unión Soviética, ¿pensaron que podía caer el socialismo en Cuba?


–El grupo fue bastante coherente, fueron pocos los disensos que se produjeron tanto en los ’70 como más adelante en los ’80 y ’90. Todos pensamos que el derrumbe socialista coincidía con algunas de nuestras inquietudes, no presumimos que hayamos pronosticado que iba a suceder, pero nuestras inquietudes eran en cuanto al carácter excesivamente escolástico del marxismo soviético implantado a partir de los ’70 como doctrina oficial. Ahí es que desaparece el pensamiento crítico y nuestro grupo. A nosotros no nos reprimieron, pero nos pusieron un límite para ejercer el pensamiento crítico. Tenía que ser un pensamiento único.


–Y ustedes ya eran muy críticos de la URSS.


–Sí, nuestro grupo, que se formó en un departamento de filosofía. A través de la reflexión criticamos a la Unión Soviética. El Che criticó el modelo de modo más integral por medio de la práctica y de la política económica. No pudimos tener una vinculación con el Che, porque éste ya estaba involucrado en el proceso de salida, de dedicación a las luchas guerrilleras. Después de la desintegración del socialismo soviético, de ese modelo, hay un impacto muy fuerte en el nivel mundial y en los países que pertenecían a ese sistema. En el caso de Cuba es un impacto muy fuerte en muchos sentidos, en primer lugar, en el económico. Se demostró que habíamos desarrollado una conexión que nos hacía más dependientes. A partir de 1986, Cuba no pudo pagar sus compromisos de deuda a los países acreedores occidentales y se le cerraron los créditos en divisas convertibles, que implicaban un 15 por ciento de los créditos y se paralizaba el 30 por ciento de la economía. Eso hizo que la curva de crecimiento cubana hiciera una meseta. La caída cubana empieza con la caída del socialismo soviético; a raíz de ello, se incrementó la dependencia ineficiente. La capacidad importadora cubana entre en el perído ’91-’93 había caído en un 80 por ciento. Esta caída también implica una crisis de paradigma. ¿Cuál es la hipótesis del sentido común?


–Que el socialismo fracasó.


–Que si fracasó en el centro, aquí no tiene futuro. Hay una crisis de paradigma y se suscita un debate sobre el tema de salvarlo.


–¿Cómo se lo rescata?


–Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI. Primero subrayo que la solución a los problemas del mundo no va por otro camino que no sea el socialismo, el mundo del capital, no. No puede ser un socialismo construido sobre los patrones del siglo XX. Hay que repensarlo sobre la realidad que estamos viviendo. Volver a Marx y estudiarlo críticamente. Pero Marx no nos va a dar la respuesta a esta problemática, ni Lenin, ni Fidel. La nueva generación tiene la obligación de reaccionar ante los retos que la historia plantea. Tenemos que vivir el socialismo sobre una base de reinvención continua, y estar dispuestos a aplicar correcciones y experimentos.


–¿Qué diferencia hay de liderazgo entre los hermanos Castro?


–No hay diferencia ideológica, los dos son afines a un mismo proyecto de transformación revolucionaria. La revolución cubana tuvo cuatro figuras: Fidel, Raúl, el Che y Camilo Cienfuegos. Raúl quizá no tenga el genio político de Fidel, pero es más pragmático y más administrativo. Raúl está en disposición de avanzar en un proceso de reformas que flexibilice la estructura de la economía.


–Raúl dijo hace poco que el gobierno quiere reducir el empleo público y fomentar el trabajo por cuenta propia. ¿Podría haber cambios sustanciales en la isla?


–Ha habido demasiada reticencia en avanzar en un proceso de reformas hacia un patrón de eficiencia socialista. El patrón capitalista, por el contrario, somete todo a la ganancia. A veces hay un exceso de prudencia en los dirigentes cubanos.


–¿Prudencia en aquellos que hicieron la revolución frente al imperio? ¿La prudencia les llegó con los años?


–Creo que sí. A mí me separan diez años de los protagonistas. Tendría que haber habido un proceso más seguro, más fiable, más sistemático de relevo generacional que no ha habido. Vemos que siguen gobernando los mismos líderes y se sigue armando el aparato sobre la base de una presencia muy fuerte del liderazgo de los sesenta.


–Cuando aparecen jóvenes los apartan. El ex canciller Felipe Pérez Roque y el ex vicepresidente Carlos Lage se vieron obligados a renunciar el año pasado...


–Esos apartamientos estuvieron vinculados a actos de corrupción o enriquecimiento indebido.


–Cuba sigue teniendo problemas económicos fundamentales. ¿Por qué no se pueden resolver?


–La economía cubana tiene un problema de desestructuración muy fuerte que es la resultante de la caída del campo socialista que el desamparo y el aislamiento le generó, combinado con las reformas que al mismo tiempo generan corrección y se superponen con las anomalías. Todo aquello que pueda no ser administrado por el Estado tiene que empezar a encontrar las formas de otras estructuras. Se va hacia la racionalización de plazas en el puesto estatal y a la apertura de sectores pymes, a formalizar todo aquello que no tiene por qué estar en manos del Estado. Eso va a contribuir a balancear el desempleo. Creo que hay que avanzar en procesos más efectivos de cooperativización. Propiedad familiar en unos casos, cooperativas en otros. En el interior del país hay que desarrollar las vías de una propiedad comunitaria local que también sea descentralizada y permita que las ganancias se queden y contribuyan al Estado con los impuestos. Se debería generar un sistema de impuestos con espíritu socialista, lograr que los que generan más ingresos contribuyan más. Lo contrario de lo que sucede en el capitalismo, que el Estado suele no tocar a los ricos para que se mantengan felices y aprieta a los de abajo. ¿Hasta qué punto tiene Raúl un abanico de fórmulas? No lo sé. ¿Hasta qué punto va a tener margen y tiempo para aplicarlas? Tampoco lo sé.


–A un ciudadano cubano, ¿cuánto le alcanza el salario para vivir?


–La economía cubana es muy sui géneris, tiene virtudes e irregularidades. Crea muchos amparos. El salario cubano significa muy poco en términos monetarios. Para tener una alimentación básica existe una cobertura, que se ha achicado por las limitaciones productivas. El cubano vive con 30 o 40 dólares al mes, pero no tiene que pagar ni preocuparse por la salud y la educación; los servicios básicos como el agua y el gas cuestan muy poco. Yo pienso que las gratuidades podrían ser diferenciadas. Y que algunos servicios, por ejemplo una cirugía estética como la implantación de mamas, podría ser pagada. El Estado creó un proteccionismo que es muy difícil de costear. Ahora bien, dar marcha atrás es algo que la población no va a querer: no pagar la salud o la educación es visto como un derecho incuestionable.


–¿Por qué no es posible leer medios alternativos en la isla?


–No estoy de acuerdo que no haya otras voces, no hay que tenerle miedo a la confrontación. Tener que defender las posiciones que uno tiene. Los cubanos nos enteramos a veces de lo que pasa en el país por la prensa extranjera. Pero los dirigentes no lo ven así. Es una política que yo cambiaría.


–¿Qué opina del socialismo del siglo XXI venezolano?


–Son los diez primeros años en los que Chávez hace un esfuerzo por mantener bajo control del Estado los sectores empresariales, por afirmar un esquema de apoyo popular para el sistema que está aplicando y para allanar el camino a una sucesión posible. El proyecto venezolano está en una fase inicial, no es exacto, no se parece a otros, como los proyectos que se dan en Bolivia y en Ecuador.


–¿Tenía alguna expectativa con Barack Obama?


–Obama es lo mismo en objetivos que Bush, con el agravante de que es inteligente y sagaz. El cambio latinoamericano es progresista en general, para hablar también de Argentina el kirchnerismo –aunque no sea la revolución bolivariana ni la revolución ciudadana de Ecuador, pero es un cambio positivo que se entronca–. Argentina se llenó de gloria en la cumbre de Mar del Plata cuando Néstor Kirchner plantó posición de bloqueo a la iniciativa estadounidense del ALCA como proyecto continental. Estados Unidos ha tratado de buscar vías laterales, pero el obstáculo que le pusieron los pueblos latinoamericanos no tiene precedentes. Imagínate lo que sería ahora afrontar esta crisis si los países se hubieran articulado al proyecto del ALCA. Estaríamos perdidos. Ante todo este cambio, la administración Bush quedó maniatada. Y Obama llega a la presidencia y hace un acuerdo con Colombia para instalar siete bases militares. Y deja que se orqueste un golpe de Estado a Honduras. Nuestros países tienen que encontrarle la vuelta a los momentos en que Obama quiere esconder o disimular su posición y aprovecharla.


–Entonces, desde su mirada no hay ninguna posibilidad de que se levante el embargo.


–No. Si la llega a haber, va a ser porque hay una presión que no se pueda contener. Puede ser que le convenga suavizar algunos puntos del embargo. También si Obama es presionado al interior de Estados Unidos. Hay muchos norteamericanos que quieren viajar a Cuba. Sería una medida para mejorar su imagen en el país.


–A raíz de las señales que dio la isla con estas excarcelaciones que mencionamos al principio, con el paso por La Habana del canciller español Miguel Angel Moratinos, ¿podría Europa modificar su posición común?


–España tiene una posición buena con Cuba dentro de la comunidad europea. Europa tendría que estar dispuesta a ocupar un protagonismo que le cuesta asumir frente a Estados Unidos. Mejorar la relación con Cuba sería estar en disposición de realizar un gesto de soberanía europea dentro del concierto de las fuerzas mundiales. Vamos a pensar en voz alta: quizá si Obama hiciera algún gesto de flexibilización, Europa tomaría ese camino.

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