domingo, 26 de septiembre de 2010

POESÍA PARA ESE ALBAÑIL


A este albañil
de escuela inconclusa
le basta su alfabeto elemental
para alzar paredes,
casas,
el mundo a ladrillazos
y acusar
con dedos anchos
a todos
a todos los dueños
de ese mundo edificado siempre para otros.

Este albañil
conoce a destajo el desarraigo
tempranamente alumbrado,
conoce
la sal verdadera que brota de la espina
bajo soles capataces
y se sabe
la rabia señorial sobre su lomo
en todas las variantes.
Es que es éste
un hombre
de lo más común.

A este albañil
de ojos del agua
no le inventaremos una épica
porque él se la fue cimentando
de madrugada
en su ayuno rutinario de palear arenas
ventear cementos
encaramarse andamios.

A este albañil le decimos Jorge o Julio o Juan,
y es que su cara se replica en muchas otras
y sus dedos gruesos son los mismos
que hacen el mundo.
Y sin este albañil nuestro
que es todos o cualquiera
entonces quién,
quién,
quién hará los muros
o las casas
o los mundos.

Porque es hora de decirlo:
si Julio no está,
si no nos lo devuelven,
si ya no están los albañiles,
entonces
ya no hay muro,
ya no hay casa,
ya no hay mundo.

Juan Arenas

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