domingo, 12 de septiembre de 2010

LIBROS, CARTÓN Y TIJERAS




Nuestro trabajo consiste en transformar ese cartón en los libros de literatura latinoamericana más lindos del mundo, y que puedan llegar a nuestros lectores al precio más económico posible.

Hola Amigos! Mi nombre es Alejandro y soy un trabajador de Eloísa Cartonera, la editorial más colorinche del mundo.
Para quienes no sepan qué es Eloísa les puedo contar que se trata de un lugar bastante especial. Somos una cooperativa editorial independiente y autogestionada ubicada en el Barrio de La Boca, donde tenemos nuestro taller “No Hay Cuchillo sin Rosas”. Ahí nos dedicamos a fabricar libros con el cartón que la gente tira a la basura. Sí, tal como lo oyen, el mismo cartón que está en las calles, afuera de los supermercados, que sobresale de los tachos y que recogen los cartoneros en sus carros.
Nuestro trabajo consiste en transformar ese cartón en los libros de literatura latinoamericana más lindos del mundo, y que puedan llegar a nuestros lectores al precio más económico posible. ¿Cómo lo hacemos?
Nosotros compramos el cartón a los cartoneros de manera directa en la calle y les pagamos un precio mayor que el que generalmente pueden obtener en los depósitos de acopio. Para que se hagan una idea, los depósitos les dan $ 0,15 por kilo y nosotros les pagamos $ 0,25 la caja.
Ellos nos traen el mejor cartón que se pueda conseguir: colorido, seco y resistente. Después a ese cartón lo cortamos y doblamos para, posteriormente, pegarles los interiores de libros, que son pintados a mano uno por uno. Por eso cada libro es un ejemplar único y especial. Después son distribuidos en librerías, ferias regionales, recitales, marchas y en cualquier lugar en donde sea posible tener contacto directo con la gente, además de nuestro taller.
La idea de esto es generar una mano de obra genuina, al remplazar la función de las máquinas por trabajo manual. De esta manera, el trabajo está en manos de las personas, lo cual es muy valioso en varios sentidos. Primero, porque al prescindir de las máquinas pueden trabajar más compañeros, seundo porque el libro tiene un valor especial al ser hecho de manera artesanal y, por último, porque ponemos mucho amor en cada uno. Así, el trabajo se transforma en una herramienta liberadora, ya que nos permite aprender cada día algo nuevo y no es visto sólo como un medio de sobrevivencia o para obtener dinero.
Los libros de Eloísa son un universo heterogéneo y colorido, en el que conviven los más diversos estilos y autores. Podemos encontrar a grandes escritores como Ricardo Piglia, César Aira, Tomás Eloy Martínez, Fogwill, Enrique Lihn, Mario Bellatin, Luis Luchi, José Emilio Pacheco, Fabián Casas, Diana Bellesi, Pedro Lemebel, entre otros. Los escritores generosamente nos ceden un permiso para publicar sus obras como una forma de colaborar con el proyecto, lo cual nos permite contar con un catálogo muy bueno con muchas primeras ediciones.
La premisa de la editorial es difundir la literatura Latinoamericana contemporánea, como una forma de dar a conocer la cultura de nuestros países y escapar al discurso imperante en el mercado a través de la difusión de material inédito, vanguardista y de culto. Es así que hasta la fecha hemos podido editar casi 200 títulos con las más variadas historias y distintos géneros como novela, cuento, poesía, teatro, ensayo, crónica y libros infantiles.
La historia de Eloísa se remonta al año 2003 cuando empezamos a editar los libros cartoneros como una forma de responder a la falta de recursos producto de la crisis. Publicar un libro era un proceso caro y difícil, así que decidimos transformar la precariedad en un aliciente y no en un impedimento, utilizando los medios que teníamos a mano.
Como nunca habíamos montado una editorial tuvimos que aprenderlo todo: a diseñar, corregir, encuadernar, pintar, distribuir, vender, etc. Pero lo realmente importante es que aprendimos a trabajar de manera colectiva y a poner todo nuestro esfuerzo para un fin común.
Este aprendizaje no es fácil, se va adquiriendo día tras día, a través del trabajo conjunto con los compañeros. Y es que nuestra educación nos enseña que debemos ser individualistas y que nuestro bienestar se basa tan sólo en el dinero que podamos ganar.
Estar en una cooperativa, más allá de ser una manera de encarar la producción y el trabajo, exige de nosotros mucho más como personas, impulsándonos a olvidar nuestro egoísmo y pensar en el bien común antes que en el beneficio personal. El camino no es fácil, pero me parece que vale la pena recorrerlo, ya que nos permite ser libres, independientes y dueños de nuestro trabajo.
Por suerte, ya no estamos solos. Desde hace un par de años han aparecido una gran cantidad de proyectos similares en diferentes lugares del mundo: Brasil, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Ecuador, México, Paraguay, Alemania, España, Finlandia ¡y Mozambique! Ya cuentan con sus propias editoriales cartoneras, un fenómeno fuera de todo cálculo y que es objeto de estudio en las universidades estadounidenses y europeas.
Es una gran alegría saber que Eloísa fue la inspiración para que otras personas pudieran descubrir el camino de la autogestión como medio de expresión y de organización. Más allá de editar nuestros libros, tratamos de proponer e inculcar valores como la solidaridad, el compañerismo y el trabajo como medio de transformación social.
Una de las cosas lindas de pertenecer a la cooperativa es el hecho de estar constantemente aprendiendo cosas nuevas y darnos cuenta que no es necesario ser un superdotado o un gran artista para poder crear. Desde nuestro humilde lugar tratamos de desacralizar el concepto de arte y dejar de verlo como algo lejano y excluyente.
Nuestra noción de arte está bastante alejada de la academia y más cercana a la espontaneidad de la cultura popular, de la cual venimos y nos nutrimos. Hemos descubierto que el arte, y en particular la edición de libros, puede ser un medio y no tan solo un fin, el camino para muchas otras cosas importantes.
Hace poco compramos un pequeño terreno en Florencio Varela como una manera de hacer crecer la cooperativa y seguir explorando nuestras posibilidades. La idea es empezar a trabajar la tierra, transformarnos en productores agrícolas y poder sumar nuevos compañeros. Así como antes tuvimos que aprender a levantar una editorial y fabricar libros, ahora tendremos que aprender esta nueva faceta de nuestro trabajo. Si todo sale bien, con el tiempo podremos tener una casa-taller que funcione como centro cultural y un lugar para aprender oficios, que funcione como un lugar abierto a la comunidad.
Afortunadamente en todo este tiempo hemos podido cumplir algunos de nuestros sueños. Esperamos en el futuro podamos seguir trabajando como lo hemos hecho hasta ahora y contar con el apoyo y el cariño de todos nuestros lectores y amigos.







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