miércoles, 19 de enero de 2011

"PARA SER UN BUEN MURGUERO HAY QUE SER UN BUEN AMIGO"




Falta y Resto, la banda de murga más importante de Uruguay festeja 30 años de historia. Su líder, Raúl Castro, explica por qué es tan importante jerarquizar el Carnaval.

Raúl Castro es, antes que nada, un hombre que habla con propiedad. Cada palabra suya tiene el peso de los que hablan sin frivolidad ni dobleces. Aunque, eso sí, con mucho humor. Si alguien confunde el tono grave del legendario líder de Falta y Resto, la banda de murga más importante de los últimos 30 años, con solemnidad, es porque todavía no entró en sintonía con esa mirada tragicómica que tiene la tradición rioplatense de referirse al mundo, pero sin perder la gracia del habla popular. En conversación con Tiempo Argentino, Raúl “Tintabrava” Castro ahonda en la ética del buen murguero, recuerda al legendario Canario Luna y, como no podía ser de otra manera, se desapacha a gusto acerca de la renovada situación política que vive su Uruguay y, por ende, la región.
“Creo que estamos viviendo en un proceso de democratización latinoamericana, en el cual Argentina es uno de sus buques más importantes. La mayoría del continente se está expresando de una manera claramente diferente a lo que pasó en los ’90: la gente está cada vez más comprometida con la política”, dice antes de volver a cruzar el charco por los 30 años de este grupo que dio voz y cuerpo a himnos rioplatenses como “Brindis por Pierrot” o “Adiós Juventud” (ambos originales de Jaime Roos) y difundió mejor que nadie los ritos, colores y ritmos de la murga en carnaval. Su festividad específica.

–Este año, por primera vez desde el ’76, el Gobierno dispuso que vuelvan los feriados nacionales por carnaval. ¿Cómo tomaron la medida?
–Nos pareció excelente. Porque el Carnaval es una de las manifestaciones de cultura popular más importantes que tiene el hombre en todos los países. Es bueno jerarquizarlo. Es darle a la gente la oportunidad de reírse de sí misma y de la sociedad en que vive y que discuta lo que hace. No de manera intelecutal, sino en la práctica. Con hechos. Eso me parece lo más beneficioso del Carnaval: producir cultura en la gente.
–¿Y por qué pensás que se tardó tanto en tomar una medida de este tipo?
–Porque se le tenía un poco de miedo al pueblo. Este gobierno, en cambio, se dio cuenta de que el Carnaval es una cosa sustancial. Pero ojo: creo que todavía faltan aún más lugares donde expresarse. Más tablados. Porque la Argentina tiene mucha identidad. Pero faltan espacios como los que tenemos nosotros en Montevideo para expresarnos.
–La Falta y Resto nació cantando contra la dictadura, ¿contra qué cosas puede cantar una murga hoy?
–Uf, contra muchas cosas. Contra la hipocresía de la propia izquierda, contra la violencia doméstica, contra las encuestas de opinión pública, contra los conservadores, esos tipos que no tienen ideología ni bandera, no son de izquierda ni derecha, van pa’trás siempre.
–Recién nombrabas a la izquierda hipócrita. ¿En qué ejemplos la ves?
–(Recita): “Tenemos que ayudar a los carenciados/ pero que no nos toquen la billetera// tenemos que apoyar a los marginales, pero que no nos toquen la billetera”. Para nosotros esos son los hipócritas de izquierda.
–Algunos piensan que la murga, como todo arte popular, es fácil. ¿Es así?
–Es fácil si la hacés fácil, pero no siempre pasa eso. Porque no te podés poner en intelectual. La murga es profundamente popular en Uruguay, hace más de 100 años que existe, entonces se hace muy difícil hacer cosas novedosas dentro del género que asombren y a la vez gusten a todos, desde los hogares más humildes hasta los más cultos. Yo tengo la suerte de decir que en mi pueblo a los lugares adonde voy me saluda el cuidacoche, el portero del boliche, la gente que ocupa los lugares más humildes de la sociedad. Y eso es un orgullo muy grande, porque uno come cuatro veces por día pero habla en nombre de los que no. Picasso decía: “Para pintar como un impresionista estuve diez años, para pintar como yo, toda la vida.” Tratar de desentrañar la simpleza es muy difícil.
–Si mañana viniera un japonés y te preguntara cuáles son los códigos del buen murguero, su sabiduría, ¿qué le dirías?
–No tiene por qué ser japonés, puede ser argentino nomás (risas). El código del buen murguero es hacer de la amistad su máximo tesoro. Para ser un buen murguista hay que ser un buen amigo. Si no sabés ser amigo, tenés vuelo corto en la murga. Después, hay que cantar lo mejor posible, claro. Aunque no necesitás ser Pavarotti (risas).
–A mediados de los noventa el grupo corrió peligro de separarse. ¿Cómo fue ese momento?
–Corrió peligro por las peleas que veníamos teniendo, que eran muy bravas. Pero ahí apareció la figura de Felipe, mi hijo mayor, que es un caballo bravo y se puso La Falta al hombro y nos ayudó al mango e hizo que recuperara la confianza en mí mismo. Me di cuenta de todo lo que pude hacer un hijo por su padre cuando lo han criado con amor. Y yo le agradezco mucho ese momento.
–¿Te imaginás una vida sin murga? ¿cómo sería?
–Seguramente seguiría siendo solista porque me gusta mucho crear canciones. Pero no me imagino. Es tan lindo lo que se vive en el grupo con los viajes y la gente que se va sumando que no lo puedo ni pensar. Porque la murga te educa culturalmente y cívicamente. Te enseña a compartir, a aceptar y entender ideas del otro. Multiplica tu sabiduría y divide tu tristeza.
–Falta y Resto es el grupo de murga más reconocido y más respetado de este lado del Río de la Plata, ¿qué relación tienen con las bandas locales? ¿Perciben su influencia sobre ellas?
–Es al revés. Nosotros a las bandas argentinas las admiramos mucho porque cuando empezamos a ir para allá, a mediados de los ochenta, descubrimos que el pueblo argentino tiene un cariño brutal por los uruguayos, primero, y tiene un gran respeto por la cultura uruguaya, después. La verdad, ustedes se saben todo del Uruguay. Al mismo tiempo, descubrimos que en la Argentina hay muchas más cosas de las que aparecen en los medios. Y ahí fue cuando empezamos a mixturar y a colaborar con bandas como Bersuit, pero también otras más pequeñas, de pueblos adonde hemos ido y grabado. Y la experiencia fue espectacular.
–Cumplieron 30 años. ¿Qué le queda por hacer a La Falta?
–Las metas políticas de la gente. Lograr un país más justo, mejor. Una América Latina más unida, más cercana a la justicia y la equidad. Eso nos queda por cumplir. Y me parece que nos vamos a morir antes (risas). Pero vamos a seguir trabajando para cumplir esa utopía. <


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