viernes, 7 de octubre de 2011

PÍLDORAS PARA REIR CON GANAS



Quiénes son los clowns de la ONG Alegría Intensiva, que recorren todos los martes las salas del Hospital Garrahan con un espectáculo que aleja todos los fantasmas de las enfermedades y hace sonreír a chicos y a grandes por igual.


Por Nicolás Anguita.


Son las 10.05 de la mañana, es martes y la sala de espera amarilla del Hospital Nacional de Pediatría Garrahan está atestada de gente. Los padres esperan su turno, número en mano, mientras los niños miran Disney Channel en algún televisor, arropados por demás por los casi cero grados que hace en la calle. La Dra. Carlota irrumpe en la sala desde una rampa que proviene de la planta baja al grito de “¡Cuidado, cuidado, que acá vengo yo!”. Corre por el pasillo con otros cuatro doctores tratando de imitar a una bailarina, lo hace con movimientos torpes. El Dr. Riten salta por encima la primera fila de butacas y se para arriba de una de ellas. La Dra. Marta desfila en círculos con los brazos abiertos hasta que se abraza a una madre. Nadie tiene idea de lo que va a suceder. No hay libreto. Lo que sí saben es que, como artistas clown profesionales de la organización Alegría Intensiva, de algo se van a agarrar para jugar, divertirse y divertir a su público con sus narices rojas puestas y sus guardapolvos desabrochados sobre sus trajes coloridos.Alegría Intensiva fue creada co­mo ONG el 6 de junio de 2008. Des­de entonces, todos los martes en el Garrahan estos clowns animan la estadía de niños que acuden de todas partes del país, tanto a los consultorios y guardias como aquellos que permanecen en estado de internación. También hacen intervenciones lúdicas en el Hospital Gutiérrez y en el Sor María Ludovica de La Plata.El proyecto nació en el encuentro de las experiencias de sus fundadores, los doctores Andrés Kogan y Mariano Rozemberg. Kogan, que además trabajaba como maestro jardinero, empezó a usar títeres y cantarle canciones a una paciente que lloraba y gritaba de miedo cada vez que se acercaba con una jeringa, con lo que de a poco fue quebrando esa distancia. Rozemberg, en un viaje a Brasil, tuvo oportunidad de conocer el trabajo de los payasos de hospital en la ciudad de San Pablo. Una vez elaborada la idea y la decisión de desarrollar ese modelo en Argentina, convocaron a Irene Sexer como directora artística, clown profesional con más de diez años de trayectoria (la Dra. Marta), para que armara un staff fijo de cinco payasos. Hoy, el plan es sumar más artistas para expandir el proyecto a cada vez más hospitales. Para Kogan el objetivo principal es “liderar el proceso de transformación del paradigma de la internación en pediatría, a partir del cual todos los servicios pediátricos cuenten con un servicio de payasos de hospital”.Ya en la sala de espera del sector violeta, la Dra. Carlota, con el sombrerito de costado, los anteojos de marco negro y los labios bañados en un rojo brillante, reparte números entre los payasos. “Cuarenta y cuatro”, dice con altanería. “Vengo a que me miren los pies, los tengo un poco torcidos y erro todos los penales”, dice el Dr. Riten. “Vaya y hable con aquel que tiene cara de futbolista”, a lo que el cara de futbolista se muere de vergüenza cuando el doctor de barba colorada y sombrerito de marinero antiguo se acerca corriendo a pedirle un autógrafo: “¡Yo te conozco, vos sos el centro forguar de Platense!”. Lo abraza, se le sube a upa y tanto grandes como chicos estallan en carcajadas. “Cuarenta y cinco”, sigue. “Yo vengo a que me hagan un baño de crema en el pelo que hoy tengo una fiesta de quince en el club house del country”, dice con aires paquetes la Dra. Estela. “Se nos acabaron los baños de crema. No hay más”, responde cortante Carlota. “Me mueeeero, no puedo ir con este pelo”, retruca Estela y revolea las mechas. “Bueno, vaya a darse una vuelta por el hospital a ver si se consigue un novio que le ponga una peluquería, acá estamos ocupados en cosas menos importantes”, remata Carlota.






El tête à tête.






A las 10.55 ya pasaron las dos salas de espera y los payasos se toman un descanso. En el buffet, los directores de Alegría Intensiva los esperan tomando un café con leche con medialunas. “Se armó lindo, nos divertimos”, dice Irene Sexer, ya sin nariz. Es el momento de las cuestiones organizativas: quién va a La Plata, quién va al programa de Leo Montero y Verónica Lozano, qué pasante viene a practicar el martes que viene.Alegría Intensiva no recibe ninguna subvención del Estado. Se financian con algunos sponsors que apoyan la movida y tres programas más que ayudan a generar recursos para financiar la visita a los hospitales: uno son los eventos especiales, como el del Día del Niño, de La Familia, Navidad o fin de año en el hospital; otro es la obra de tea­tro Una historia para no dormir, espectáculo dirigido por Mariana Briski y protagonizado por los cinco artistas del staff (que participó de Festival Internacional de Circo de BA y cada tanto se reestrena en la calle Corrientes); por último, Clowns in company, una propuesta para empresas donde, mediante la intervención sorpresiva y disparatada de los payasos, se logra romper rutinas, modificar climas de trabajo, facilitar dinámicas grupales y fortalecer lazos, siempre alineados con las políticas del sector de RR.HH.




Permiso.






En la sala de enfermeras del CIM 32, el sector de internación de Cuidados Intermedios Moderados, las agujas del reloj marcan las 11.32. Los cinco doctores se lavan bien las manos y se dividen en dos grupos. Al salir al pasillo saludan a la doctora a cargo del sector y ella devuelve con una gran sonrisa. Marta se asoma por la ventana de una habitación: “Empecemos por ésta, que está la nena que la semana pasada le dejamos el perrito imaginario para que lo cuide”, sugiere entusiasmada. Riten y Estela pasan la primera puerta con ella y los tres se ponen alcohol en gel mientras miran, sonríen y saludan para tantear el clima y el estado de ánimo de la nena, su madre y los padres de una beba conectada a un suero que duerme en la cama de al lado. Al entrar, se pide permiso con el cuerpo y la mirada, es un tanteo que invita a jugar un rato, siempre y cuando haya ganas del otro lado. “A ver, Dr. Riten, no se habrá olvidado la cámara de fotos que me tengo que sacar una foto con una amiga que tengo acá”, entra haciéndose la distraída. Sabrina, de tres años, pelo rapado y unos cachetes enormes, mira para abajo y todavía no quiere hacer contacto visual. Riten abre su maletín y entre un flautín, una banana y varios cachivaches, extrae una cámara antigua que heredó de su abuelo, que no mide más que un dedo suyo: “Sí, acá está”. Marta rompe el hielo y mira a Sabrina de golpe: “¡Ohhh, mi amiga acá está! ¿Como le va hoy? ¿Y el perrito que le dejé la semana pasada?”. La nena sonríe pero no habla y sigue con la mirada baja. “Para mí que lo escondió debajo de la cama”, dice Estela. Recién después de un minuto Sabrina rompe el silencio: “El perrito lo tuve que dejar porque hacía mucho bochinche y podía despertar al bebé”. Los tres payasos contienen la risa como pueden. “¿Y con quién se quedó?”. “Con una novia que tenía”, responde ella.Después, los payasos visitan casi 20 habitaciones entre el CIM 32 y el CIM 41. A medida que salen, entran y se cruzan en los pasillos, se los ve divirtiéndose como niños a ellos mismos, haciendo chistes, cantando canciones. Como decía Irene Sexer en el desayuno: “El clown tiene esa capacidad, cuando se pone la nariz, de lograr un estado en el que el código del juego es igual al de un niño, por eso es posible entrar y jugar en una situación así. Además, ellos no pierden su capacidad de juego a pesar de estar pasando por una situación traumática. La tarea que hacemos nosotros es transformar la realidad de una forma lúdica, para mejorar el día a día de la internación hospitalaria”.






• Más información: www.ale­griain­tensiva.org.ar

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