lunes, 17 de octubre de 2011

"RANDY RHOADS ME DIÓ UN PROPÓSITO DE VIDA"



Con los relanzamientos de “Blizzard of Ozz” y “Diary of A Madman”, Ozzy Osbourne, el Príncipe de las tinieblas, recuerda sus inicios como solista y le vuelve a dar crédito al guitarrista que lo iluminó.


Por Rob Fitzpatrick.


Ozzy Osbourne está sentado afuera, en el patio de su hermosa propiedad en Berkshire. En una columna del centro de la cocina hay un pedazo de papel con una lista de las cosas que Ozzy tiene que hacer hoy. Hay, por lo menos, unas 15 entrevistas. La mayoría, con emisoras de radio. No se puede dejar de temer que la mayoría, si no todos, en algún momento aludirán a los chalados rockeros borrachos que persiguen un mamífero volador. Sentir lástima por un millonario con un jardín parquizado del tamaño de un suburbio decente de Londres es decididamente extraño, pero igualmente uno la termina sintiendo siente.
En 2011, John Michael Osbourne es famoso universalmente. Pero en 1979 su banda, Black Sabbath, parecía haber llegado al final del camino. “Nunca sabíamos qué había pasado entre un día y otro”, admite devorándose una mini salchicha. “Tratamos de manejarnos solos por un tiempo, pero no salíamos del maldito bar. Estábamos hartos unos de otros -tampoco tenés ganas de estar con tu mujer todo el día aunque te hayas casado con ella- y ninguno quería arrastrar para siempre esa estupidez de la magia negra, así es que intentamos modernizarnos un poco. Pero uno siempre queda pegado a lo que conoce mejor”.
A fines de los ‘70, Black Sabbath sacó un par de discos flojos en los que “intentaron modernizarse un poco”. Estos fueron Technical Ecstasy y Never Say Die . Y en 1979 a Osbourne lo echaron de la propia banda. Se pasó los siguientes tres meses en el hotel Le Parc, en Los Angeles, con las cortinas bajas y su dealer de visita diaria. Se le asignó a Sharon Arden, la manager de Sabbath de ese entonces, hija del legendario empresario Don Arden, la tarea de mantener a Ozzy lo suficientemente entero como para que compusiera temas nuevos. Se transformó en su manager a tiempo completo y, después, en su mujer.
Mientras estaba en Los Angeles preparándose para entrar a estudio, Osbourne contrató un agente local para buscar músicos. Un bajista, Dana Strum de la banda Slaughter, que vino a una audición, habló muy bien de un guitarrista que conocía y que tocaba en Quiet Riot: Randy Rhoads. “No paraba de decir maravillas de este chico, como si fuera Jesucristo”, dice Ozzy. “Yo estaba fumado y pasado de droga y sólo quería volver a casa, pero él insistía en que tenía que ver a este tipo. Así es que vino Randy, 1,58, y tan delgado que parecía una señorita. Cuando tocó me dije, ‘O es lo más impresionante que jamás haya visto o realmente es el mejor guitarrista del mundo’”.
A las pocas semanas, Rhoads, un guitarrista clásico y un teórico, cuya madre era dueña de una célebre escuela de música, estaba viviendo con Osbourne en Inglaterra, al tiempo que escribía y grababa demos como parte de su nueva banda. Nadie realmente creyó que el primer álbum solista de Ozzy se iba a vender tan bien. La Warner Bros primero había rechazado todo el material solista. Los ejecutivos escucharon los demos y los rechazaron (el presidente del sello, Mo Ostin, le escribió una nota que empezaba así: “Un buen intento, pero vamos a tener que obviarlo”.) Tampoco impresionaron a EMI. Sin embargo, Sharon tenía un as debajo de la manga: su padre también era dueño de Jet Records. Fue allí que Ozzy editó su primer disco solista. Jet cosechó debidamente su recompensa cuando después de un comienzo contundente, Blizzard of Ozz vendió 6 millones de copias. Menos de un año después vino otro LP, Diary of a Madman . Los programas de MTV empezaban a pasar videos de éstas bandas que nadie antes había logrado ver, y los emitía a miles de hogares. “MTV tuvo un impacto descomunal”, dice Ozzy. “Pasamos de vender un millón de copias a 20 millones, y eso significaba mucha guita. Había mucha coima, mucha ganancia y cenas y compra de cocaína, pero para nosotros todo cambió. Esos dos primeros años fueron increíbles”.
En marzo de 1982, Osbourne y Rhoads iban a Florida a tocar en un show espectacular con UFO y Foreigner. “Randy sentía algo especial esa noche”, dice Osbourne. “Yo estaba tomándome un gin y él estaba escribiendo música y en un momento levantó la vista y dijo que quería irse a la Universidad. Le dije, ‘¿Para qué diablos querés hacer eso? ¡Estamos abriendo caminos! ¡Seguí así y te vas a comprar la Universidad!’ Pero él quería una licenciatura en música clásica”.
A la mañana siguiente, temprano, el piloto del grupo, Andrew Aycock, entró al hangar privado donde guardaba su pequeño avión Beechcraft. Primero llevó al manager de gira y al tecladista de Osbourne, Don Airey, a dar un paseo. Luego subieron Rhoads y Rachel Youngblood, amiga íntima de Sharon. Ambos odiaban volar. A las 10:30 AM, el avión Aycock cayó recortando el micro de gira estacionado y se estrelló contra los dormitorios superiores y el garaje de la mansión donde la gente había dormido. Los testigos describieron ese momento del impacto como “la explosión de una bomba”. Los restos de Rhoads fueron encontrados sobre un auto incendiado. Tenía apenas 25 años.
“Me llevó mucho tiempo superar su muerte”, dice Ozzy. “Desde entonces tomo una dosis baja de antidepresivos. Randy me dio un propósito, me dio esperanzas. Yo estaba harto de pelear con la gente. Tenía el mayor de los respetos por él”.
Osbourne y Rhoads sólo trabajaron juntos 28 meses, pero los dos discos que hicieron no han dejado de estar presentes para Osbourne. Pide un vaso de agua. El sol se está escondiendo entre los árboles de la colina detrás de su casa. Dice: “Ahora cuando escucho esos dos discos siento la buena vibra. La música de rock no tiene que ser perfecta. A Randy le encantaba escuchar sus dedos deslizándose de arriba a abajo por las cuerdas. Hoy en día todos pueden hacer cualquier cosa, es pura tecnología. ¡Todos te quieren dar un consejo!”.
Pero no a vos, le digo. ¿Quién le va a dar un consejo a Ozzy Osbourne? “¡A quién se le puede ocurrir!”, grita. “¡Estoy casado con mi manager!”.



Traducción: Cecilia Benítez






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