jueves, 17 de febrero de 2011

ARMA DE FUEGO


Por qué aumentan los casos de mujeres quemadas por sus parejas. Desde febrero de 2010, cuando murió Wanda Taddei, la modalidad se repitió en 26 casos, de los que 13 acabaron en muerte. Las razones de un ataque horroroso. La teoría del copycat.

Por Raquel Roberti y Deborah Maniowicz


Yo era un chico muy decente, ella era una prostituta / ya no usará la cama, ahora duerme en una tumba (…) / no quiero que con su sangre puedas escribir mentiras / la maté porque la amaba, la maté porque era mía”, dicen diversas estrofas de la canción “La maté porque era mía” del grupo vasco Platero y tú. Mucho antes, Julio Navarrine graficó algo similar en el tango “A la luz del candil”: “…me traicionaban / y los maté a los dos (…) / Las pruebas de la infamia / las traigo en la maleta: / ¡las trenzas de mi china / y el corazón de él!”. La idea de que la mujer es un objeto cuya posesión indiscutible es del hombre está arraigada en la sociedad desde hace años. Golpes, maltrato verbal y muerte son las formas que los hombres adoptan para “castigar” a sus posesiones. Durante el año pasado, 260 mujeres fueron asesinadas como consecuencia de esa concepción, un 12,5 por ciento más que en 2009. Y desde que Eduardo Vázquez, ex baterista de Callejeros, mató a su esposa Wanda Taddei prendiéndole fuego, la modalidad se extendió: otras 26 mujeres fueron quemadas por sus parejas: 13 de ellas murieron.“Que otro lo haya hecho antes, le quita gravedad al acto, le borra una parte del tabú y lo banaliza. Son delitos copycat, se busca la modalidad y se hace”, considera Enrique De Rosa, psiquiatra forense y docente de psicología y medicina psiquiátrica de la UBA. Copycat es el imitador de un asesino famoso: mata con el mismo método. En este caso, la supuesta fama alcanzada por Vázquez es el elemento motivador, a tal punto que después del ataque a su esposa, el servicio telefónico del Programa de asistencia a mujeres víctimas de violencia de la Provincia de Buenos Aires, registró un aumento de una amenaza concreta: “Te voy a quemar como a Wanda”. Para el especialista, prender fuego a una persona es “un acto premeditado que no responde a la estructura de emoción violenta, como la que presentan hombres que matan a puñaladas, a tiros, o empujan por el balcón. Tienen que ir a comprar combustible o buscarlo en la casa, rociarlo sobre el cuerpo, arrojarle un fósforo para encenderlo… No es gente que pierde la capacidad de comprensión”.La psicóloga forense Ana María Cabanillas, en cambio, señala que “a veces es premeditado y a veces no. La acción surge de una situación de macro violencia y es un exponente de la destrucción del otro, la persona aparentemente amada. En este caso hay una ola de estimulación a hacer determinada cosa, una imitación desde lo social”.Los números parecen confirmar los dichos de Cabanillas: en 2009 fueron diez las mujeres que murieron quemadas por sus parejas; en 2010 la modalidad creció un diez por ciento (se registraron once muertes) y en los dos primeros meses de 2011 ya hay seis ataques similares, de los que cuatro sucedieron en los últimos diez días (tres muertes). Las estadísticas recopiladas por organizaciones de la sociedad civil –no hay a nivel oficial– indican que en muchos de esos casos, las mujeres habían denunciado con anterioridad a sus parejas por maltrato.Haydée Birgin, socióloga e investigadora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), comentó que en la investigación que realiza sobre los expedientes de violencia incorporados en los tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, notó “que están tomadas todas las medidas de protección por parte de los jueces de familia. Lo que falta es apoyo objetivo real. La violencia no es un tema de leyes ni de psicoterapeutas y no hay instituciones de apoyo y seguimiento, entonces las mujeres desaparecen después de las denuncias”.Esa desaparición obedece no sólo a la falta de asociaciones de apoyo: también a no poder romper con el círculo de violencia, que llega a considerarse como una variante “natural” de la relación, que comenzó con violencia verbal y psicológica, celos desmedidos, control de actividades, y derivó en violencia física.Los sujetos que la ejercen, para De Rosa, “no pueden elaborar una instancia intermedia entre el pensamiento y la acción. Quieren hacer desaparecer al otro, con algo que es tan terminante como el fuego. No es sólo un hombre violento como el que pega o maltrata: por un lado, está el deseo de destrucción, y por el otro, simbólicamente, el intento de purificación. El fuego limpia los pecados”. De cualquier tipo, reales o imaginarios.Una idea que ejemplifica el dicho “poner las manos en el fuego” por alguien: la fidelidad de esa persona logrará que quien lo haga no se queme. En el caso de las parejas, dice De Rosa, implica que “si se queda conmigo aun quemada es una prueba de fidelidad y amor”. Para el especialista, los hombres que apelan al fuego “suelen tener pocos recursos cognitivos. Tienen inteligencia formal pero no pueden manejar las variables emocionales. En general, están frustrados laboralmente y es muy probable que sean recientes desocupados”. Terminar con el femicidio es una de las deudas que la sociedad mantiene con sus integrantes, por eso De Rosa afirma que “es necesario trabajar en la prevención de la violencia. Se puede detectar tempranamente y asistir como si fuera una real enfermedad: ‘Trastorno en el control de los impulsos’. Hay que actuar preventivamente”. Sobre todo, porque la no violencia también se aprende.Para recibir ayuda: en la Ciudad, Dirección General de la Mujer: 0800-666-8537;Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 4370-4600 internos 4510 al 4514. En la provincia de Buenos Aires: 0800-555-0137.

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