jueves, 17 de febrero de 2011

"HABLAR DE REGRESO ES BOSTALGIA"


Fundador del rock nacional, admirado por todos, Javier Martínez ganó el premio Estrella de Mar. La fórmula para rockear a los 65: “Menos whisky y más yoga”.


Por Lucas Cremades


Aunque parezca un alquimista que permanentemente intenta transmutar en canciones el ritmo inconfundible de su batería y el sonido de sus versos, Javier Martínez es uno de los músicos fundacionales del rock argentino. Un voluntarioso, un baterista que lee música y un músico que se pone a pensar a la hora de escribir canciones. A sus 65 años, Martínez existe sin mirar atrás. Lo hecho hasta acá es sólo un motivo para seguir tocando. Sin parar.Recluido en su casa de Ranelagh, el ex Manal no esconde sus ganas de mantenerse en el más absoluto de los hermetismos. “Trato de no contagiarme con el veneno que irradian algunos músicos, intrusos o periodistas. Por eso prefiero estar en mi hogar el mayor tiempo posible. Ha llegado el tiempo de parar con los excesos. De interrumpir el whisky a la hora de ponerse a tocar”, dice a modo advertencia. Es que Martínez tiene motivos de sobra para referirse a este nuevo estadio de su vida. -¿Sólo es una cuestión de etapas cumplidas?–No. Simplemente decidí cuidar un poco más mi salud. Eso me hace sentir bien. Me reservo de comer comida chatarra y trato de alimentarme de la manera más sana posible. Eliminé considerablemente el número de asados y eso hace que me sienta con energías para tocar la batería. Antes tomaba mucho alcohol y hoy no elijo eso. Trato de buscar un equilibrio saludable y eso me hace sentirme muy bien. También medito, hago yoga. Si tuviera sobrepeso, me sería mucho más dificultoso llevar adelante mi banda. Tocar la batería requiere de mucha energía. Ese ejercicio me ha salvado durante todo estos años.Para Martínez, es tiempo de los reconocimientos a su perseverancia. Cuando presentó “Necesito un amor”, de Manal, en Vélez, Luis Alberto Spinetta dijo: “Las letras de Javier Martínez son las mejores. No quiero herir susceptibilidades, pero es lo que pienso. Para mí, siempre fue un ídolo.”–¿Cómo recibe esta clase de elogios?–Con muchísima alegría. Además de ser un amigo, Spinetta es un groso, un verdadero maestro. Pero por sobre todas las cosas, es un trabajador de la música, voluntarioso como yo. Durante muchos años les hemos puesto a nuestros discos mucho trabajo: horas y horas de ensayo, de estudio, de lecturas. Tanto cuando éramos jóvenes como ahora. Y eso, al momento de componer una canción, se nota. El reconocimiento está ahí. Pero tampoco me la puedo creer. No le doy bola a los egos. Martínez rescata ese reconocimiento que revaloriza su obra entera. Y no oculta todo su entusiasmo luego de haber recibido el Estrella de Mar por los ciclos musicales Manal Javier Martínez celebrados durante todo el 2010 en Mar del Plata, junto a los músicos Maxi Delli Carpini y Edgardo Palotta: “Este premio me da mucha felicidad. No sólo porque había gente muy importante como Valeria Lynch, Diego Torres, Spinetta y el Ciclo Maestros del Tango, sino porque fue algo que se fue dando. Toqué durante todo el invierno para los marplatenses. Para cuando llegó el verano, me dijeron que era el momento para que me escucharan los miles de turistas que van a pasar sus vacaciones”. Aquel verano caliente junto a Moris en la Villa Gesell de 1965, ha quedado atrás como los 19 años. Y aunque hoy el mítico Bar La Perla del Once lo encuentre tocando temas de Manal, a 40 años del nacimiento de la banda Martínez no reivindica el latigillo del regreso en pos de un posible y redituable negocio de reunir la legendaria formación junto a Alejandro Medina y Claudio Gabis. “Sólo se juntan los que están atrás del billete. Eso es un asco. No quiero saber nada con la nostalgia del pasado”, dice enojado.–Usted la definió como “bostalgia”. –Sí. La bostalgia es volver a hablar del regreso de Manal. Y no me interesa crear esa expectativa porque el repertorio de esa banda está latente en mi música, en mis shows. Yo no tengo la culpa si Claudio Gabis no pudo desprenderse de esa idea. Él fue el que rompió la vez que nos volvimos a juntar, en 1981. Ahora, que no venga a joder con lo que ya quedó atrás. El tono de voz cavernoso de Martínez cautiva. Como buen observador que es –y lo admite–, el lente de su prisma abarca más de cuatro décadas haciendo música. Esa contemplación permanente dio a luz al poeta de la calle que tanto le gusta ser.-¿La música actual tiene poca poesía?–Lamentablemente, sí. Los jóvenes leen muy poco. Hasta se jactan de no leer ni siquiera los diarios. Y la verdad es que eso es de una estupidez tremenda. La poesía no viene sola. Hay que ayudarla leyendo libros. Es necesario cultivarse. Una vez me junté con un músico al que no voy a nombrar para formar una banda nueva. Me invitó a cenar a su casa y la verdad es que fue una noche muy agradable. Todo iba bien. Hasta que se hizo tarde y me invitó a quedarme a dormir. Al momento de ir a descansar, le pregunté qué tenía para leer. El Gráfico, me contestó. Ahí supe que con ese tipo no iba a poder armar ninguna canción. La cosa no iba resultar. Lo mejor de mi inspiración lo sigo encontrando en la calle.Martínez se fue de la Argentina en 1973 rumbo a México para seguir tocando. El destino también lo paseó por Francia, donde vivió durante diez años. De aquella época a esta pasaron temas como “Una casa con diez pinos” y “Avellaneda Blues”. Sobre éste tema, el Indio Solari sostuvo : “Hay dos grandes pinturas del rock nacional. La que hizo Luca Prodan sobre el Abasto y `Avellaneda Blues´, que escribió Javier sobre Dock Sud”.Ese caminar por las calles es también una forma de mirar a la Argentina desde el lugar que más le sienta. “La dictadura fue una guerra civil. Y esta clase de conflictos demoran cien años en resolverse. Hoy la guerra civil española no está del todo asimilada. Mucho menos la terminamos de asimilar nosotros. Por algo la oposición política en este país es destructiva. A pesar de esto, lo que los argentinos debemos empezar a cuidar es nuestra identidad. Que es, en definitiva, la que nos representa y la que nos quieren venir a robar los de afuera”.

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