viernes, 11 de febrero de 2011

ESTÁN TODOS INVITADOS


El fenómeno de la música klezmer atraviesa fronteras. Lejos de la ortodoxia, el género trascendió las fiestas judías y hoy tiene hasta su propio festival. Cuatro bandas explican el éxito de la música que hace mover desde lo ancestral.


Por Bruno Lazzaro


Cuatro bandas, cuatro historias diferentes y un patrón en común: la música klezmer. Un género que nació en la tradición musical de la cultura judaica durante el siglo XV en Europa del Este, que se profundizó en la década del ’90 –con el suceso mundial del film Underground– de la mano del boom balcánico desarrollado por los internacionalmente reconocidos Goran Bregovic y Emir Kusturica, y que tomó gran dimensión en el país este año a través de agrupaciones como Babel Orkesta, La Gypsy, Shabatones y La Murga Klezmer, exponentes y promesas de un estilo tan festivo como dúctil.“Soy paisano, y el klezmer me sale de manera natural. Cuando ensayábamos en Once, en pleno ghetto, durante una zapada emergió de manera natural”, explica Zeta Yeyati –saxo soprano de la Babel–. A su lado, Pablo Maitia –banjo del mismo conjunto– confirma: “Es uno de los pilares de nuestra música”. La banda –cinco músicos y tres actores– nació hace tres años como una kermesse explosiva en la que conviven ritmos como el paso doble, el vals, el gypsy, la tarantela, el tango y el swing. Y este año realizó tres presentaciones en La Trastienda que los catapultaron al éxito popular.A la hora de las fotos, Zeta y Pablo proponen el juego musical y Martín Rur –saxo tenor de La Gipsy, sexteto que este año editó Cantina Klezmer, un disco en el que muestran su estilo característico con agregados de tango y balcánico–, Alejandro Pribluda –guitarra y voz del conjunto de ska jasídico Shabatones– y Víctor Murstein –director de La Murga Klezmer– se acoplan con facilidad. El escenario de la instantánea varía y ellos avanzan sin dejar de tocar. Desde los autos tocan bocina, y la gente al pasar sonríe mientras alguno que otro chista refugiado tras la ventana de una casa de Villa Crespo. Ya en un bar de esquina palermitana, los músicos analizan las claves de un género que crece y que será protagonista del “Tercer Encuentro Mundial de Música Klezmer”, del 18 al 23 de octubre en Buenos Aires, donde varios de ellos tocarán. Una movida presta a convertirse en fenómeno.“Está claro que hay una ola. Y está bueno que llame la atención porque somos el vehículo para que la gente festeje”, afirma Zeta, mientras que Martín asegura que el auge no es tan reciente: “La orquesta Kef empezó hace diez años, pero durante la crisis se dejaron de hacer fiestas privadas. Y ahora se fue armando algo que seguramente dentro de algunos años será más grande”–¿Hay público para tantas bandas nuevas? Zeta: –Público hay, lo importante es saber mostrar lo que uno hace. Babel no es una banda que solo se ciña al klezmer. Tenemos una propuesta artística y una identidad sonora que me llevó años encontrar porque cuando tocaba rock o blues no me sentía identificado. En Babel cada uno pone lo que tiene adentro.Martín: –De chico en mi casa no se escuchaba música klezmer, pero cuando comencé a descubrirla todo me sonaba, por más que sabía que estaba haciendo música nueva.Zeta: –Es información genética, que viene en la sangre y te nació de manera ancestral. Y la gente lo baila de manera ancestral, como nunca había bailado, como si estuvieran haciendo los pasos de moda sin responder a ninguna imagen televisiva.Alejandro: –Agarrándose las manos entre desconocidos. Con todo lo que eso significa.Zeta: –Claro, y ahí vos preguntás: ¿hace cuánto que no te agarrás de las manos con alguien que no conocés? Y lo más probable es que no ocurra desde la primaria.–Entonces, pasa a ser música integradora.Zeta: –Sí, por eso creo que estamos cumpliendo una misión social.Alejandro: –Con esta música hacemos bailar a chicos y ancianos de noventa años, que se caen y se levantan, porque es la música que llevan adentro.Víctor: –La gente estalla. Es muy difícil quedarse sentado cuando toca una banda de estas características.Los orígenes del klezmer se remontan a seis siglos atrás. Y sus intérpretes eran lo que hoy se entiende por músico callejero. “Eran nómades que llevaban instrumentos de fácil transporte y que se la pasaban tocando de fiesta en fiesta y de pueblo en pueblo, siempre preparados para rajarse cuando caía un pogrom”, cuenta Víctor. Para Pablo, su origen es aún más lejano. “Las raíces egipcias e hindúes son innegables. Los giros melódicos y las frases no tienen unicidad, sino un origen múltiple. Una música muy festiva y vehemente que está muy emparentada con otros estilos como el tango y el gypsy.” Zeta agrega que lo gitano también es un factor común fuerte “porque esta música es para tocar de manera descarada. No de etiqueta. La tenés que tocar como si estuvieras borracho. Y si no lo hacés así, a la gente no le pasa nada. Por eso tiene que ser bien gitano”.Ya lejos de ser un estilo sólo para ortodoxos, la música klezmer abandonó la exclusividad de los casamientos, los bar y bat mitzvá para ganar terreno en el circuito porteño. Sin embargo, esos eventos siguen siendo importantes para que los músicos puedan lograr la diferencia económica. “Por suerte los judíos arman flor de festejos y nos permiten tener un laburo seguro, porque está claro que con cortar tickets no nos alcanza –concluye Zeta–. Lo bueno es que en una ciudad cosmopolita como Buenos Aires podamos juntar a un alemán con un italiano y un moishe. Y ojalá que todo esto no se detenga.”

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